La pesadilla de las personas con los ojos de pez globo

Edificios en el barrio de Numancia (Madrid)
Edificios en el barrio de Numancia (Madrid) idealista

Os aseguro que lo que voy a contar es real. Es real en el sentido de que os voy a contar un sueño que tuve la noche de Jueves Santo a Viernes Santo, cuando miles de sevillanos viven La Madrugá.

No es una historia inventada; es real porque lo soñé. 

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No lo soñé adrede, ni con la determinación del protagonista de ‘Las ruinas circulares’, cuento de Borges; simplemente os relato como lo viví.

Era un día cualquiera, por la mañana, me dirigía a otro evento inmobiliario, como otro día más (al paso que vamos, tendremos más eventos que días tiene el año).

Iba con mi mochila y mi corbata. Sí, llevaba corbata porque era un acto importante (últimamente voy a muchos sitios sin corbata).

No conocía el lugar, era nuevo, y muy raro. No era el Edificio Beatriz o el COAM, u otro de los sitios habituales.

Lo primero que me sorprendió fue la luz. Había mucha luz, una enorme luz blanca. También me sorprendió que no conocía a nadie, la gente era diferente, había mucha gente que vestía de chándal, gente con coleta, gente que no era del sector, personas cuya apariencia es que les cuesta llegar a final de mes, de las que viven fuera de las zonas nobles de la ciudad. ¿Me habré equivocado de día o de lugar?, lo que ya me ha pasado en alguna ocasión. 

En ello pensaba cuando encontré dos caras conocidas, que por su expresión se alegraron de verme. 

Saludé a Albert Planas, CEO de Nexbest, empresa que organiza Rebuild y The Distric, y a Paco Pérez, persona que me reconforta siempre estar a su lado por el cariño que le tengo.

Sin mediar palabra, pasamos a la sala principal del evento; fue en un instante, sin pasar por acreditaciones o controles.

Era la antesala de una gran ágora, una especie de coso taurino, donde el público, la misma gente que parece que no llega a final de mes, estaban ya sentados mientras Albert tomaba la palabra…

… Este evento no es un evento más, este evento es para la gente, donde vamos a escuchar sus necesidades de vivienda; nosotros venimos a escuchar, por eso este escenario, donde la gente del sector, cual gladiadores, van a escuchar al pueblo… Y eso era el recinto, como un gran teatro romano, donde Paco y yo estábamos a punto de salir al ruedo.

Albert tenía la voz de Albert, esa voz nasal, bien modulada, con ese acento catalán, que al menos a mí tanto me gusta. Pero el resto de su apariencia era diferente, también iba en chándal, super informal, cuando el siempre sabe utilizar el 'code dress' de cada momento.

Al terminar su discurso, dice: “Y ahora ante vosotros Jorge Ginés, director general de ASPRIMA, que os va a contar las soluciones al problema de vivienda que tanto sufrís”. 

Estaba en una esquina y fui acercándome al centro de ese gran coso. Según me acercaba al centro del ruedo y me iba alejando de Paco Pérez, notaba dos cosas, su cara de preocupación y mi acuciante malestar.

Sabéis que no tengo miedo a hablar en público, al revés, me gusta la tensión del directo; el que no llevara nada preparado no era problema, también sabéis que voy a todas las intervenciones sin leerme los guiones ni escaletas, me da un plus de adrenalina. Lo que me atemorizaba eran dos cosas.

Por un lado, el escenario. Todos me miraban de arriba a abajo, no como suele ser, donde suelo estar en un escenario y la gente está abajo, en las butacas, por lo que soy yo el que mira de arriba a abajo.

Pero lo me más me acojonaba era descubrir que los espectadores no hablaban, simplemente me miraban; no murmuraban, solo callaban, con dos enormes ojos, en sus caras; los ojos eran descomunales, eran como dos grandes ojos globo, que inundaban todas sus caras, mientras que el silencio era sepulcral, como una pesada lápida; solo estaba yo. Solo en el centro del círculo pequeño y miles de personas con ojos de pez globo mirándome.

