La arquitectura de nuestro tiempo combina, más que nunca, materiales naturales e industriales para buscar unas texturas y una estética atractiva y atrayente. La madera aporta calidez, textura y vínculo con el paisaje, mientras que el acero, el hormigón o el vidrio introducen resistencia, precisión y una estética más rotunda.
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Cuando ambos mundos se equilibran, el resultado puede ser una vivienda sobria, duradera y profundamente conectada con su entorno. Así se presenta Caju House, una casa vacacional situada cerca de la estación de esquí Jackson Hole Mountain Resort.
Vivir con lo esencial
Diseñada por CLB Architects en Wyoming, la Caju House fue concebida para una joven familia de Miami que buscaba un refugio tranquilo, rodeado de naturaleza y alejado de cualquier exceso formal.
La vivienda se levanta en una de las últimas parcelas sin urbanizar de Teton Village, un terreno inclinado, rocoso y arbolado con vistas al valle del río Snake y a las montañas. El proyecto debía adaptarse con delicadeza a esa topografía sin alterar demasiado el paisaje.
“Con raíces en Brasil y un profundo aprecio por la naturaleza, imaginaron una casa íntima y acogedora donde su familia y los invitados ocasionales pudieran conectar y relajarse. Su encargo hacía hincapié en una vida sencilla -una casa diseñada para lo esencial en lugar de para el exceso- basada en la practicidad y los materiales naturales”, explica el estudio.
La casa se organiza mediante dos volúmenes que forman una planta en L. Uno de ellos, más largo y de dos alturas, está cubierto por un tejado a dos aguas; el otro, más corto y de una sola planta, se introduce en la pendiente con una cubierta plana y queda parcialmente elevado sobre columnas.
“El terreno, densamente arbolado y salpicado de rocas, requería un enfoque de diseño sensible, que minimizara la tala de árboles y la alteración del terreno. La estructura resultante está a la vez integrada en el paisaje y flotando sobre él”, añadieron.
Acero Corten, alerce y hormigón para envejecer con elegancia
El exterior de la vivienda está revestido con acero resistente a la intemperie, cuyo tono anaranjado recuerda al cajú o anacardo brasileño, fruta que da nombre a la vivienda. Este material industrial se combina con alerce en las zonas retranqueadas, creando contraste y subrayando el carácter escultórico del conjunto.
“La materialidad es el núcleo de la identidad del proyecto, con una paleta limitada al acero, la madera y el hormigón. Estos materiales duraderos y sencillos se eligieron por su capacidad para envejecer con elegancia y por su belleza inherente”, explicó el estudio.
El interior cuenta con 302 metros cuadrados y mantiene esa misma lógica material. El alerce continúa en paredes, techos y mobiliario empotrado, generando una atmósfera cálida y unitaria. A esa base natural se suman suelos de hormigón y detalles de acero inoxidable, que aportan un acabado más preciso y contemporáneo.
La planta baja alberga garaje, vestíbulo, lavadero y gimnasio, mientras que la planta superior concentra los espacios principales para aprovechar mejor las vistas. Allí se ubican la zona común, el dormitorio principal y tres habitaciones adicionales.
Una escalera envuelta en acero inoxidable perforado conecta ambos niveles y permite que la luz atraviese su estructura. En el exterior, balcones y terrazas refuerzan la relación con el bosque. Incluso una plataforma metálica se perfora para dejar crecer dos álamos existentes, una decisión que resume el espíritu del proyecto: construir sin borrar el paisaje.








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