Las terrazas transitables se han convertido en uno de los recursos más potentes de los nuevos edificios cuando el objetivo ha sido devolver el espacio público a la ciudad. En contraposición a aquellos edificios que han ocupado el suelo y lo han privatizado, estas cubiertas accesibles permiten devolver esa superficie a la ciudadanía relacionando la vida urbana con el paisaje y la arquitectura.
Cuando, además, estas terrazas se integran en un entorno natural complejo, dejan de ser un simple añadido para convertirse en una prolongación del terreno con la capacidad de absorber los desniveles naturales existentes. En San Sebastián, el GOE (siglas de Gastronomy Open Ecosystem) persigue este concepto, transformando su cubierta en un paseo continuo que se eleva desde la ciudad hacia el monte.
Un edificio que libera el suelo
Concebido como un centro de investigación y experimentación culinaria, el GOE ha sido diseñado por BIG en colaboración con Bat Architecture para el Basque Culinary Centre. En su interior, el edificio reúne a chefs, investigadores, estudiantes y 'startups' bajo una misma estructura curva que se incrusta en la ladera del monte Ulia, en un solar con un desnivel cercano a los 10 metros.
Lejos de imponerse sobre el mismo, el GOE se entierra parcialmente en la pendiente y deja que su cubierta emerja como una topografía artificial. El resultado es un techo inclinado y transitable que asciende suavemente hacia el mar, generando una secuencia de terrazas verdes desde las que se puede observar tanto el paisaje como la actividad interior del centro a través de grandes superficies acristaladas.
El GOE está “concebido como una extensión arquitectónica del espectacular paisaje y el paisaje urbano de San Sebastián, nuestro diseño libera el suelo y ofrece parques en la azotea, invitando a la vida pública de la ciudad a participar en el arte y la ciencia de la gastronomía”, afirmó el estudio.
Esta idea de “liberar el suelo” fue clave en el proyecto: la planta baja se mantiene abierta y permeable, mientras que gran parte del espacio público se desplaza hacia arriba, colonizando la cubierta.
Por su parte, las terrazas funcionan como espacios de estancia, miradores y conexiones peatonales que enlazan con los recorridos del entorno. Desde la calle, una secuencia de plataformas escalonadas conduce al visitante hacia un camino posterior que bordea el edificio y permite acceder progresivamente a la azotea, integrándose en la red de paseos de la ciudad.
Gastronomía, paisaje y arquitectura
En el interior, el edificio se organiza en torno a una gran sala gastronómica central que actúa como columna vertebral del proyecto. Este espacio comienza como vestíbulo en la planta baja y va ascendiendo verticalmente hasta transformarse en una escalera monumental con gradas, pensada para acoger conferencias, presentaciones y eventos. A su alrededor se distribuyen cocinas, laboratorios y aulas, concebidos como espacios flexibles capaces de adaptarse a distintos formatos y necesidades.
Para el estudio, el diseño de este espacio “traduce la fuerza del paisaje de San Sebastián en una arquitectura fluida: un edificio que emerge del terreno, con un zócalo público, terrazas verdes y una escalera monumental que conecta el interior y el exterior”. La fachada acristalada refuerza esta continuidad visual, diluyendo los límites entre dentro y fuera y permitiendo que la actividad culinaria forme parte del espectáculo urbano.
Los materiales del GOE responden a esta doble condición pública y técnica. En las cocinas y áreas educativas predominan los acabados industriales, elegidos por criterios de higiene, durabilidad y mantenimiento. En cambio, los espacios accesibles al público, como el restaurante situado en la parte superior del edificio, incorporan madera y piedra para generar una atmósfera más cálida y cercana.
El paisajismo, aún en desarrollo, está pensado para reforzar la conexión entre el edificio y su entorno inmediato, especialmente con el Camino de Santiago, que discurre junto al solar. Esta relación añade una capa simbólica al proyecto, convirtiendo el centro en un punto de encuentro no solo para los profesionales de la gastronomía, sino también para los peregrinos y visitantes.
“Situado en el famoso Camino de Santiago, creemos que esta fusión arquitectónica de gastronomía y tecnología, ciudad y paisaje, edificio y parque tiene el potencial de convertirse en un destino por derecho propio para los peregrinos culinarios de todo el mundo”, señaló el estudio.
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