Me salió el siguiente discurso:

(Evidentemente, no tengo las palabras exactas. De este sueño me desperté a las 4:45 h del viernes. Directamente anoté en el cuaderno que descansa todas las noches en mi mesilla lo más importante de la alocución). 

No tengo soluciones, no les engaño. Por mi cargo, llevo dos años hablando constantemente sobre el problema de la vivienda, desde el rigor y los datos, desde el conocimiento y la experiencia de miles de trabajadores del sector, que son los que mejor diagnóstico pueden dar por estar en el barro y por jugarnos el patrimonio de nuestros hijos, por cierto, los únicos que lo hacemos, pero no desde el sufrimiento como vosotros. Yo tengo vivienda, como muchos de mi generación. Pero no tengo que pedir disculpas por ello.

Si ustedes no pueden comprar o alquilar una vivienda y viven hacinados en habitaciones (no sé por qué dije esto, quizás sería por la impresión de su aspecto y sus enormes ojos mirándome, o porque simplemente podían comunicarse conmigo sin hablar) es simplemente por un problema de escasez.

En Madrid vienen 140.000 personas a quedarse todos los años, lo que supone generar 40.000 viviendas al año, y solo somos capaces de tener suelo finalista para 16.000, vayan con sus enormes ojos a los alcaldes, presidentes de confederación, funcionarios de medioambiente, ecologistas, Canal de Isabel II, diputados, responsables de carreteras y demás informes sectoriales y quédense allí como están ahora mirando con su cara de pez globo hasta que les den los informes. 

Si tardamos 12 meses en recibir una licencia de obra, vayan al funcionario y al alcalde de su municipio, y quédense allí todo el rato mirando con sus enormes ojos de pez globo.

Si el Gobierno ha sacado todas las leyes posibles para romper el equilibrio entre arrendador y arrendatario, vayan a la Moncloa o a la sede del Ministerio de Vivienda (MIVAU) y plántense allí, como ahora sin moverse con sus enormes ojos de pez globo.

Aquí, recuerdo el sueño, cada vez me hacía más pequeño y ellos seguían inamovibles, sin cambiar un ápice su rictus, sus enormes ojos; no mostraban sentimiento ni de alegría, ni de tristeza, ni de asentimiento o desagrado ante mis palabras.

Seguía cada vez con menos fuerzas, pero ante la mirada atónita de mi auditorio, se me ocurrieron las últimas frases.

Como medidas para resolver la accesibilidad a la vivienda solo se me ocurre la siguientes: 

Si un alcalde no da licencia en tres meses, hagámosles dimitir, me da igual las excusas.

Si un informe sectorial no está en tres meses, hagamos dimitir al funcionario y a su responsable político, me da igual el resto de las cosas que haya hecho.

Si después de ocho años de normativas estatales paupérrimas en contra del mercado, que han tenido un efecto pernicioso, contrario al perseguido y que hacen que vivan ustedes la situación que están viviendo (cosas del sueño, nunca hablaron, pero tenía claro que las personas pez globo se comunicaban conmigo sin hablar), ir al Congreso y no salgáis hasta que no dimitan, porque los únicos culpables de la falta de accesibilidad a la vivienda son aquellos que trabajan para que haya escasez de vivienda.

Y el sueño acabó aquí. Me levanté sudando, miré la hora, las 4:45 h de la madrugá.

Una vez escrito mi sueño y haber revisado mis notas, me queda el alivio de haber leído a Borges y vino rápido a mi memoria el final de ‘Las ruinas circulares’: “Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo”.

Jorge Ginés es director general de ASPRIMA desde octubre de 2023. Licenciado en Derecho y diplomado en fiscalidad, inició su carrera profesional como consultor de desarrollo de negocio y ha fundado la empresa Desaprendiendo. Es autor del libro “¡Aún dicen que el pescado es caro!; Confesiones de un consultor inmobiliario”.

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