Todo lo que quería saber sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones… pero temía preguntar

Se cobra una pensión razonable, pero el sistema de reparto actual va a ser incapaz de pagarla de forma sostenible en el tiempo. Lo recomendable sería un sistema mixto
Pensionista
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Pocos temas han sido tan manidos en los últimos años en España como la sostenibilidad del sistema de pensiones. El discurso de los políticos de turno siempre es el mismo, que no pasa nada, que está todo acordado en el Pacto de Toledo, que los pensionistas siempre van a cobrar su pensión, pase lo que pase.

Evidentemente, la mayoría de los políticos “son de letras” y les cuesta manejar la simple aritmética, para ver que, como vamos a constatar en los párrafos siguientes, los números son los que son y el milagro de los panes y los peces sólo se dio en el Evangelio de San Mateo. Desgraciadamente, de donde no hay no se puede sacar.

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El problema que tenemos con el sistema de reparto que rige las pensiones españolas (y las de la mayoría de los países de nuestro entorno) es nuestra historia. Las bases de este sistema se generaron después de la Guerra Civil, cuando en España todos los españoles tenían un trabajo (porque si no sencillamente no comían) y, además, se morían a los setenta años. Por ello, trabajar 40 años y aportar un porcentaje del salario a las arcas del Estado, para luego jubilarse a los 65 años y vivir tan solo cinco, hacía que las cuentas cuadrasen.

Ello permitía también que los ideólogos del Régimen ejercieran una presión dogmática sobre las mujeres para que en vez de trabajar fueran amas de casa y madres de hijos que luego serían adoctrinados en los principios generales del Movimiento Nacional. Así y todo, el nacionalcatolicismo permitía que las mujeres jóvenes trabajaran antes de casarse, pero que luego se dedicaran a ser madres de familia, y para ello hacían que las empresas en las que trabajaban pagaran la denominada “dote franquista” a estas mujeres cuando se daban de baja en las empresas para cumplir con la ideología del sistema.

Ello hizo que, al contrario que en los demás países europeos, las mujeres no se incorporaran al mundo laboral, que era un espacio ocupado casi en su totalidad por los hombres, existiendo un colectivo de tan solo tres millones de mujeres trabajadoras, bien jóvenes antes de casarse, bien “rosas de té” que nunca se casaban.

Así las cosas, el sistema funcionaba perfectamente cuando murió el dictador, ya que el número de jubilados era pequeño en relación con la población ocupada, y además vivía poco, por lo que el gasto en prestaciones por jubilación era pequeño. El sistema de pensiones funcionaba como un reloj. En los 20 años siguientes, por mucha modernidad y socialismo que se pregonaba en los medios, la cosa apenas cambio; es decir, las mujeres seguían en sus casas y tenían hijos, pero no se incorporaban al mercado laboral, tal y como podemos ver en el siguiente cuadro:

Evolución de la población trabajadora ocupada en España
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Cuando murió Franco, había 3,63 millones de mujeres trabajando y cuando Felipe González inició su tercera legislatura, eran 4,07 millones, pero el número de mujeres que tenían entre 16 y 64 años se había incrementado en millón y medio de personas (de 11,05 a 12,66 millones), por lo que la tasa de actividad de las mujeres incluso había disminuido desde el 32,84% hasta el 32,13%. Esto lo quiere decir es que los socialistas, a pesar de estar luciendo siempre el feminismo en su ADN, no habían hecho prácticamente nada en ocho años para que las mujeres abandonaran la ideología franquista y se incorporaran al mundo laboral

Tuvo que ser la primera legislatura reformista de José María Aznar la que llevó a las mujeres a las fábricas y las oficinas, superando cuando finalizó su segunda legislatura los siete millones de mujeres trabajadoras. Durante las dos legislaturas de José Luis Rodríguez Zapatero se siguió incrementado este número, aunque a un ritmo bastante inferior. Pero lo verdaderamente importante es que en el período que media entre 1990 y 2011, casi tres millones de mujeres se incorporaron “de golpe” al mercado laboral, incrementando veinte puntos la tasa de actividad, del 32,13% al 52,34%.

