La casa de hormigón escondida tras un muro curvo frente al Pacífico mexicano

Casa Tao tiene 472 m2 y está situada en Puerto Vallarta. Se concibe como un espacio introspectivo que se protege del exterior mediante muros curvos y patios encadenados
Casa Tao es una vivienda concebida como un espacio introspectivo que se protege del exterior mediante muros curvos y patios encadenados.
Casa Tao Gustavo Quiroz

Las casas de hormigón han sido durante décadas un laboratorio para explorar la relación entre materia, luz y espacio. Cuando este material se deja visto, sin revestimientos, se revela su textura, su peso y su capacidad para moldear la atmósfera interior.

El siglo XX (y el XXI) ha sido el momento del hormigón, el cual se ha usado no solo como estructura, sino como lenguaje arquitectónico capaz de transmitir permanencia, silencio y refugio. Además, en climas cálidos, su masa térmica y su capacidad para crear sombras profundas lo convierten en un aliado ideal frente al calor.

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En la costa del Pacífico mexicano se alza la Casa Tao, una vivienda de 472 m2 situada en Puerto Vallarta, que se concibe como un espacio introspectivo que se protege del exterior mediante muros curvos y patios encadenados.

hacia el exterior, la Casa Tao se presenta como discreta.
Discreta Gustavo Quiroz

Una casa nacida del recuerdo

La génesis de la Casa Tao no parte de una imagen formal, sino de conversaciones con los propietarios. Así lo resume el estudio autor del proyecto, HW Studio. Y es que, durante el proceso de diseño, los clientes evocaron su infancia y la sensación de refugio que ofrecían las casas tradicionales frente al sol intenso de la costa.

En la planta baja se sitúan los dormitorios, el garaje y los espacios de servicio, todos ellos organizados alrededor de un patio central.
Dormitorios Gustavo Quiroz

Para el estudio “algunas casas no se diseñan, se recuerdan. Casa Tao no nació de un plano técnico, sino del recuerdo silencioso de quienes la habitan”. El resultado es una casa que no busca responder a una imagen, sino a una vida. O mejor dicho: a una forma de vivir.

Esta sensibilidad también se ve influida por la cultura japonesa. Antes de iniciar el proyecto, los propietarios viajaron a Japón y desarrollaron afinidad por “la estética del vacío, la limpieza compositiva y la quietud contenida en cada gesto arquitectónico”.

La combinación del patio con el hormigón permitie que la iluminación natural se deslice suavemente sobre las superficies.
Patio César Belio

El estudio decidió entonces crear una vivienda donde el tiempo pareciera ralentizarse y la luz se filtrara suavemente por los espacios. Así, en lugar de orientarse hacia una vista concreta del entorno, la casa se coloca en diagonal respecto al solar, mirando hacia una plaza arbolada cercana.

Este gesto permite captar la brisa marina sin quedar expuesta directamente al sol del Pacífico. “Esta estrategia nos permitió elevar la vida social por encima del nivel de la calle, rodearla de aire y abrirla hacia los árboles y la brisa salina que atraviesa la plaza”, explica el estudio.

Una vida interior elevada

La casa se organiza a partir de una gran pared de hormigón con forma semielíptica que protege la vivienda del exterior. Este muro define una serie de patios y vacíos que estructuran la experiencia espacial.

Las zonas comunes se elevan a un nivel superior contenido dentro de un volumen de doble altura con entrepisos.
Zonas comunes Gustavo Quiroz

En la planta baja se sitúan los dormitorios, el garaje y los espacios de servicio, todos ellos organizados alrededor de un patio central. Cerca del garaje aparece un segundo patio con un pequeño estanque reflectante que introduce un elemento de calma dentro de la vivienda.

Las zonas comunes, en cambio, se elevan a un nivel superior contenido dentro de un volumen de doble altura con entrepisos. Esta “caja” interior está casi completamente aislada de la calle. Solo una ventana cuadrada situada en el triforio conecta visualmente con los patios interiores.

El primer nivel alberga la sala de estar y el comedor, mientras que el nivel superior contiene un estudio iluminado por lucernarios. Esta organización busca que la vida cotidiana se desarrolle en una atmósfera tranquila y protegida.

El hormigón vertido in situ se convierte en el protagonista absoluto del proyecto. Según el estudio, el material “absorbe la luz con delicadeza”, permitiendo que la iluminación natural se deslice suavemente sobre las superficies.

La casa se organiza a partir de una gran pared de hormigón con forma semielíptica que protege la vivienda del exterior.
Muro curvo Hugo Tirso

La composición espacial se inspira también en el ensayo El elogio de la sombra del escritor japonés Junichirō Tanizaki, que reflexiona sobre la importancia de la penumbra en la arquitectura tradicional japonesa. Así, las sombras profundas y los patios encadenados crean una secuencia de espacios contemplativos.

En el interior, “todo está dispuesto para que la vida transcurra de una forma más lenta y plena, más abierta a lo invisible. Es una casa que se retira discretamente y ofrece sus espacios como atmósferas para la contemplación y el recuerdo”, concluye el estudio.

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