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Día Mundial de la Eficiencia Energética: 6.300 razones para impulsar la rehabilitación de edificios y viviendas

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Autor: Redacción

Artículo escrito por Albert Grau, gerente de la Fundación La Casa que Ahorra

Existen muchas razones para explicar por qué debemos rehabilitar nuestros edificios, aunque no se trata de contar cuántas son, sino de hablar de su importancia. Celebrar el 5 de marzo el Día Mundial de la Eficiencia Energética nos debe llevar a reflexionar sobre dichas razones y sobre la necesidad de alcanzar una velocidad de crucero en la rehabilitación, aprovechando la oportunidad histórica que ofrece la existencia de 6.300 millones de euros de los fondos europeos de recuperación.

Con motivo de esta fecha, vamos a incidir en al menos tres de estas razones con la mente puesta en #EnergyEfficiencyFirst, objetivo marcado en las enmiendas de 2018 a la Directiva Europea relativa a la Eficiencia Energética de Edificios (EPBD).

  1. No podemos esperar a que otros sectores aborden problemas globales como el cambio climático cuando se sabe que los edificios (en el contexto europeo) están detrás del 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero.
  2. No podemos seguir permitiendo que millones de personas en España, y más de 30 millones en el continente europeo, estén pasando frío o temperaturas extremas, vivan con humedades o enfermen en sus propias casas. La protección de la salud es innegociable en este proceso.
  3. No podemos desaprovechar la oportunidad que supone la rehabilitación de un parque de edificios ineficiente para impulsar la mejora de la economía y la creación de empleo en un sector capaz de generar, según los estudios, más de 20 empleos anuales por cada millón de euros invertido. Podríamos seguir con el listado, pero sin duda, las razones mencionadas son suficientes.

La propuesta de Plan de Rehabilitación y Regeneración Urbana avanzado por el MITMA contará con 6.300 millones de euros, procedentes de los más de 70.000 millones de euros en subvenciones de la Unión Europea, y tendrá por objetivo mejorar la eficiencia energética de 480.000 viviendas en los próximos tres años; es decir, rehabilitar a un ritmo anual de 160.000 viviendas al año, más de 5 veces por encima del actual, y marcar el camino del deseable ritmo de 300.000 viviendas rehabilitadas al año que venimos defendiendo hace años desde nuestra Fundación.

De entrada, este plan con fondos europeos contribuirá a superar una de las barreras detectadas, la falta de financiación, pero también a que se alcancen los objetivos marcados en la Estrategia ‘Renovation Wave’ aprobada por la Comisión Europea, que pretende duplicar, como mínimo y de media, la tasa de rehabilitación de la UE en los próximos 10 años.

Ante este escenario positivo y esperanzador, creemos necesario, no obstante, insistir en cinco mensajes clave que deben primar a la hora de utilizar estos fondos y de hacer real la oportunidad que se presenta:

  1. Seguir las recomendaciones de la Directiva EPBD y de la Comisión Europea, que junto al objetivo de la mejora de la eficiencia en, al menos, el 32,5% en el año 2030 (pendiente de actualizar) escogió el lema Energy Efficiency First! El objetivo de este principio era recalcar la necesidad de considerar a la eficiencia energética como la forma más sencilla, equilibrada y justa de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo tanto,  consideramos que debe ser el que siente las bases del plan de rehabilitación. De nada nos serviría convertir nuestros edificios en “edificios verdes” sin emisiones que siguen siendo ineficientes y ruinosos; descarbonizar es clave, pero todo en su debido orden.
  2. El foco debe estar puesto en las personas y en preservar su salud. A raíz de la pandemia se ha puesto de manifiesto que cuando nos hemos visto obligados a permanecer más tiempo en nuestras casas hemos mirado de frente a nuestros edificios y hemos comprobado sus carencias a la hora de proteger nuestra salud física y mental. Necesitamos edificios que nos protejan y nos cuiden, y que contribuyan a reducir también los costes sanitarios y laborales asociados para el Estado. En el estudio que presentó la Fundación en 2016, ya evaluábamos este coste en cerca de 400 € por vivienda al año, una cifra que por sí sola justificaría cualquier plan de subvenciones en base a criterios macroeconómicos.
  3. Abordar y erradicar la pobreza energética. Una reciente actualización de la definición de este fenómeno defiende que no se trata exclusivamente de exclusión social, pues abarca tanto a los que tienen bajos ingresos como a los que su gasto energético supera en 2 veces la mediana del coste. La ‘Renovation Wave’ habla explícitamente de ello, proponiendo reducir y evitar en el futuro situaciones de pobreza energética, dotando a las personas, independientemente de su nivel de renta, de viviendas resilientes frente a una reducción de los ingresos de las familias o frente a subidas de los precios de la energía que tienen su origen en factores que se escapan del control del consumidor. Un edificio que apenas demande energía protegerá a quien lo habite.
  4. Implantar herramientas facilitadoras del proceso que conlleva la rehabilitación de un edificio. La misma EPBD sugería como una de las más valiosas la creación de un pasaporte energético, como el propuesto por la Fundación. El Pasaporte Energético surge para facilitar, fomentar y financiar las actuaciones de rehabilitación progresiva de edificios residenciales mediante una actuación por fases, durante un plazo mínimo de cuatro años, y con el criterio de empezar por reducir la demanda energética anual global de calefacción y de refrigeración, acabando incluso en la autogeneración, pero con la premisa del orden lógico de las cosas. Y no sólo el pasaporte, también la ventanilla única, o la garantía de resultados de una empresa de servicios energéticos que apoyen modelos casi “llave en mano”.
  5. Acompañar el proceso con campañas de información y concienciación que transmitan las ventajas para las personas, para el planeta y para la economía y el empleo de realizar una mejora profunda de las ciudades, los barrios, los edificios y las viviendas en las que vivimos. Se trata de ayudar a generar demanda y de apoyarse en factores detonantes (como la mejora de la accesibilidad) para despertar el interés en la ciudadanía por mejorar la eficiencia energética de sus edificios.

Desde la Fundación no dejaremos de hablar de las ventajas, de concienciar y de impulsar iniciativas que contribuyan a este objetivo.