Información sobre vivienda y economía

Feito: "La subida del salario mínimo frenará las opciones de los parados de encontrar trabajo"

Una subida de sueldo no siempre mejora las condiciones de un empleado. De hecho, el repunte del salario mínimo interprofesional (SMI) puede ser contraproducente y perjudicar, precisamente, a quienes se pretende ayudar: los jóvenes y la mano de obra de baja cualificación. 

Ésta es la teoría que sostiene José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos (IEE), quien insiste en que “la subida del 8% aplicada al salario mínimo este año (hasta 707,6 euros al mes) será dañina para parte de los trabajadores más vulnerables: los de menor renta y los más propensos a perder el empleo y a permanecer en el paro. Esos colectivos son los que van a pagar la subida del SMI”.  

El economista argumenta que, como consecuencia del alza del suelo salarial, las empresas optarán por los contratos temporales en detrimento de los indefinidos y por reducir las jornadas de trabajo. Además, fomentará la economía sumergida e incrementará el paro estructural de los jóvenes y la mano de obra poco cualificada. En definitiva, frenará la creación de empleo fijo y reducirá las posibilidades de los desempleados de reengancharse al mercado laboral.

“El empleo tenderá a alcanzar el nivel en el cual su coste para las empresas iguale la contribución de los trabajadores a los ingresos de las mismas. Si el coste salarial mínimo supera la contribución de algunos empleados, descenderá la demanda de estos tipos de trabajadores, reduciéndose su empleo, su jornada o prolongándose su permanencia en el paro. Así, no se puede dar por sentado que todos los trabajadores que estaban cobrando alrededor del salario mínimo en 2016 (655,2 euros) conservarán su trabajo, trabajando las mismas horas anuales que antes y ganando más este año. Tampoco que el número de trabajadores que saldrán del paro y cobrarán el nuevo SMI será igual al que habría encontrado trabajo con el anterior nivel”, aclara el IEE. 

Feito cree que estos efectos negativos se verán bloqueados en parte gracias a la inercia de la economía española, que está creciendo el doble de rápido que la eurozona. No obstante, su impacto se podría acelerar cuando haya un nuevo cambio de ciclo y se interrumpa la actual etapa expansiva. El ejemplo más reciente lo tenemos en la última crisis. 

“Cuando llegó la recesión durante los últimos años de legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero es cuando realmente se vio el aumento del paro estructural después de las alzas bruscas del salario mínimo al comienzo de la Transición y en los primeros años de Gobierno del propio Zapatero”, recalca el primer espada del IEE.

Solo en lo que llevamos de siglo, el salario mínimo en España prácticamente se ha duplicado. En 2002, por ejemplo, el ingreso se situaba en 442,2 euros mensuales en 14 pagas, mientras que en 2017 se encuentra en 707,6 euros. Se trata del décimo más alto del mundo, según un estudio reciente.

“La subida del salario mínimo va a reducir la posibilidad de los parados de volver al mercado laboral. En definitiva, va a tener consecuencias negativas sobre el empleo y esto es algo que reconocen todos los partidos políticos. Si su incremento solo tuviera efectos positivos, ¿por qué no subirlo a 900 euros mensuales o hasta 1.500 euros mensuales para que aumente el consumo y mejore más la economía? Al final todos sabemos que incluso duplicar o triplicar el salario mínimo seguramente no valdría de nada”, aclara Feito.

En su opinión, la verdadera clave está en el salario medio real que perciben los trabajadores (actualmente ronda los 1.500 euros mensuales) y en su nivel de productividad. “Solo los aumentos de los salarios medios reales que sean compatibles con el crecimiento del empleo y con el mantenimiento de niveles de competitividad adecuados pueden garantizar ritmos de crecimiento sostenibles del consumo privado y de la demanda interna, que están siendo los motores del PIB”, afirma.

El problema está en que los empleados españoles son mucho menos productivos que los de Alemania o Luxemburgo, precisamente unos países donde el salario mínimo supera los 1.400 euros mensuales.

Eurostat
Eurostat

“Ojalá todos pudiéramos ganar lo mismo que un luxemburgués, el problema es que somos menos productivos. Al final lo que miran las empresas es si lo que aporta un trabajador a la empresa es más o menos de lo que gana”, sostiene el economista.