Sin renunciar a la eficiencia operativa que exige un recinto por el que pasan millones de personas al año, las grandes terminales quieren ofrecer un espacio acogedor donde la prisa o la espera transcurran en ambientes agradables.
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La ampliación de la terminal C del Aeropuerto Internacional de Seattle-Tacoma se une a esta concepción de la arquitectura aeroportuaria. Como pieza central se encuentra un gran árbol revestido de madera que se arquea sobre la zona de encuentro.
El árbol representa el colosal sistema de raíces de un antiguo cedro rojo occidental. Mediante su intrincado diseño arquitectónico, la obra invita a los viajeros a contemplar la profunda conexión entre la humanidad y los misteriosos ecosistemas forestales.
La ampliación lleva la firma de los estudios The Miller Hull Partnership y Woods Bagot, en colaboración con el Puerto de Seattle. Abarca la terminal C, y partes de la terminal D que duplica la superficie de los edificios existentes gracias a cuatro plantas nuevas.
Fachada que responde al cielo del pacífico
El volumen resultante tiene forma de cuña, con una cubierta de pendiente suave ocupada por paneles fotovoltaicos y una fachada de vidrio ondulado que se convierte en el rasgo más reconocible del exterior.
Los paneles, orientados al sur y al oeste de forma alterna, se fabricaron con vidrio electrocrómico, un material capaz de regular su opacidad para reducir el deslumbramiento, y aprovechar la luz natural según las condiciones de cada instante.
El estudio explica que “el vestíbulo se adapta a los cambios de luz y clima del noroeste del Pacífico a lo largo del día”. En las jornadas nubladas, tan frecuentes en la región, el vidrio gana transparencia para abrir las vistas hacia las pistas y la cordillera Olympic, mientras una iluminación suave y uniforme baña el interior y conecta a los viajeros con el paisaje.
El Tree at C de madera local
Dentro, el edificio se organiza en torno a una amplia zona de tipo mercado con gradas, y una gran columna forrada de paneles de madera que sube hasta el techo. La estructura, bautizada como Tree at C.
Las formas orgánicas construidas con listones de cedro amarillo de Alaska capturan la esencia pura de un bosque milenario. Cada diminuto fragmento tallado refleja el ciclo vital de los árboles centenarios.
El artista concibió esta deslumbrante pieza para evocar reverencia ante la inquebrantable fuerza de la madre naturaleza. Las líneas curvas simulan el flujo constante de los ríos locales por los valles.
El uso de materiales autóctonos honra la rica historia ecológica de la región montañosa. La luz solar resalta las vetas doradas del majestuoso cedro. El cálido tono de la superficie evoca sensaciones de confort para mitigar la ansiedad de los vuelos. El diseño rinde homenaje al ciclo infinito de la vida silvestre.
A su alrededor se distribuyen puestos de comida y tiendas, y tanto la escalera central como el propio árbol, se pensaron como punto de orientación y lugar donde detenerse en medio del ir y venir de pasajeros.
La ampliación suma una terraza mirador al aire libre en una esquina de las plantas superiores, orientada hacia la pista de aterrizaje. El espacio está acristalado en todo su perímetro y queda protegido por los paneles fotovoltaicos de la cubierta, de modo que el visitante puede contemplar las operaciones del aeródromo resguardado de la lluvia.
El proyecto reúne varias primicias para el aeropuerto de Seattle-Tacoma, como los primeros sistemas de climatización y energía por completo eléctricos y la primera candidatura a la certificación LEED Platino, el nivel más exigente del sello ambiental estadounidense.
Estas decisiones encajan con la ambición del plan Upgrade SEA, que contempla también la ampliación de las vías de circulación de aviones y un sistema de equipajes más eficiente.
La ampliación confirma una tendencia que gana peso en la arquitectura aeroportuaria, donde la madera y los materiales de proximidad se abren paso en recintos donde hasta hace poco mandaban el acero y el hormigón visto.
La inclusión de arte público en terminales aéreas genera invaluables momentos de introspección. La imponente presencia de la madera cruda contrasta con el reluciente metal del moderno entorno aeroportuario.
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