La arquitecta Rocío Pina, de Enorme Studio, sabe lo que es que uno de tus proyectos se convierta en viral y con ello no queremos decir únicamente que rule por las redes sociales del globo terráqueo, sino que The New York Times, por ejemplo, te dedique un artículo y también, el mismísimo Netflix.
Ese proyecto es Beyome, nombre que surge de la contracción de Beyond Home, y que elimina las paredes de las casas tal y como las conocemos para convertir los hogares en modulares: nada es lo que parece ser, todo se mueve o como dice el eslogan de su web, se acabaron los apartamentos de dos o tres dormitorios, bienvenidos al hogar de las infinitas soluciones.
Pina y sus colaboradores también están detrás del pabellón de España en la próxima Expo de Osaka, en Japón, un proyecto que aglutina identidad, espacio público, cultura y que refleja su visión de la arquitectura.
¿Por qué estudió Arquitectura?
Me gustaba mucho cuando era pequeña dibujar habitaciones y muebles. Y pasaba mucho tiempo en casa de mi abuela. Ella tocaba el piano, yo dibujaba… era una sensación muy bonita de disfrutar de las casas, de los interiores, de los espacios. Luego descubres que la arquitectura no es solo eso y te llevas algunos sustos.
¿Qué es lo más le gustó de la formación?
La disciplina. Al final un arquitecto, a consecuencia también del contexto en el que nos hemos tenido que desarrollar mi generación y las siguientes, hemos tenido que aprender a reinventarnos. ¿Para qué sirve el arquitecto? Hemos llegado a un momento en el que los arquitectos ya no somos tan útiles para la sociedad o no éramos tan útiles para la sociedad en la manera en la que nos habían contado. Y nos hemos tenido que reinventar, buscar otros nichos. Entonces me parece que sí, que la carrera de alguna manera te prepara para esto, para tener una mirada muy global.
¿Qué es lo que menos le gusta de su oficio?
La burocracia. Los tiempos tan largos y las complicaciones que hay, hay tantas complicaciones como agentes implicados en los proyectos. Tienes que lidiar con muchas cosas y eso es agotador.
Creo que uno de sus proyectos es el Pabellón de España en la Expo de Osaka…
El proyecto de Osaka es un concurso que hemos hecho en colaboración con otros dos estudios, el de Néstor Montenegro y Smart and Green Design de Fernando Muñoz. Y es un proyecto en el que confluyen todos nuestros enamoramientos de la disciplina a lo largo de estos años. Tiene espacio público, cultura, contenido expositivo, tiene mucha identidad. Nos gusta mucho la idea de la representación de España, pero repensada desde otro lugar. Y luego todas las cosas que tienen que ver con ecología, con la artesanía, con puesta en valor de lo local en un contexto internacional.
Uno de sus proyectos es Beyome, ¿qué es esto?
Beyome empieza con un encargo de una casa de 38 metros cuadrados de una chica que necesitaba reformar la casa de su abuela y montar su casa pero también su proyecto de trabajo. Estuvimos investigando mucho sobre proyectos modulares que se habían ya desarrollado en los años 60, de casas transformables, la flexibilidad y tal. Hicimos una casa que tenía varios módulos que comprimían las habitaciones en módulos que son como armarios. La casa se adaptará a lo largo del día a las distintas situaciones. Y fue un boom: somos una generación en la que, respecto a nuestros padres, hemos bajado el nivel económico mucho y por tanto eso se traduce en que nuestras casas son también más pequeñas que en las que vivíamos cuando éramos pequeños. Entonces llegó un momento en que ese proyecto de 40 metros cuadrados en el que todo el mundo estaba necesitando una solución se convierte en un proyecto muy viral. Pero mucho, no te puedes ni imaginar, salió en The New York Times, muchos videos, Netflix hizo un capítulo de una de las series que tienen. Finalmente pudimos encaminarlo en colaboración con una empresa inversora. Y estamos trabajando en este proyecto, en hacerlo más accesible a la gente que lo necesita…
Háblenos de esta casa.
Pues es una casa alquilada. Estamos aquí desde hace ocho años. Era una casa antigua con muchas particiones porque en este barrio hay muchos estudiantes y el objetivo es sacar muchos dormitorios aunque no tengan ventanas. Pero es una casa muy bonita. Me gusta poder conservar la esencia, no soy nada minimalista ni me gusta el orden exacerbado. Me gusta estar rodeada de objetos, de memorias, de recuerdos, de plantas, de luz. Yo creo que eso mi abuela Josefina, que era andaluza, me lo transmitió: el color y las plantas. Y luego también nos ha influido mucho, a Carmelo y a mí (Carmelo Rodríguez es su compañero y también socio en el estudio), nuestros viajes a México y ahora a Japón. Nuestra casa está llena de cosas que nos traemos de los viajes. Y luego tenemos al pequeño Alonso que tiene tres años y que al final invade la casa y no le ponemos límites. Carmelo también dibuja mucho, nos gusta mucho la novela gráfica, él es coleccionista de libros antiguos de arqueología. Nos gustan mucho los libros, entonces es una casa que tiene muchos objetos.
¿Hicisteis mucha reforma?
Sí. Hemos hecho reforma conservando los suelos, las molduras, las puertas.. Luego nos encanta cocinar, la cocina es casi como el eje de la casa. Jugamos mucho alrededor de ese ese tabique y pasamos aquí todo el día. Al final los dormitorios no los tenemos muy, adecuados porque en realidad no pasamos casi tiempo allí.
¿Su rincón favorito?
Yo creo que éste donde estoy, sin duda. Y la cocina, pero éste me gusta mucho porque tiene luz y está la biblioteca.
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