A estas alturas del partido, parece cada vez más claro que BBVA va con todo y a por todas en la batalla por tomar el control de Banco Sabadell. Ni la venta por parte de este último de su banco británico TSB a Banco Santander por 3.400 millones de euros ni, sobre todo, la decisión del Gobierno de vetar una fusión de dos bancos durante tres años, frenan las ambiciones de la entidad que preside Carlos Torres.
Los dos bancos van a echar toda la carne en el asador en lo que queda de un mes de julio que se antoja como completamente decisivo para el desenlace de la OPA. Sobre todo Sabadell, que va a lanzar la ofensiva final para convencer a sus accionistas de que deben seguir apostando por un proyecto en solitario del banco. En el calendario está marcada la fecha del 24 de julio, cuando la entidad catalana va a presentar su nuevo plan estratégico.
Una presentación que correrá en paralelo a la presentación de los resultados del segundo trimestre del año. El mercado espera que sean excepcionales, tanto como las expectativas del nuevo plan, que consagrará una agresividad sin precedentes en la política de retribución a los accionistas. De momento, Sabadell ya ha anunciado que repartirá un dividendo extraordinario de 0,50 euros por acción. Llegará a los bolsillos cuando la venta de TSB esté completamente cerrada, en marzo o abril de 2026.
Más allá de otras consideraciones, la realidad es que la estrategia de Sabadell ya ha conseguido el primer objetivo: meter una presión inmensa a BBVA para subir el precio de la operación. Un accionista de Sabadell que hubiera vendido sus títulos del banco justo antes del cierre de la sesión del pasado viernes habría obtenido un 11% más que si aceptara la oferta de BBVA tal y como está planteada en estos momentos. Dicho de otra manera, ahora mismo las condiciones no pueden ser menos competitivas.
Los expertos creen que esta prima negativa de la OPA se va a mantener en las próximas semanas, porque Sabadell va a seguir dando buenas noticias al mercado por la doble vía de los resultados y del plan estratégico. Esto quiere decir que el banco opado va a disparar con toda la munición posible para frenar la operación, mientras que en el caso de BBVA sus próximos movimientos dependen de terceros.
Más concretamente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Se prevé que el supervisor bursátil apruebe el folleto de la OPA a mediados de este mes, y en ese momento será BBVA quien tome la batuta. Tras la luz verde al folleto, el banco dispondrá de cinco días hábiles para activar el periodo de aceptación de la oferta. Y, en este punto, BBVA tiene un amplio abanico de posibilidades.
El periodo de aceptación puede durar entre 30 y 70 días naturales, pero los expertos esperan que BBVA apueste por el plazo más largo. Primero porque quiere evitar que el plazo acabe en pleno verano, con los accionistas de Sabadell en pleno período de vacaciones y las bolsas bajo mínimos de actividad. Llevando el plazo al máximo, los accionistas podrían decidir hasta bien entrado el mes de septiembre.
Dado que la OPA ya está en el escenario menos deseado posible por BBVA (el de una oferta que se desarrollará durante el verano) la mejor opción es retrasar el cierre lo máximo posible. Por lo tanto, sobre el papel los accionistas de Sabadell van a tener mucho tiempo para elegir en el mejor de los mundos posibles. Sea cual sea el desenlace, todo apunta a que salen beneficiados en todos los casos.
El mes clave de la OPA terminará con la presentación de los resultados en el segundo semestre del año. Una cita en la que, previsiblemente, la entidad seguirá reforzando su apuesta pública con Sabadell, pero todos los ojos están puestos en la posible mejora de la oferta. Analistas y gestores creen que BBVA deberá poner sobre la mesa al menos los 2.500 millones que Sabadell se ha comprometido a repartir como dividendo extraordinario.
Si como parece sigue adelante contra viento y marea, a BBVA no le queda otra salida que sacar el talonario teniendo en cuenta que muchos inversores pueden recelar de su oferta teniendo en cuenta que el veto del Gobierno (que BBVA podría intentar revertir por la vía judicial) reduce muy significativamente las sinergias esperadas con la operación. BBVA podría utilizar el comodín de la mejora de la oferta en el tramo final de un OPA que, si quiere sacar adelante, le obligará a hacer un enorme esfuerzo financiero.
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