Y decimos que lo anterior es importante, porque supondrá un salto muy significativo en el número de jubilados treinta y cinco años después, es decir, entre 2025 y 2045, cuando finalicen su vida laboral. Se jubilarán de forma “extra” tres millones de mujeres, cifra que se adicionará a las jubilaciones habituales del sistema.

Lo anterior no ha ocurrido en otros países europeos, que han tenido un incremento escalonado de población laboral femenina a medida que se iba incrementando la población. Este hecho puede comprobarse en la situación actual de la ratio de personas jubiladas sobre el total de población:

Ratio de población jubilada respecto al total en Europa
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Ante todo, hemos de tener en cuenta la diferencia de esperanza de vida entre hombres (81,38 años) y mujeres (86,53 años), y no sólo eso, sino el hecho de que no es lo mismo esta esperanza de vida al nacer, con la esperanza de vida cuando has llegado a los 67 años; en términos técnicos se trata de una probabilidad condicionada al hecho de que no hayas fallecido antes de los 67 años. Ello hace que la esperanza de vida de los jubilados a los 67 años se incremente hasta los 84,54 años para los hombres y los 88,22 años para las mujeres, lo que supone que los hombres viven en media 17,54 años después de jubilarse a los 67 años, mientras que las mujeres lo hacen en 21,22 años, es decir, el peso natural de las mujeres sobre el colectivo de jubilados debería ser, a igualdad de actividad laboral, un 21% mayor, simplemente por su naturaleza fisiológica.

La afirmación anterior se puede observar con la ratio en Europa, ya que las mujeres jubiladas superan en dos puntos a los hombres jubilados (10% más); lógicamente hay que tener en cuenta que también en la Unión Europea hay una parte del colectivo femenino que elige dedicarse de forma voluntaria a criar a sus hijos y a sus labores como ama de casa, especialmente en países del arco mediterráneo.

Pero el caso de España es particularmente atípico ya que es la mitad que en Europa (11% frente al 21%). Evidentemente, no podemos huir de nuestra historia, y eso es lo que le va a pasar a las cuentas públicas, que a partir de este año se van a ver martirizadas con un incremento continuo de nuevas jubiladas. De hecho, desde los 3,2 millones de 1982 hasta los 8,2 millones de 2011 no son tres sino cinco millones las mujeres que de forma atípica van a acabar en las listas de jubiladas en la próxima década, haciendo completamente insostenible el sistema de pensiones español en su forma actual.

Al problema citado del aumento del número de jubilados hay que unir el hecho de que, precisamente en la época en la que se incrementó la contratación femenina, se produjo un incremento significativo de salarios en la entonces creciente economía española (1990-2007), mientras que a partir de la crisis financiera (2008-2015) se produjo el efecto contrario, provocado por la denominada “devaluación interna” que se exigió por parte de las autoridades europeas al gobierno español en el año 2012 para que no se llamara “rescate” a lo que sí lo fue.

La consecuencia es clara: los que se jubilarán en los próximos años tendrán una pensión mensual creciente, mientras que los que tienen que pagarla, los jóvenes, tienen un salario muy inferior en términos reales. Vamos, la tormenta perfecta. En el cuadro siguiente se pueden observar las cifras de las pensiones medias contributivas:

Pensiones medias contributivas
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Se puede observar que las prestaciones por pensiones en España son superiores a las de la Unión Europea, y ello es debido a que tenemos una tasa de reposición (relación entre la primera pensión cobrada y el último sueldo percibido) de las más altas de Europa, tal y como se puede ver a continuación:

Tasa de reposición
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Si bien es cierto que las pensiones en España son más generosas que en otros países de nuestro entorno, también lo es el hecho de que los salarios en dichos países son bastante superiores a los españoles y ello permite a las familias constituir fondos de pensiones privados que les aseguren tener un nivel de vida superior al de las familias españolas, las cuales, en general, no han tenido nunca una cultura del ahorro como la existente en países anglosajones y del norte de Europa.

