Niels Borh fue un físico danés, figura clave para entender la física cuántica. Basándose en las teorías de Ernest Rutherford (átomo de Rutherford), publicó su propio modelo atómico (modelo atómico de Bohr) en 1913, introduciendo la teoría de las órbitas cuantificadas, que en mecánica cuántica consiste en que en torno al núcleo atómico, el número de electrones en cada órbita aumenta desde el interior hacia el exterior.
Este cambio tan disruptivo descubierto por Bohr (que los electrones están en constante movimiento pueden estar en varios sitios a la vez, sin una fuerza que les empuje), puso en duda las tres leyes que Newton publicó en 1687 (las tres leyes de la mecánica) generó una gran controversia, incluso filosófica.
Tanto es así, que es conocida la disputa intelectual entre Einstein y Borh.
Einstein consideraba que el universo material era "local y real" y apuntaba a que nada puede superar la velocidad de la luz, mientras que lo real alude a que las cosas existen en una sola forma definida, un tiempo y un espacio determinado.
Bohr por su parte apelaba a la "función de onda" de las partículas subatómicas y al estado de "superposición" que pueden presentar estas. Por ejemplo, dos electrones podían estar en dos estados opuestos y extremadamente alejados a la vez y lo que ocurre con uno en determinado punto del universo es experimentado por el otro al otro extremo del universo.
Míticas son las frases de Einstein: “Dios no juega a los dados con el Universo”, para negar que la materia ordenada se deriva de un estado previo subyacente en el cual la materia está en permanente desorden o regida por el azar, como propone la mecánica cuántica, y “a mí me gusta pensar que la Luna aún sigue ahí, aunque no la mire”, haciendo alusión al hecho de que el estado o comportamiento de la materia sea la consecuencia directa del mero hecho de observarla.
Esto último dio lugar a la célebre paradoja del gato de Schrödinger, según la cual, el animal, introducido en una caja y cuya vida depende del movimiento de un quantum, estaría vivo y muerto al mismo tiempo, hasta que un observador abriera la caja, momento en el que se decide la suerte o el estado del felino.
A todo esto, Borh contestó: “Deja de decirle a Dios cómo usar sus dados”.
Toda esta historia, que me apasiona, viene a colación porque ya he tenido varios debates con expertos en urbanismo y cuando pongo en valor lo disruptiva que es la Ley de Impulso del Desarrollo Equilibrado de la Región (LIDER) de la Comunidad de Madrid, mis interlocutores me la suelen comparar con otras normativas que han promulgado otras comunidades autónomas.
Os puedo asegurar que una vez leídas y analizadas las de todas las comunidades, y sin pasión por mis colores madrileños, no tienen nada que ver.
Todas las normas de otras comunidades, siendo loables y bienvenidas, siguen ancladas en la física mecanicista de Newton, es decir, siguen pensando en el urbanismo como un bien en sí mismo, no integran la planificación territorial de la región, siguen con la dictadura, esclavitud y jerarquización de los planes generales de ordenación urbana; es decir, un sistema, si me permitís la analogía, anclado en el encorsetamiento de la materia de Newton. Es mecánica clásica, voluntariosa, siguen las reglas del juego actuales, que se ha demostrado que no solo no resuelven el problema de la vivienda, sino que lo agravan y suponen en sí mismo el problema.
La Líder, viviendo que en una sociedad líquida, donde las densidades, los usos, incluso las alturas deben adaptarse a la evolución de las necesidades de los ciudadanos, crea un cambio normativo que rompe con esa jerarquización y esclavitud de los planes generales y, por tanto, ve con otros ojos las normas urbanísticas.
Ambas son igual de seguras jurídicamente. El paralelismo entre física y urbanismo no es baladí, la física cuántica es física y tiene una base matemática más avanzada que la física newtoniana; ambas son ciencia.
Como el urbanismo de la Líder, es también urbanismo, mucho más avanzado, y mucho más seguro jurídicamente. Por eso, aun siendo muy fan de Einstein, Bohr ha acabado imponiéndose.
En urbanismo, nos encontramos en ese momento similar a hace 100 años, donde mentes muy brillantes como Einstein, eran reticentes a los cambios que apuntaba la ciencia y la física. Si Einstein viviera, después de conocer las teorías de Stephen Hawking sobre el universo, daría la razón a Bohr.
Estoy seguro de que no vamos a necesitar tanto tiempo para que la comunidad urbanística, la sociedad y, sobre todo, quienes tienen que aplicar las leyes, los ayuntamientos, otras comunidades y el Gobierno central, abracen el nuevo urbanismo cuántico.
Jorge Ginés es director general de ASPRIMA desde octubre de 2023. Licenciado en Derecho y diplomado en fiscalidad, inició su carrera profesional como consultor de desarrollo de negocio y ha fundado la empresa Desaprendiendo. Es autor del libro “¡Aún dicen que el pescado es caro!; Confesiones de un consultor inmobiliario”.
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