El perfil urbano de Manhattan acaba de enriquecerse con la finalización de uno de los proyectos culturales más esperados de la ciudad. El estudio de OMA ha concluido su primer edificio público en Nueva York, la espectacular ampliación del New Museum. Esta obra de nueva planta se anexa al icónico edificio original diseñado por el estudio japonés SANAA en el año 2007.
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El proyecto, dirigido por Shohei Shigematsu duplica la superficie de la institución de arte contemporáneo hasta alcanzar los 11.000 m2. El resultado es un hito arquitectónico que los propios creadores definen como una estructura "muy conectada, pero muy singular", logrando un equilibrio perfecto entre el respeto por la obra preexistente y la innovación absoluta.
Un diálogo arquitectónico
El mayor desafío al que se enfrontó el estudio fue construir una obra de vanguardia junto a otro edificio contemporáneo. Para abordarlo, el estudio trabajó bajo el concepto de un "par" o "gemelo". A nivel visual y estructural, el nuevo edificio adopta una volumetría que se asemeja a un pentágono en sección.
El edificio presenta un pronunciado retranqueo a nivel del suelo y un profundo escalón superior que se inclina suavemente para "besar" la fachada del edificio de SANAA.
Para la envolvente exterior, se diseñó una fachada facetada revestida con vidrio laminado y una elegante malla metálica. Este recurso dialoga de forma directa con la icónica malla de aluminio del edificio original, manteniendo al mismo tiempo una identidad inconfundible. Inmediatamente detrás de esta fachada orientada hacia la calle, un impresionante atrio actúa como un verdadero "condensador social y visual".
En este espacio se erige una escultural escalera de caracol revestida en malla pintada de verde, para generar un efecto moiré, que conecta, en cada rellano, los distintos niveles de ambos edificios, fomentando un complejo museístico mucho más abierto y comunicativo para los visitantes.
Nuevos espacios
La integración de ambas estructuras se hace especialmente evidente a nivel de calle. La fachada se dobla hacia adentro en su lado norte, dejando al descubierto una mayor porción del edificio creando un acogedor patio exterior triangular. Esta entrada conduce a un amplio vestíbulo continuo que abarca las plantas bajas de ambas construcciones, permitiendo el acceso libre al público.
Como joya del diseño interior en esta cota, destaca un restaurante revestido de corcho expandido pintado con pan de plata, integrándose a la perfección con los acabados en policarbonato y los techos metálicos de estética industrial.
Las nuevas galerías, de techos altos y paredes inmaculadamente blancas, ocupan las tres primeras plantas, haciendo eco del formato diáfano y sencillo del museo original.
La cuarta planta sorprende con un auditorio sin columnas y un espectacular hueco acristalado en la fachada que ofrece vistas inmejorables hacia la histórica zona del Bowery.
Finalmente, en los niveles superiores albergan oficinas y espacios destinados a incubadoras de proyectos, conformando el núcleo operativo e intelectual de la institución.
Con esta ampliación, que representa la culminación de un proceso de dos décadas de trabajo de OMA en Nueva York, el New Museum gana un espacio vital para sus colecciones y visitantes hacia el interior, y un prisma arquitectónico capaz de refractar las expresiones artísticas globales hacia el corazón de Manhattan.
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