En cualquier caso, el hecho es que se cobra una pensión razonable, pero el sistema de reparto actual va a ser incapaz de pagarla de forma sostenible en el tiempo. De hecho, en la actualidad, se genera un agujero anual cercano a los 70.000 millones de euros, tal y como se puede ver en el siguiente cuadro:

Déficit de la Seguridad Social
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No obstante, y para ser justos, es preciso tener en cuenta que en las cifras anteriores están incluidas todas las otras pensiones (viudedad, incapacidad, orfandad y favor familiares), así como el tema del seguro sanitario público y de las bajas por absentismo, que tienen un coste superior a los 16.000 millones de euros anuales. 

La parte del déficit correspondiente a las pensiones de jubilación podríamos cifrarla en unos 35.000 millones de euros, la mitad del déficit total. El problema es que este déficit no ha hecho más que crecer en los últimos años, al mismo ritmo que han crecido el número de jubilados y el importe de la pensión media por los motivos ya reseñados.

Las previsiones apuntan a que la pensión media seguirá subiendo hasta aproximarse a los 2.000€ mensuales, mientras que ya hemos indicado que la jubilación masiva de las mujeres en la década que viene nos llevará desde el 13,4% actual de jubilados sobre población a la media europea del 20,1%; es decir, de tener que pagar la pensión a 6,6 millones de jubilados a tener que hacerlo a 10 millones de aquí a dos décadas. 

Si el déficit actual es de unos 35.000 millones anuales (no podemos extraer las cifras específicas del déficit de jubilación de las cuentas públicas), es probable que el déficit anual pasará a ser superior a los 100.000 millones de euros, superando a toda la recaudación del IVA, y eso es lo que nos lleva sin lugar a duda a afirmar que el sistema actual de reparto es insostenible.

Dejando aparte algunas propuestas de que se trabaje hasta los 72 o incluso 75 años, lo cual socialmente sería muy complicado de ser aceptado, y asumiendo que los trabajadores españoles van a seguir siendo mano de obra barata para el resto de Europa y que, por tanto, las cotizaciones sociales no van a poder crecer geométricamente para compensar las crecientes prestaciones, no nos quedaría más remedio que sustituir el modelo de reparto por un modelo mixto, entre reparto y “mochila austriaca”.

Es cierto que los sindicatos huyen del modelo austriaco como de la quema, ya que está basado en dedicar una parte del salario a un fondo de ahorro que, en su caso, puede ser utilizado para cubrir los costes del despido de los trabajadores. Pero nosotros no vamos por esa vía, sino porque se dedique exclusivamente a preparar la jubilación de los trabajadores.

El modelo mixto tendría una parte de sistema de reparto, como el actual, pero circunscrito exclusivamente a una pensión de subsistencia, digamos 800€ mensuales que, de forma lineal, recibirían todos los trabajadores, la cual puede pagar perfectamente la Seguridad Social. En paralelo, de todos los salarios se dedicaría entre el 5% y el 10% a constituir un fondo de pensiones que nominalmente se adjudicaría a cada trabajador y que le acompañaría en toda su vida laboral (de ahí el término mochila), puesto que cuando cambiara de empresa, se llevaría su fondo a la nueva, en la que seguiría aumentando su ahorro.

El dinero ahorrado por todos los trabajadores se invertiría en los mercados financieros a través de una gestora del fondo que debería ser pública, aunque con gestión profesional, de manera que la “mochila” iría aumentando tanto por las aportaciones mensuales de las nóminas como por los cupones y dividendos que se obtendrían de la inversión en los mercados. Sí, ya sé que este planteamiento es anatema para la izquierda radical, pero que el sistema de pensiones explote y que no se puedan pagar las prestaciones creo que sería bastante peor para los jubilados.

