La única isla privada de la Bahía de San Francisco, un atolón virgen sin electricidad, agua potable o wifi, ha salido a la venta por 25 millones de dólares (unos 23 millones de euros) tras varios intentos extraoficiales en los últimos años. La isla se conoce como Red Rock Island por el color rojizo de su tierra y cuenta con 24.200 m2.
La isla solo es accesible por barco o por helicóptero y permite la construcción de una vivienda sobre ella. No en vano, se ha tratado de construir un hotel, un casino y un puerto de yates desde la década de los 80 en este islote.
Aquel que decida adquirirla podrá disfrutar de impresionantes vistas a la bahía de San Francisco y de una playa de arena en su lado este. La cima de la isla está cubierta de hierba y dispone de varios senderos para llegar a ella.
En el caso de que el comprador decida comprarla para uso residencial, deberá solicitar los permisos al condado de San Francisco, mientras que para su uso industrial tendrá que acudir al condado de Contra Costa y para un uso general al condado de Marin. La isla está dividida en zonas para uso residencial, pero no se conoce la cantidad de viviendas que podrían construirse.
Cabe destacar que cualquier construcción en el lugar supone un desafío por la dificultad para llevar los materiales hasta allí o cómo conectarla a la red eléctrica, así como el abastecimiento de agua potable. Se ha llegado a plantear aplanar la isla para facilitar la construcción en ella, pero nunca se ha llevado a cabo.
Ha pasado por varios propietarios
El primer propietario y residente fue el comandante de la armada estadounidense Selim E. Woodworth, que fue senador de California. El comandante llegó a construir una cabaña de caza en la isla.
Tras pasar por varios propietarios más, la isla terminó en manos de la familia Durning gracias a su socio comercial, David Glickman. La adquisición se produjo en la década de los 60 por cerca de 50.000 dólares (45.650 euros), y ambos plantearon la construcción de un hotel, un casino y un puerto de yates, pero el impacto medioambiental de la idea no gustó en la ciudad y finalmente no se llevó a cabo.
La isla también permite la instalación de un parque eólico y la construcción de un centro de entretenimiento con puerto deportivo, helipuerto, restaurante o una capilla para bodas, pero aquel que decida adquirirla deberá cumplir las reglas de la Comisión de Conservación y Desarrollo de la Bahía de San Francisco.






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