El ser humano siempre ha tenido la naturaleza como una fuente de inspiración para sus diseños artísticos. Especialmente en la arquitectura, la diversidad de paisajes y elementos naturales, como las montañas, los ríos, los bosques o las formaciones rocosas no solo han sido guías sino que han influido en la manera que la sociedad ha construido en ellos.
Hoy, más que nunca, el diseño arquitectónico busca integrarse con el entorno natural en lugar de dominarlo, generando proyectos que respetan y regeneran los ecosistemas donde se insertan. Ese principio inspira a Las Rocas, un conjunto de cuatro viviendas en Valle de Bravo, México, donde cada piedra y cada árbol marcan el rumbo del diseño.
Adaptada al terreno
El proyecto, firmado por el arquitecto mexicano Ignacio Urquiza y la diseñadora de interiores Ana Paula de Alba, se levanta en lo alto de un afloramiento rocoso y vegetación endémica en La Peña, una zona protegida por su riqueza natural. Por ello, antes de colocar un solo bloque, los estudios realizaron un exhaustivo análisis para ubicar las casas de manera que se redujera el impacto sobre los cursos de agua y el medio.
Según los estudios, “el terreno de 6.400 metros cuadrados se trató como una extensión de la reserva natural adyacente, y el proyecto busca respetar y regenerar este entorno”. Para conseguirlo, se adoptó un sistema semimodular donde las casas comparten ciertos elementos de hormigón, pero cada una presenta variaciones en función de su localización exacta.
Este planteamiento permitió generar un conjunto coherente sin renunciar a la singularidad de cada vivienda. “La idea fue crear un sistema dinámico, generando diferentes configuraciones para optimizar las composiciones de cada ubicación”, señalan en los estudios.
El resultado son cuatro casas independientes, dispuestas de manera libre sobre el terreno sin tocarse entre sí. Los vacíos situados entre ellas se transforman en espacios de contemplación, corredores naturales de ventilación y marcos visuales que resaltan el paisaje. La circulación entre sí se integra en el entorno: escaleras, pasarelas y plazas surgen como prolongaciones del relieve rocoso.
“En Las Rocas, un cuarto de baño puede ser una piedra, un árbol una parte del techo y el propio terreno una pasarela o un conjunto de escalones: la naturaleza define el diseño”, resume el equipo.
Conexión directa con el paisaje
Cada vivienda se concibe como una pieza única dentro de un conjunto armónico. El acceso parte de un área central de servicios, donde se concentran los espacios técnicos y el estacionamiento, para después avanzar a pie hasta las viviendas mediante senderos y escaleras que refuerzan la experiencia de inmersión en la naturaleza.
Los módulos principales de salón, comedor y cocina cuentan con techos inclinados y esquinas totalmente acristaladas. Gracias a sistemas de paneles retráctiles, los interiores se abren por completo hacia terrazas exteriores. Estas áreas al aire libre se diseñaron respetando las singularidades del lugar, como árboles que atraviesan el pavimento, rocas que emergen dentro de pequeñas piscinas y superficies que parecen prolongaciones de la montaña.
Los dormitorios continúan esa misma lógica de transparencia y conexión con el paisaje, rodeados de vidrio en dos de sus lados. Una de las casas, incluso, organiza tres habitaciones en forma de torre sobre una pendiente, ofreciendo vistas en distintas alturas.
El exterior de los edificios tiene acabados con estuco gris claro, imitando los tonos predominantes de las piedras circundantes. El vidrio, colocado a ras de las fachadas, multiplica los reflejos y genera un contraste sutil entre la robustez de los muros y la irregularidad del terreno.
“Esta combinación de colores permite una arquitectura discreta y sencilla: la composición de los volúmenes sólidos crea una sensación de ligereza; la vegetación y la naturaleza se mantienen como elemento principal”, destacaron los estudios.
El diseño interior fue personalizado para cada propietario, incorporando maderas cálidas de tonos oscuros, piezas de cuero curtido y alfombras de sisal con texturas. Estos materiales aportan una atmósfera acogedora que contrasta con los acabados de hormigón y estuco, reforzando la idea de que lo rudo y lo delicado pueden convivir en un mismo espacio.
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