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La ilusión del crecimiento del PIB de España, provocada por la emisión de deuda pública

Gtres
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Cuando Simon Kuznets diseñó en el segundo tercio del siglo pasado el sistema estadounidense unificado de contabilidad nacional, antecedente del actual modelo de contabilización del Producto Interior Bruto (PIB), en Estados Unidos se estaba en la época del “american dream”, y la emisión de deuda pública no era una actividad capaz de afectar de manera notoria a las diferentes magnitudes macroeconómicas. No es de extrañar, por tanto, que este modelo haya permanecido más o menos sin variación hasta los últimos años y, de hecho, sigue siendo el modelo con el que se homogeneiza la comparación entre los diferentes países del mundo.

Pero llegó la crisis financiera en el año 2008, y los economistas empezamos a ver algunos efectos que nos parecían un poco extraños. Por ejemplo, durante el mandato de Mariano Rajoy oficialmente se nos comunicó que estábamos creciendo por encima del 3% en el PIB durante varios años, es decir, un punto por encima de Alemania y dos puntos por encima de Francia, y se hablaba del “milagro económico español” por parte del aparato de marketing político del Partido Popular.

Después llegó la pandemia, resulta que España bajó oficialmente su PIB en un 10%, cifra tan solo un poco mayor que otras economías mucho más fuertes que la nuestra, y ello en un entorno de casi clausura de los sectores turístico, hotelero e inmobiliario, que casi suponen un 40% del PIB de España. De nuevo, a los economistas nos parecía un poco raro que la economía española apenas cayera seis puntos más que la economía alemana, con un modelo productivo mucho más diversificado y con empresas muy importantes, que invierten en I+D y que son punteras en muchos sectores, en comparación con el erial español de micropymes.

Personalmente, hice unos cálculos groseros en marzo de 2020, y consideré que el PIB español (evidentemente, el productivo) podría bajar en el entorno de un 18%, y realmente me vi sorprendido por la “fortaleza” española y su capacidad de resistencia ante la pandemia. Y ello me llevó a pensar que había “truco”. La economía liderada por Rajoy no podía crecer el doble que la economía francesa durante varios años y la liderada por Sánchez no podía disminuir tan solo seis puntos más que la economía alemana. Algo estaba pasando.

¿Qué es lo que estaba diferenciando a España del resto de los países europeos de nuestro entorno? Muy sencillo, la emisión permanente de Deuda Pública en los mercados, que fue notoria con Rajoy y con Sánchez (también con Zapatero, pero eso ya es historia). Ningún país europeo ha pasado en trece años de tener una ratio del 35% de deuda sobre PIB a tener un 125%. Ello supone que se ha dopado la economía con un billón de euros de deuda en los últimos trece años.

¿Para qué se ha usado este billón de deuda? Sencillamente, para cubrir el permanente déficit público de la economía española. ¿Y por qué tenemos déficit? Porque gastamos mucho más de lo que ingresamos y, ¿en qué gastamos?, pues en pagar las nóminas de los funcionarios (muchos más de los que nos podemos permitir), el subsidio de paro a los desempleados (una cifra enorme en comparación con otras economías europeas), las contribuciones a la Seguridad Social deficitaria e insostenible (más de 100.000 millones de euros de agujero en los últimos años), y la estructura de gastos de unas Administraciones Públicas sobredimensionadas para lo que es nuestro país (8.114 municipios, 50 diputaciones, cientos de mancomunidades, miles de empresas públicas autonómicas y locales, etc., etc.).

Pero, de una u otra forma, ese billón de euros se ha traducido en abono de nóminas, de subsidios de paro, de prestaciones a pensionistas, de pago de facturas de las Administraciones Públicas, que son cobrados por autónomos y empresas, etc. Vamos a concentrarnos en los últimos seis años en los que la evolución de la deuda pública y el PIB en nuestro país ha sido la siguiente:

Podemos ver que hemos estado creciendo al 3% y al 4% durante estos años, y bajamos “oficialmente” en torno al 10% en el año de la pandemia. En materia de deuda, hemos tenido siempre que emitir nueva deuda todos los años, hasta llegar a un 13% más en 2020.

Vamos ahora a medir el efecto que esta deuda pública emitida ha tenido en el PIB de nuestro país y en el de Alemania, Francia y Gran Bretaña. Supongamos que del 100% de la deuda nueva emitida, el 20% se ha destinado a impuestos sobre la renta y sociedades, y que del 80% restante, un 10% se ha ahorrado y el resto se ha consumido. Es ese importe el que ha supuesto una inyección extra en el PIB vía consumo de bienes y servicios. El resultado comparativo sería el siguiente:

Podemos observar que España emitió diez veces más deuda pública en 2020 que en 2019, que Alemania había estado amortizando deuda los cinco anteriores a la llegada de la pandemia, y que el efecto de la deuda pública en el PIB español fue de más de dos puntos en la era Rajoy y de diez puntos en el año de la pandemia, lo que nos lleva a que la disminución real del PIB productivo español en el año 2020 fue de casi un 20%, el doble de las cifras oficiales. Los demás países también resultaron afectados, pero menos, con Alemania bajando un 9%, Francia un 14,6% y Gran Bretaña un 10,5% (en este caso, hemos calculado los porcentajes en libras para que fueran homogéneos, dada la influencia del Brexit en el movimiento de la libra).

Las cifras anteriores ya parecen más creíbles que las “oficiales”. Y si queremos homogeneizar con el año 2019, es decir, asumir sólo el exceso de nueva deuda (de 15.470 a 156.750), la disminución real de PIB español habría sido del 17,98%, bastante próxima al 18% que anuncié hace ahora quince meses después del análisis sector a sector de la economía española. Es evidente que las hipótesis del 10% de ahorro y 20% de impuestos de los cálculos anteriores pueden ser cuestionables, pero ya sea el 16%, el 18% o el 20%, lo que seguro no fue es el 10% de bajada con el turismo, la hostelería y el sector inmobiliario prácticamente cerrados.

No sé si habría que cambiar consensuadamente el modelo de contabilidad nacional, a fin de separar el PIB productivo del PIB financiero; probablemente costaría bastante lograr ese consenso, pero en situaciones tan graves como la que hemos sufrido, resulta imposible trabajar con cifras coherentes para realizar la planificación económica de los años venideros. Hemos de tener en cuenta que ha empezado a haber inflación, y es posible que la política de tipos negativos y de compra masiva de deuda pública finalice total o parcialmente en los próximos meses. ¿Se hacen nuestros próceres políticos la pregunta de si dopando la economía hemos decrecido diez puntos menos, qué ocurrirá cuando deje de estar dopada?

Si dejamos de inyectar el dinero proveniente de la deuda pública en la Economía, el PIB no crecerá como se espera, puesto que cada vez se aproximará más el PIB productivo al PIB real (como ocurría en los años previos a la pandemia). Es posible que los responsables económicos españoles no estén teniendo en cuenta este efecto que, en la época de Rajoy era de tan solo dos puntos del PIB, pero ahora ha sido de diez puntos. El tiempo nos lo dirá, pero debemos estar atentos en los próximos meses a la evolución tanto de la deuda pública como del PIB. Puede haber sorpresas.

Miguel Córdoba es profesor de economía y finanzas desde hace 33 años y ha sido director financiero de varias empresas del sector privado.