La problemática de la inquiokupación está en aumento en España y tiene nuevos rostros. Uno de ellos es el de María y Fulgencio, un matrimonio de Murcia que lleva un año viviendo en condiciones indignas en el garaje de su propia casa, después de que un hombre al que alquilaron una habitación acabara adueñándose de su vivienda
El calvario de esta pareja de jubilados comenzó cuando decidieron rentabilizar una parte de su casa ofreciendo servicios de alojamiento turístico a través de una de las plataformas de alquiler vacacional de España. La esperanza de obtener ingresos extra y aprovechar el tirón del turismo se convirtió en una auténtica pesadilla cuando uno de los huéspedes decidió no marcharse y, desde entonces, se ha convertido en un inquiokupa.
Según ha relatado la protagonista en una entrevista en Telecinco, entró “solo para tres días y ya lleva prácticamente un año”. Además, ha asegurado que es “horrible” vivir con él por su mal comportamiento, por lo que decidieron cambiar su residencia al parking de su propia vivienda, ya que la propietaria ha declarado que fue agredida, asegurando que cuenta con un parte de lesiones. Incluso, la pareja ha tenido que poner un listón en la cerradura en la puerta para bloquear el paso de su inquiokupa.
De este modo, la cochera se ha convertido en su refugio improvisado, donde duermen y hacen su vida diaria, mientras el resto de la casa permanece usurpado por el ocupante.
A pesar de no poder acceder a su propio hogar, los propietarios deben seguir afrontando el pago de los suministros como la luz y el agua, ya que los contratos están a su nombre y son responsables de los gastos. Facturas mensuales que han llegado a alcanzar los 260 euros, según el matrimonio.
La desesperación de María es palpable. Lo único que pide es recuperar la normalidad y poder volver a su hogar: “Yo lo único que quiero es subirme a mi casa y vivir, no quiero que me dé dinero ni que me dé nada, se lo perdono, solo quiero que se vaya. Solo queremos nuestra casa”. Es de destacar que el inquiokupa le debe 14.400 euros, ya que alquilan esa habitación por 1.200 euros al mes.
El impacto psicológico de la situación es profundo. La propietaria ha confesado que está al borde del colapso y que tiene una depresión de “campeonato”.
Mientras María y Fulgencio esperan poder volver algún día a su hogar, su historia se hace eco de las miles de personas afectadas por los inquiokupas en España. El aumento de denuncias y la proliferación de casos a través de alquileres turísticos ponen en jaque a la seguridad jurídica y la paz de las familias.
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