La arquitectura relacionada con el ámbito educativo no universitario se ha caracterizado por seguir unas tipologías adecuadas a la época, pero no siempre con materiales de la mejor calidad y con patrones estandarizados para reducir costes. Sin embargo, algunos proyectos también han dado paso a la innovación y hay escuelas e institutos que son todo un alarde técnico y estético.
Esta segunda opción es la que nos ha llevado a una escuela de la costa mediterránea francesa. En Béziers, un colegio rompe con los esquemas convencionales de la arquitectura escolar para destacar por su estructura singular y su patio ajardinado.
Un oasis de aprendizaje en medio de la ciudad
En el corazón del distrito Devèze de Béziers, Francia, se erige el colegio Samuel Paty diseñado por los estudios locales Ateliers O-S y NAS Architecture, el cual destaca por su singular estructura en torno a un patio ajardinado, ofreciendo un equilibrio perfecto entre apertura y privacidad.
Desde el exterior, la escuela se presenta como una fortaleza de hormigón, con gruesas paredes que protegen a sus estudiantes del bullicio de la ciudad. Sin embargo, en su interior, el espacio se transforma en un refugio luminoso y acogedor, donde grandes ventanales de altura completa conectan las aulas con el patio central.
“El proyecto se caracteriza por una doble estructura, mineral y gruesa por el lado de la ciudad en el exterior y metálica, más ligera y escalable en el interior”, explican en el estudio. Este contraste arquitectónico no solo añade un valor estético, sino que también responde a una necesidad funcional: ofrecer un ambiente de aprendizaje tranquilo y seguro.
El diseño en forma de "O" del edificio es una estrategia que fomenta la interacción entre los niños y facilita la circulación de aire y luz natural. Las aulas están organizadas en dos alas separadas, una para infantil y otra para primaria, unidas por pasillos que actúan como "calles interiores" donde se ubican aberturas circulares hacia ellas. Estas vías de comunicación, además de conectar los espacios, también funcionan como una segunda barrera protectora, garantizando que el ruido y las distracciones externas no interfieran con el proceso educativo.
Pensada para la comunidad
La funcionalidad de la escuela no se limita a sus aulas. Su diseño también considera la importancia de los espacios compartidos y de interacción social. La entrada principal está cubierta por un techo perforado con aberturas circulares que permiten el crecimiento de los árboles preexistentes. Este gesto no solo respeta el entorno natural, sino que también proporciona un espacio protegido donde padres e hijos pueden reunirse antes y después de la jornada escolar.
En el centro del complejo, el patio ajardinado cobra un papel fundamental, ya que se convierte en un punto de encuentro para el alumnado, donde pueden jugar, relajarse y aprender en contacto con la naturaleza. Está dividido en dos por la instalación de asientos escalonados de hormigón.
Las aulas, gracias a sus puertas correderas de cristal, pueden abrirse directamente al patio, permitiendo una integración fluida entre el interior y el exterior. “El pasillo de la escuela serpentea a su alrededor como una segunda protección de las aulas”, detallan los arquitectos. Este diseño no solo promueve la flexibilidad en el uso del espacio, sino que también facilita la creación de metodologías pedagógicas más dinámicas y participativas.
Junto al edificio principal, otras estructuras complementan el complejo educativo como un centro médico y una cantina ubicados en zonas estratégicas, lo que permite asegurar la accesibilidad y el bienestar de los estudiantes. En el extremo oriental, un pequeño edificio de dos plantas alberga oficinas y una entrada independiente para el personal, conectando la escuela con el vecino parque Place Rosa.
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