Esta hacienda tequilera en Jalisco (México) se mimetiza con el rojo de la tierra

El complejo La Hacienda de la marca Clase Azul en Jalisco funde la producción industrial con la tradición artesanal de México
Complejo de La Hacienda, fabrica productora de tequila de la marca Clase Azul en Jalisco.
La Hacienda Clase Azul

La arquitectura de las haciendas tradicionales de tequila de los siglos XVIII y XIX estructuraba sus espacios mediante patios centrales, gruesos muros de adobe y extensos corredores. Estas tipologías agrarias ordenaban la vida laboral del campo y facilitaban la convivencia. La hacienda constituía el núcleo económico de enormes extensiones rurales.

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El complejo La Hacienda de la marca Clase Azul en Jalisco funde la producción industrial con la tradición artesanal de México. Arturo Lomelí, fundador de la marca, lo hizo mediante la coordinación de cinco estudios de arquitectura para diseñar un recinto de 22 hectáreas en las tierras altas.

Plaza abierta con un estanque.
Plaza abierta Clase Azul

Atelier ARS lideró la planificación de este proyecto iniciado en el año 2017. Elías Rizo Arquitectos, Estudio Macías Peredo, Tacher Arquitectos y Huber Design Studio completaron el equipo. El propósito era edificar un espacio para la elaboración de tequila y la difusión cultural de la región. Cada despacho asumió la responsabilidad de dar forma a un área específica del terreno.

Mimetismo topográfico

Las tierras altas del estado de Jalisco poseen un suelo con altas concentraciones de hierro. Esta característica mineral otorga un color rojizo a la geografía local. Para fusionar el complejo con este paisaje, los proyectistas seleccionaron materiales de tonos similares: ladrillos, hormigón pigmentado y metales oxidados. 

Sistema de senderos conecta los distintos edificios del complejo.
Senderos Clase Azul

La nave de embotellado, el gran almacén y el edificio de oficinas, destacan por sus imponentes dimensiones. La cubierta presenta un diseño de dientes de sierra con el soporte estructural de bóvedas catalanas y muros portantes. Para eludir la obstrucción visual de los campos de agave, los arquitectos decidieron enterrar una gran parte del almacén. 

El nivel superior de la techumbre queda alineado con la línea del suelo, creando un "horizonte cerámico" perceptible en la distancia. El uso de técnicas artesanales tradicionales a escala industrial generó trabajo para los habitantes de la zona. 

Revestimiento de piedra volcánica ahumada extraída de la misma finca en las paredes.
Piedra volcánica Clase Azul

Los especialistas combinaron sistemas constructivos actuales con saberes ancestrales del trabajo en barro. El metal proporciona la resistencia necesaria para sostener las grandes luces de las cubiertas.

Recorridos entre zonas productivas y de exhibición

Un extenso sistema de senderos conecta los distintos edificios del complejo. El recorrido comienza en la zona posterior de la nave principal y guía a los visitantes por una plaza abierta con un estanque. El recinto cuenta con pabellón cerrado y un restaurante de comida típica llamado OYA.

Diseño de dientes de sierra con soporte estructural de bóvedas catalanas y muros portantes.
Cubierta Clase Azul

Mientras un estudio se encargaba de los sistemas técnicos, el otro se dedicó a la fábrica de cerámica y tequila, a la que se accede por senderos. El edificio presenta gruesos muros exteriores con forma de colmena. El hormigón de color rojo reviste estas paredes, formando patios interiores resguardados con estructuras rectangulares. 

La combinación de pasillos, altas chimeneas y construcciones circulares de ladrillo otorga al conjunto un aspecto de templo industrial. En la gran finca, los visitantes encuentran un centro revestido de piedra volcánica ahumada. Esta área de pabellones de diversas alturas, se encuentran unidos por un patio central. 

Todos los materiales tienen una coloración rojiza, los ladrillos, el hormigón pigmentado y los metales oxidados.
Materiales rojizos Clase Azul

La colocación de la piedra extraída de la misma finca imita formas orgánicas e irregulares. La instalación incluye zonas de exposición de arte y espacios dedicados a la gastronomía tradicional.

La obra arquitectónica trasciende su función industrial inicial. El diseño respeta el pasado histórico de la región y proyecta una herencia cultural perdurable. La inserción de edificios monumentales en un entorno natural exige sensibilidad absoluta con la topografía y los materiales del lugar. 

Pasillos internos y ladrillos de arcilla cocida en la nave de embotellamiento.
Nave de embotellamiento Clase Azul

La integración del trabajo manual de los artesanos en grandes naves de producción subraya el inmenso valor de la identidad mexicana. Las generaciones futuras podrán apreciar este legado material imponente. La arquitectura se convierte en un nexo físico entre la memoria colectiva, el desarrollo económico y el paisaje natural.

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