Obviamente, habría un periodo transitorio que duraría unos 35 años en el cual deberían convivir ambos modelos, ya que no tiene sentido que una persona que tenga 50 años y ha estado cotizando treinta con el sistema de reparto vaya a percibir tan solo 800€ de pensión. La solución no es complicada, basta una simple regla de tres que ponga en relación el número de años cotizados con el número de años que tendría que cotizar hasta llegar a la edad jubilación, actualmente 67 años.

Por ejemplo, supongamos que un trabajador tiene 40 años y empezó a trabajar a los 22 años. Como lleva 18 trabajando y tendría que llegar a trabajar 45, tendría derecho al 18/45 = 40% de su pensión esperada. Si esta fuera de 2.000€ mensuales, a los 800€ de la pensión de subsistencia habría que añadir el 40% de los 1.200€ restantes, es decir, 480€, por lo que su pensión según el sistema de reparto sería de 1.280€, a los que habría que añadir lo aportado a la mochila austriaca así como los rendimientos de estas inversiones:

Pensión media
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Vamos a continuación a plantear la pensión que percibiría el trabajador anterior si empezara a trabajar ahora a sus 22 años, si llevara ya trabajando 18 años (tuviera 40) y si se encontrara al final de su vida laboral en el último año (66 años). Asumiremos que gana 2.500€ mensuales de media durante toda su vida laboral y que cuando se jubile recibirá el 80% como tasa de reposición, es decir, 2.000€. 

Asumiremos que el trabajador dedica el 8% de su salario a ahorrar en su “mochila”, que la gestora invierte a partes iguales el dinero en bonos y en acciones, que la rentabilidad media de los bonos es del 3%, los dividendos de las acciones del 5% y que se genera en términos de media una plusvalía latente anual del 5% por el crecimiento del valor de las acciones en bolsa (de forma natural, y sin alteraciones de cotización, se correspondería con la parte del beneficio que anualmente se incorpora a reservas y que hace que las empresas bursátiles, si ganan dinero, cada vez valgan más).

Con la información anterior, y considerando un tipo de interés de capitalización del 3% similar al de los bonos, podemos construir el siguiente cuadro:

Estimación de las pensiones con un sistema mixto
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Con este planteamiento, la pensión en términos reales a percibir por los nuevos trabajadores (2.351€) sería claramente superior a la que percibirían con el actual sistema de reparto y, dependiendo de la evolución de las inversiones del fondo de capitalización, podría incluso mejorarse. 

Sin embargo, y sólo durante el período transitorio, los trabajadores tendrían una pensión levemente inferior (1.989€) en función de los años que se llevaran trabajando cuando se implante el modelo mixto, pero siempre se puede corregir con alguna bonificación o una pequeña paga extra para corregir el efecto, en el caso de que los rendimientos de bonos y acciones no fueran suficientes para llegar a la pensión que les correspondería si hubieran seguido con el modelo anterior de reparto. Evidentemente, después de que se acabe el período transitorio, ese problema ya no se produciría y el sistema sería sostenible mientras que los trabajadores no tendrían merma en sus ingresos cuando se jubilaran.

Es cierto que a partir de la expectativa de vida (19,49 años de vida media después de los 67 años), habría personas que pasarían a cobrar 800€ de pensión nada más, pero también habría otras que habrían fallecido antes. El sistema debería permitir que se creara un fondo con las pensiones no cobradas (no se heredarían) por los fallecidos prematuramente para que se pudieran cubrir las pensiones de los que rebasasen dicha edad.

Por supuesto, los que empezaran ahora a trabajar ya sabrían que sólo iban a recibir los 800€ de pensión de subsistencia cuando se jubilaran, y los que estuvieran a punto de jubilarse recibirían la pensión que les correspondería de acuerdo con el sistema de reparto actual.

