La historia de las casas flotantes como vivienda se remonta a siglos atrás, originándose como refugios básicos para pescadores o comerciantes en los ríos de Asia y los intrincados canales de Europa. Nacieron de la necesidad y la escasez de tierras edificables, especialmente tras periodos de posguerra donde proliferaron como una alternativa habitacional rápida y económica.
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Hoy en día, estas estructuras sobre el agua han abandonado su carácter precario ofreciendo un estilo de vida alternativo que fusiona el lujo, la innovación técnica y el contacto directo con la naturaleza.
En esta línea de evolución constante y sofisticación residencial, el estudio de arquitectura londinense TiggColl ha dado un giro al concepto tradicional de la casa flotante. El resultado es la bautizada como Float House, una vivienda familiar que destaca por ser increíblemente luminosa, espaciosa, sin incómodos escalones y, sobre todo, muy fácil de mantener.
Un hogar a medida
La Float House es la respuesta a las necesidades reales de una familia de cuatro miembros. Fue diseñada para Phil y Narinda, quienes junto a sus dos hijos adolescentes, residen desde el año 2018 en una idílica comunidad privada de casas flotantes ubicada en el canal Grand Union, en la zona de Ruislip, al noroeste de Londres.
Aunque la familia era una apasionada de la vida sobre el agua, residir en una barcaza tradicional se había convertido en un auténtico desafío a medida que los niños crecían debido a tener un único y diminuto cuarto de baño y una carencia casi total de espacio de almacenamiento.
Además, también sufría de problemas endémicos de humedad y goteras. Esta situación pasó de ser un problema grave de salud cuando a Narinda le diagnosticaron una enfermedad que afecta severamente a sus articulaciones y a su movilidad diaria.
"Era fundamental que cualquier nueva vivienda sobre el agua estuviera situada por encima de ella, y no dentro, ya que el frío y la humedad pueden agravar la enfermedad de Narinda", explica el estudio. Por ello, garantizar un acceso a nivel era una prioridad absoluta, permitiendo a la familia entrar y salir de la vivienda sin el obstáculo que suponen las tradicionales escaleras de los barcos.
Para materializar esta visión, se desarrolló una estructura modular compuesta por 10 cascos de acero entrelazados que permite retirar secciones del agua de forma individual para facilitar las labores de mantenimiento, solucionando uno de los mayores dolores de cabeza de las casas flotantes, especialmente en lugares donde la ausencia de un dique seco o muelles hace imposible sacar la casa entera del agua con una grúa.
Sobre esta base de acero, el volumen del edificio se erige soportado por 20 robustos pórticos de pino laminado encolado. Para garantizar la durabilidad frente a los elementos, la fachada exterior se ha revestido con elegantes listones horizontales de madera Accoya, un material de alta tecnología y sumamente resistente al agua.
Optimizando cada centímetro cuadrado
Los arquitectos tuvieron que hacer frente a estrictas limitaciones espaciales. La longitud máxima de 20 metros para ajustarse al amarre disponible, y una anchura máxima de cuatro metros para no entorpecer el tráfico del canal.
Dentro de este ajustado volumen, se logró planificar una distribución interior eficiente. La vivienda cuenta con un salón y comedor diáfano, tres dormitorios completos y cuartos de baño y duchas en estancias independientes.
Uno de los elementos de diseño más ingeniosos son los ventanales en voladizo o bay windows. Al proyectarse hacia la orilla, éstas proporcionan un valioso espacio adicional que se ha aprovechado para extender las encimeras de la cocina y crear repisas integradas junto a las camas en las habitaciones de los adolescentes.
Para el estudio, estos voladizos aportan "esa tan importante sensación de amplitud que ya mencionaba Shakespeare", además de definir la estética de la fachada que da al río, incorporando paneles de ventilación y protección solar.
Los marcos de pino a la vista aportan una enorme calidez que contrasta elegantemente con los suelos de roble laminado y los modernos armarios negros de la cocina. "Queríamos que el diseño expresara la filosofía de nuestro estudio, basada en la sinceridad, y que fuera radicalmente humano", señala el estudio.
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