La casa roja escandinava que demuestra cómo ampliar espacio sin borrar la tradición

Chr Tomters Veg es una vivienda tradicional situada en la localidad de Rælingen, que ha sido ampliada con ese tono característico de las casas rurales del norte de Europa
Chr Tomters Veg, en Rælingen (Noruega), es una vivienda tradicional que ha sido ampliada con dos volúmenes siguiendo el mismo tono característico rojo.
Chr Tomters Veg Tom Auger

El color rojo ocupa un lugar especial en la arquitectura del norte de Europa. Durante siglos, numerosas casas rurales de Noruega, Suecia y Finlandia se han pintado con pigmentos rojizos derivados del óxido de hierro, una práctica económica y resistente al clima que terminó convirtiéndose en símbolo cultural.

Con el tiempo, ese rojo profundo se asocia a la imagen de la “casa en el bosque”, una combinación casi arquetípica entre arquitectura doméstica y paisaje natural. Hoy, algunos proyectos contemporáneos retoman ese legado cromático para reinterpretarlo con nuevos materiales y formas. Es el caso de Chr Tomters Veg, situado en la localidad noruega de Rælingen, una vivienda tradicional que ha sido ampliada precisamente ese tono característico.

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En lugar de añadir un único volumen, se decidió distribuir el programa en dos nuevas construcciones situadas al norte y al sur de la casa original.
Tres volúmenes Tom Auger

Tres volúmenes conectados

El encargo proviene de una familia en crecimiento que necesita ampliar el espacio habitable sin renunciar al carácter de la vivienda. Para ello, el estudio Rever & Drage concibe un diálogo entre la casa original y dos nuevos volúmenes que se despliegan a su alrededor sin borrar su identidad histórica.

La vivienda existente se conserva como núcleo del conjunto. Fue construida con la típica madera pintada de rojo y carpinterías blancas, y se mantiene prácticamente intacta en su distribución y proporciones. 

El terreno, estrecho, largo y en pendiente entre dos carreteras, condiciona la estrategia de ampliación.
Terreno estrecho Tom Auger

El terreno, estrecho, largo y en pendiente entre dos carreteras, condiciona la estrategia de ampliación. Pero en lugar de añadir un único volumen, se decidió distribuir el programa en dos nuevas construcciones situadas al norte y al sur de la casa original. El resultado fue un conjunto de tres piezas alineadas, todas en tonos rojizos, separadas por espacios verdes.

La ampliación norte se ha organizado en tres niveles. El garaje parcialmente enterrado ocupa la planta inferior, mientras que en los niveles superiores se sitúan un pequeño apartamento independiente y un estudio bajo cubierta. Este espacio de trabajo, descrito como un taller doméstico, incorpora una ventana en el vértice del techo inclinado y un banco integrado desde el que se contemplan las vistas del paisaje.

El acceso a este volumen se realiza desde un patio pavimentado exterior, pero también a través de un pasaje subterráneo iluminado por una claraboya. Todo ello crea una transición gradual entre las partes del conjunto y refuerza la sensación de recorrido.

La ampliación sur, por su parte, adopta una organización distinta. Se accede a ella a través de un jardín de invierno interior con chimenea y zona de estar. Este espacio intermedio actúa como filtro climático y social, conectando interior y exterior mientras introduce vegetación en el corazón de la casa.

En el interior, la paleta material se aleja del rojo exterior para crear ambientes cálidos y táctiles con el uso de roble, fresno claro, ladrillo visto y hormigón.
Ambiente cálido Tom Auger

El rojo como hilo conductor

El uso del color rojo no se limita a replicar el de la casa original. En las ampliaciones, el estudio introduce una variedad de materiales dentro de la misma gama cromática: madera pintada, ladrillo, tejas e incluso superficies de acero teñidas en rojo. Esta mezcla genera una continuidad visual sin caer en la copia literal.

Las fachadas incorporan, además, celosías metálicas que “añaden una capa sutil a la fachada y sirven de soporte para las plantas trepadoras, suavizan el exterior, aportan variación estacional y ayudan a unir los espacios verdes exteriores entre los tres edificios”, explican en el estudio.

Las fachadas incorporan celosías metálicas que añaden una capa sutil a la fachada y sirven de soporte para las plantas trepadoras.
Celosía Tom Auger

Como se aprecia en este detalle de las fachadas, la vegetación desempeña un papel importante. Así, entre los tres volúmenes aparecen dos espacios intermedios: un patio exterior y el jardín de invierno interior. Estos “espacios aportan luz, plantas y cambios estacionales a la vida cotidiana del hogar”, afirma el estudio.

Con ello, el conjunto busca recrear una imagen profundamente arraigada en la cultura escandinava. “El diálogo entre los edificios rojos y la vegetación circundante evoca asociaciones nórdicas atemporales: la casa roja en el bosque, lo cultivado y lo salvaje, lo doméstico y lo natural”, incide.

El jardín de invierno se accede por la ampliación sur a un espacio interior con chimenea y zona de estar.
Jardín de invierno Tom Auger

En el interior, la paleta material se aleja del rojo exterior para crear ambientes cálidos y táctiles. Roble, fresno claro, ladrillo visto y hormigón se combinan con superficies pintadas y papeles decorativos con el objetivo de crear un espacio cálido, táctil y atemporal. “Una tarea importante era combinar los detalles clásicos con una expresión más moderna”.

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