La historia de Javier: primero compró casas para personas sin hogar y ahora abre un quiosco para darles trabajo

Quiosco solidario
Quiosco solidario Javier Cascón

El quiosco del Paseo de las Acacias número 37, en el distrito madrileño de Arganzuela, volvió a levantar la persiana el pasado 12 de enero, pero no como un negocio cualquiera. Detrás del mostrador no hay solo prensa, café o revistas: hay segundas oportunidades.

La iniciativa está impulsada por Javier Cascón, conocido por haber comprado y gestionado varios pisos en Madrid destinados a personas sin hogar, y que ahora da un paso más en su proyecto social: crear empleo real para quienes más difícil lo tienen.

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Javier Cascón
Javier Cascón con su libro idealista/news

Desde hace años, Javier y su mujer, María Nandwani Aragoneses, gestionan el proyecto Amén sin tilde, a través del cual han puesto en marcha cuatro pisos para personas sin hogar. No se trata solo de ofrecer alojamiento, sino de acompañar a quienes viven allí en un proceso de reconstrucción personal y social.

Con el tiempo, Javier detectó un problema clave: tener una vivienda es imprescindible, pero sin ingresos estables la exclusión social se cronifica. La respuesta fue clara: crear empleo desde lo pequeño, desde el barrio y desde la comunidad.

Un quiosco como herramienta de inclusión

Así nació este quiosco social, gestionado por cuatro personas y levantado con una inversión inicial de 11.000 euros. El dinero ha salido a partes iguales entre un amigo cercano, Jesús, y los sueldos de Javier y su mujer.

“No hay grandes inversores ni subvenciones detrás”, explica Javier. “Solo personas que creen que esto merece la pena”. El quiosco no es un experimento puntual, sino un proyecto pensado para ser sostenible y generar empleo digno a personas en situación de exclusión social, muchas de ellas vinculadas previamente a los pisos de acogida.

Quiosco solidario
Quiosco solidario Javier Cascón

El quiosco se enmarca dentro de Somos Talita, una comunidad impulsada por Marta Corcuera y Jesús García Melgar, formada por jóvenes que buscan “poner el amor en acción” a través del servicio a personas que sufren: en cárceles, hospitales, en la calle o en contextos de abandono. Si quieres colaborar con el proyecto puedes hacerlo aquí.

Su inspiración se resume en una cita bíblica que Javier no duda en compartir: “Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Esa filosofía es la que sostiene tanto el quiosco como los pisos de acogida: no asistencialismo, sino cercanía, responsabilidad y dignidad.

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Quiosco solidario Javier Cascón

Un proyecto pequeño, pero con impacto real

Desde su reapertura, el quiosco se ha convertido en un punto de encuentro vecinal y en un símbolo de que la inclusión también se construye desde lo cotidiano: un café, una conversación, un trabajo que devuelve autoestima.

Para Javier, el camino tiene sentido precisamente por eso: primero fue ofrecer un techo, ahora un empleo, mañana, quizá, nuevos espacios donde las personas dejen de ser “usuarios” y vuelvan a ser protagonistas de su propia vida.

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Quiosco solidario Javier Cascón

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