Parece lógico afirmar que esta propuesta necesitará de un importante desarrollo para llevarla a cabo y que habrá numerosos matices que ajustar, pero el cambio de sistema estimo que es mucho mejor que las iniciativas que se han llevado a cabo hasta ahora y que nos llevan a un túnel sin salida. Seguro que hay políticos sin alma que piensan que lo mejor es congelar las pensiones o subirlas tan solo un 0,25% cosméticamente, pero eso sólo lleva a reducir la capacidad adquisitiva de un colectivo que ya no tiene defensa en el mundo laboral, lo cual, llevado al límite, puede hacer que los jubilados tengan que sufrir para llegar a fin de mes. No parece que ese debiera ser un modelo adecuado de convivencia.

En cualquier caso, y como sé que esto de los cálculos no se les da muy bien a nuestros próceres políticos, si quisieran poner en marcha el cambio de sistema, me comprometo a hacérselos de forma gratuita, sin que tengan que solicitar “informes orales” a ningún expresidente del Gobierno.

Por tanto, lo de la insostenibilidad del sistema de pensiones actual debería parecer claro para toda persona que no tenga el presunto nivel de dogmatismo que desgraciadamente tiene la izquierda radical actualmente en nuestro país. En la legislatura anterior, el actual gobernador del Banco de España se dedicó a poner tiritas para aguantar dos o tres años más, pero no aportó ninguna solución. Es evidente que cuando para un político su principal 'leitmotiv' es poder seguir disertando soliloquios con los bonsáis de la Moncloa, aprovechando que no pueden discrepar de su sesgado discurso, el tema que nos ocupa no es prioritario en su agenda, pero créanme, es uno de los principales retos que tenemos actualmente en la gestión de las cuentas públicas de nuestro país.

Así que, o cambiamos el modelo a un sistema mixto, o sencillamente les decimos a los trabajadores que tienen que duplicar sus aportaciones a la Seguridad Social disminuyendo la renta procedente de sus nóminas. ¡Señores políticos! Ustedes mismos.

Miguel Córdoba es profesor de economía y finanzas desde hace 33 años y ha sido director financiero de varias empresas del sector privado.

3 Comentarios:

Jose GrAmerch
17 Marzo 2026, 12:25

Las propuestas de sistemas de capitalización, 'Mochila austriaca', o lo que hacen en Chile, benefician solamente a la banca.
Hay un fallo monstruoso de Base: las pensiones no contributivas las pagan con la caja del INSS, formada con las cotizaciones de trabajadores y empresarios, es una apropiación indebida, doble imposición, malversación de caudales,...
El astado anti-españoles podría poner lo que falta de cotizar para la pensión, o pagar con cargo a otra partida presupuestaria.
Pedro Rico, antes de morir, dijo que 'todos los partidos acababan en Botín? BdS, ese viejo intentó parar a su nena Ana, como Lenin quiso parar a Stalin.
¡Cada día peor!

Jose GrAmerch
17 Marzo 2026, 12:29

Las epnsioens tienen un fallo de abse garrafal: Las no contributivas las cargan a la Caja del INSS, hecha con las cotizaciones de trabajadores y empresarios, como poco sería una doble imposición.
Otra sección estatal debería poner las cotizaciones que faltan para una pensión contributiva, o sacer los fondos de otra parte.
Las propuestas mixtas benefician solamente a la banca, son inaceptables.

Jose GrAmerch
17 Marzo 2026, 12:49

Las pensiones de capitalización benefician solo a los bancos.
Lo primero que se debe hacer es no pagar las pensiones no contributivas con la caja del INSS, eso es como poco doble imposición.
La administración debe pagar las pensiones no contributivas desde otra fuente, o pagar al INSS las cotizaciones que falten.

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