El precio del oro ha caído casi un 30% desde los máximos históricos de enero, cuando tocó techo en los 5.626 dólares. La abrupta caída después de un 2025 de subidas extraordinarias ha abierto un apasionado debate sobre si ha llegado el momento de tomar posiciones en la materia prima. Hay una división de opiniones creciente entre los analistas de las distintas firmas.
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Lo que no tiene discusión es que, a los niveles actuales, comprar oro vuelve a ser una opción. Los expertos estaban de acuerdo en que, tras el extraordinario rally de más del 60% del año pasado, el metal amarillo necesitaba una corrección. Un ajuste que ya se ha producido y que ha llevado el precio hasta los 4.000 dólares. ¿Hay que aprovechar la oportunidad ya o hay que esperar para comprar más barato?
Los analistas de Bank of America apelan a los precedentes históricos. Recuerdan que, tras los récords de los años 1980 y 2011, el oro perdió después alrededor de un 50% de lo que avanzó previamente. Lo que quiere decir que, en el peor de los casos, el precio del metal podría retroceder hasta niveles de alrededor de 3.300 dólares. Pero el riesgo de aguantar tanto es que la recuperación llegue antes.
Los analistas del banco americano creen que, a los actuales niveles, se podrían realizar las primeras compras tácticas, que cogerían velocidad si el oro cae por debajo de los 3.700 dólares. Si el castigo crece, habría que cargar las carteras por debajo de los 3.450 dólares. Por lo tanto, se puede calificar el momento actual como clave, porque el oro se juega su futuro a corto plazo en los 4.000 dólares, desde donde puede moverse en direcciones muy opuestas.
“Una caída por debajo de los 3.900 dólares por onza sugeriría que el fortalecimiento del dólar estadounidense, el aumento de las rentabilidades de la deuda pública y el resurgimiento de las preocupaciones por la inflación vuelven a dominar el comportamiento de los mercados”, señalan los expertos de XTB que, por otra parte, también ven el vaso medio lleno.
Aseguran que los inversores parecen mostrarse cada vez menos dispuestos a vender oro por la simple razón de que hayan aumentado las expectativas de inflación. “Si el temor a una desaceleración económica comienza a pesar más que las preocupaciones inflacionistas, el carácter defensivo del oro podría volver a convertirse en el principal factor impulsor de su cotización. Una ruptura sostenida por encima del rango de entre los 4.200 y los 4.300 dólares por onza podría señalar un regreso más sólido y duradero del capital hacia los metales preciosos”.
En lo que hay consenso es en que el escenario económico y geopolítico es muy incierto. El recrudecimiento de las tensiones en Oriente Próximo, la recuperación del precio del petróleo y la presión para más subidas de tipos en uno y lado del Atlántico no juegan a favor del metal. Pero los expertos están de acuerdo en que el contexto es cambiante y el viento puede girar en cualquier momento.
En este punto, hay puntos de vista muy diversos. ING cree que el potencial alcista del oro poder seguir siendo limitado a corto plazo por las tensiones en Irán, mientras que J. Safra Sarasin prevé que el dólar se debilite hasta final de año, lo que debería ayudar al metal (hay una fuerte correlación entre la divisa y la materia prima) a subir. La firma ve el precio en los 4.600 dólares para final del año.
En cualquier caso, el oro se va a mantener como un activo clave en las carteras, por la liquidez y la seguridad que aporta. No en vano, el metal más valorado por los inversores ha desbancado al dólar como activo favorito de los bancos centrales, que le asignan el 27% de sus inversiones, según los últimos datos del Consejo Mundial del Oro.
Según el organismo, los bancos centrales han acumulado un promedio de 1.000 toneladas de oro en los últimos cuatro años, cuando en la década anterior era de 500 toneladas. Una demostración de que estas instituciones buscan blindar sus carteras con cada vez más peso del metal amarillo que, en plena corrección, vuelve a llamar la atención de grandes, medianos y pequeños inversores.
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