La transformación del Edificio Pereda de Santander, de sede financiera a faro cultural

El Edificio Pereda, que data del año 1795, ha experimentado numerosas ampliaciones con el paso del tiempo. Ahora es un museo que transforma los espacios cerrados en áreas de uso público
El Museo Faro Santander se ubica en la capital cántabra.
Museo Faro Santander Juan Baraja

El bloque original del Edificio Pereda en Santander data del año 1795. Con el paso de los siglos, el inmueble experimentó numerosas ampliaciones. Esas modificaciones sucesivas dotaron a la construcción de una identidad arquitectónica compleja. En etapas pasadas, este recinto funcionaba con restricciones de acceso por su naturaleza corporativa. 

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Las oficinas de origen británico y español de David Chipperfield Architects han reformado estos 10 pisos para crear el museo Faro Santander transformando los espacios cerrados en áreas de uso público. El antiguo Banco Santander abre sus puertas a toda la población por primera vez en su historia. 

Los acabados son de hormigón desnudo y metales grises.
Acabados Juan Baraja

Su nuevo nombre resalta el propósito de guiar a los visitantes mediante el conocimiento, marcando el inicio de un capítulo distinto para el patrimonio edificado de la ciudad.

Nueve años de planificación

La intervención requirió nueve años de trabajo minucioso. El proceso abarcó 10.000 m2 de oficinas antiguas. El estudio conservó una gran proporción de la estructura original, buscando mantener el carácter propio del volumen.

El interior cuenta con un diseño minimalista en blanco.
Diseño Juan Baraja

En el centro de la planta destaca un enorme eje de circulación que enlaza con un arco preexistente de la fachada principal. Ese vacío monumental conecta todos los niveles mediante perspectivas amplias.

Según el estudio, “este gran hueco central representa la apertura del lugar a la ciudadanía de Santander”. Las nuevas galerías artísticas ocupan cinco pisos completos, dotando al edificio de gran amplitud expositiva.

Los espacios se distribuyen mediante pasillos y recorridos fluidos.
Espacios Juan Baraja

La planificación incluye áreas complementarias fundamentales para el disfrute de los usuarios. En la planta baja y el sótano, los visitantes encontrarán un auditorio de usos múltiples. Las plantas superiores integran una cafetería y un restaurante. Una terraza superior con mirador permite contemplar la bahía cántabra. Un pabellón de acero corona la azotea, estableciendo un contraste de materiales con la base tradicional del edificio. 

Una escalera de caracol, moldeada en hormigón visto, facilita el tránsito interno entre las salas. Respecto a la sostenibilidad, el estudio incorporó sistemas de energía geotérmica para climatizar los interiores. Las cubiertas verdes y las instalaciones diseñadas para recolectar agua de lluvia reducen el impacto ambiental del recinto. 

La escalera de caracol está moldeada en hormigón visto.
Escalera de caracol Juan Baraja

Gracias a estas implementaciones técnicas, el proyecto obtuvo la certificación global BREEAM Outstanding, logrando una puntuación de 92,96 puntos. Esa cifra marca el nivel máximo registrado a escala mundial por un espacio de uso cultural.

Un programa para la participación artística

El esquema interior prioriza la claridad de circulación y la flexibilidad de uso. Daniel Vega Pérez de Arlucea, director de la institución, describe el centro como un espacio abierto, accesible y plural. Las salas mostrarán obras destacadas de la Colección del Banco Santander. Este acervo representa una de las compilaciones de arte privado con mayor extensión en España. 

De manera simultánea, el lugar servirá de plataforma de ensayo para producciones recientes y experimentación artística de vanguardia.

El ventanal acristalado ofrece vistas a la bahía.
Ventanal Juan Baraja

El fundador del estudio encargado de la remodelación subraya la necesidad de replantear las conexiones de los volúmenes públicos con los ciudadanos. Según él, “la prioridad del proyecto reside en fomentar la participación ciudadana y la cultura”. Por ello, la disposición de los pasillos y escaleras facilita recorridos fluidos, invitando a las personas a explorar cada sala con total libertad.

Los materiales elegidos para los acabados, como el hormigón desnudo y los metales grises, aportan gran sobriedad a los espacios de exposición. Esta neutralidad de tonos otorga todo el protagonismo a las piezas exhibidas. Las divisiones interiores permiten adaptar las salas a diferentes formatos de presentación, desde pintura clásica hasta montajes interactivos de tecnología. 

La proximidad a las aguas del Cantábrico nutre al museo de la luz natural del mar, mejorando la experiencia espacial de todos los usuarios durante sus visitas diurnas. Situar este polo de atracción en Santander impulsa a la comunidad de Cantabria como un eje cultural de primer orden.

En el mirador se ubican esculturas de Blandes.
Mirador Juan Baraja

Esta transformación preserva el patrimonio protegido del país. La integración de tecnologías limpias, el respeto por las preexistencias históricas y la vocación pública convierten a este proyecto en un modelo referencial de intervención arquitectónica en Europa. 

El Faro Santander, custodiado desde el mirador por las figuras de piedra del escultor Blanes, logra fusionar la memoria del lugar con las necesidades actuales de los ciudadanos, asegurando así su vigencia por muchas décadas.

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