Las olas de calor han dejado de ser episodios puntuales en España para convertirse en una realidad cada vez más frecuente. Ante esta circunstancia, una vivienda certificada bajo estándar Passivhaus Plus en la provincia de Barcelona ha demostrado que es posible mantener el confort interior incluso durante un verano extremo, con temperaturas exteriores de hasta 37ºC y medias de unos 4ºC superiores a las de años anteriores, sin disparar el consumo energético.
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La casa, concebida bajo criterios de eficiencia energética, salud y resiliencia climática, afrontó su primer verano de uso coincidiendo precisamente con una intensa ola de calor. A pesar de ello, el comportamiento térmico fue muy superior al esperado. Según explica Oliver Style, especialista en diseño Passivhaus y residente de la vivienda, “una Passivhaus bien diseñada no se sobrecalienta por tener mucho aislamiento y control de infiltraciones de aire; al revés, se mantiene estable, fresca y con muy poca energía”.
Uno de los datos que más sorprendió a Oliver tras los primeros meses de funcionamiento fue que el consumo real registrado entre junio y octubre resultó un 3% inferior al previsto inicialmente. Además, el impacto de la instalación fotovoltaica fue decisivo: durante todo ese periodo apenas se necesitaron 137 kWh de la red eléctrica, ya que prácticamente toda la demanda energética quedó cubierta mediante generación solar propia.
La experiencia confirma cómo el confort de verano se está convirtiendo en uno de los grandes argumentos del estándar Passivhaus en nuestro país. “El problema ya no es solo pasar frío en invierno; cada vez más es dormir bien en agosto, trabajar en casa sin achicharrarte y sobrevivir a olas de calor más frecuentes”, asegura Style. En este tipo de viviendas, el confort no se limita únicamente a mantener una temperatura agradable, sino que implica estabilidad térmica, ausencia de corrientes de aire, buena calidad del aire interior... “Entrar en casa y notar que todo está en calma”, resume el experto.
El buen comportamiento de la vivienda se debe a la combinación de múltiples estrategias pasivas y activas bien estudiadas. La orientación y compacidad del edificio, las protecciones solares exteriores, la vegetación, la ventilación nocturna mediante efecto chimenea, las mosquiteras que permiten ventilar sin restricciones y una envolvente térmica continua con lana mineral (Knauf Insulation) desempeñan un papel fundamental para evitar el sobrecalentamiento.
Precisamente, el aislamiento continuo y el control de infiltraciones de aire han sido algunas de las claves del proyecto. “Una envolvente discontinua es como una nevera con la puerta mal cerrada: en invierno pierdes calor y en verano dejas entrar calor justo por donde no quieres”, explica Style. Gracias a esta continuidad del aislamiento, junto con las protecciones solares y la ventilación eficiente, la vivienda evita absorber los picos térmicos exteriores y reduce al mínimo el trabajo que debe realizar el sistema de refrigeración.
La casa también incorpora ventilación mecánica con recuperación de calor y humedad, capaz de preenfriar el aire en verano, así como sistemas de climatización diseñados para cargas energéticas muy bajas. Todo ello contribuye a crear un ambiente interior estable y confortable durante todo el año, incluso en condiciones climáticas extremas.
La experiencia de esta vivienda pone sobre la mesa un cambio de paradigma en la construcción. La eficiencia energética ya no se percibe únicamente como un fin para ahorrar en calefacción o en climatización, sino como un medio a para garantizar bienestar, salud y resiliencia frente a veranos cada vez más extremos. Como concluye Oliver Style, “las pequeñas decisiones son las que hacen que el edificio funcione de verdad”.
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