Pablo Arboleda se ha desarrollado como arquitecto en la investigación y la docencia más que levantando edificios y promociones. Es un arquitecto atípico con una mirada holística sobre la arquitectura, que integra las dimensiones sociales, ideológicas, la antropología, la cultura…
Recientemente ha publicado el libro Toldo Verde junto al fotógrafo Kike Carbajal, en el que cuestiona lo que entendemos por patrimonio y defiende que las construcciones de ladrillo visto y toldo verde, las habituales en muchas calles de toda la geografía nacional, son también patrimonio. Uno que no es monumental ni brillante ni especialmente bello, pero que nos identifica como pueblo.
Su trayectoria dentro de la arquitectura ha sido como investigador y docente, ¿qué tipo de arquitectura le interesa?
Más allá de la técnica, que lógicamente es imprescindible, me interesa una visión de la arquitectura más humanística, de entender que en los edificios y espacios vivimos las personas. En los proyectos de arquitectura, cuando nos mandaban en la escuela "en este solar tenéis que proyectar un centro de salud", yo siempre me hacía la pregunta ¿y por qué un centro de salud? ¿Y por qué aquí? Esas son las preguntas que siempre me interesaron y me interesan, el porqué de las cosas.
Creo que eso me ha ido llevando un poco a todo lo que es la investigación en arquitectura, que tiene muchísimas ramas: la técnica, la histórica… Con solo la arquitectura no me siento plenamente cómodo. El diálogo que establezco, las publicaciones que hago de carácter académico, las permeo en diferentes disciplinas: estudios patrimoniales, geografía cultural, antropología cultural, artes visuales…
"Me interesa una visión de la arquitectura más humanística, de entender que en los edificios y espacios vivimos las personas"
En España, ¿hay más construcción que arquitectura?
Sin lugar a dudas. Y no es algo de ahora, se arrastra desde hace décadas. Entiendo que hubo fogonazos y posibilidades de buena arquitectura justamente durante la burbuja inmobiliaria y cuando hubo una apuesta decidida, que era un tanto tramposa, de construir como esa suerte de efecto Guggenheim. Parece que todas las ciudades apostaron por determinados edificios icónicos que a nivel arquitectónico estaban muy bien, pero que a posteriori se ha percibido que un Guggenheim es la guinda de un pastel y no necesariamente construye ciudad. Y que para tener éxito hay esos condicionantes antropológicos, sociológicos, de estudio del territorio, de cambio de usos…, que en Bilbao sí se tuvieron en cuenta y se construyó una narrativa con unos cimientos muy sólidos. Pero muchas ciudades en España lo que hicieron fue invertir esa pirámide y pensaban que cualquier objeto arquitectónicamente apetecible podía surtir un efecto espléndido. Y no.
¿Cómo ve la figura del arquitecto actual?
El arquitecto como profesional que forme parte de los debates de la actualidad, que tengan que ver con el espacio y el paisaje creo que está un tanto desdibujado. Me cuesta pensar en nombres de arquitectos que estén formando parte de debates en torno a la crisis de vivienda, a la gentrificación, la turistificación. Yo creo que son esas problemáticas las que están afectando a las ciudades y yo no veo cuál es la posición de la arquitectura en esos debates tan importantes.
"La crisis de vivienda, la gentrificación, la turistificación..., son las problemáticas las que están afectando a las ciudades"
Ha publicado junto al fotógrafo Kike Carbajal el libro Toldo Verde, ¿de qué trata?
Empezó a través Facebook con este grupo de amigos del toldo verde, en el que efectivamente yo tiraba esa piedra de decir que este tipo de arquitectura es símbolo, ejemplificación e identidad del paisaje urbano español. Estamos acostumbrados a entender el patrimonio como las grandes construcciones, lo que es bonito o monumental. Lo que contiene una narrativa de éxito. Y es normal presumir del patrimonio, lo entiendo, pero me genera dudas, ¿qué es lo que somos realmente? ¿Cuál es nuestra autenticidad? Soy de Jaén y tenemos una catedral maravillosa, pero es una catedral en la que yo no he puesto un pie en los últimos 15 o 20 años. Y la pregunta que me hacía es hasta qué punto me representa una catedral cuando cada mañana pongo un pie en la calle y realmente lo que me rodea es este tipo de edificios de toldo verde.
"Estamos acostumbrados a entender el patrimonio como las grandes construcciones, lo que es bonito o monumental"
Plantea entonces una revisión del término patrimonio…
Hace 15 años empezó a emerger la noción de patrimonio crítico que cuestiona por qué tienen que ser las élites las que decidan qué es y qué no es patrimonio. Hay toda una suerte de espacios que no merecen la categoría de patrimonio y, sin embargo, admiten una mirada cultural como la del libro. No estamos persiguiendo que un edificio de toldo verde se convierta en patrimonio de la Humanidad, pero entendemos que es patrimonio cuando tiene determinados ingredientes: el ingrediente histórico, el estético, el social. Esto nos permite democratizar qué entendemos como patrimonio, sentir que es parte de nosotros.
Nos somos ingenuos en este libro, somos perfectamente conscientes de las carencias que puede llegar a tener este paisaje de toldo verde. El toldo verde es imperfecto, pero es lo mejor que hemos sabido darnos como sociedad. Responde a una serie de carencias y deseos que mucha población tenía en los años 60-70.
Háblenos de esta casa...
La compramos en primavera de 2020 que no sé si alguien recuerda lo que sucedió, pero no está de más decir que nos lanzamos a la compra del piso tan solo unos días antes del estado de alarma. Entonces fue como un salto. Ya de por sí comprar un piso es un salto mortal, así que comprarlo en un contexto en el que parece que el mundo va a desaparecer justo cuando has hecho la inversión más grande de tu vida…. Mi mujer estaba embarazada y vivíamos en el barrio de las Letras de Madrid, en un piso de soltero magnífico, muy chulo pero era un tercero sin ascensor…
El centro era inasumible y encontramos aquí en Arganzuela, en Legazpi, la posibilidad de habitar por primera vez un edificio de toldo verde. Es un edificio que tiene todas las características de lo que entendemos por arquitectura de toldo verde: ladrillo visto con unas carencias técnicas brutales, no es sostenible en términos de eficiencia energética. El piso estaba muy compartimentado. Era un pasillo donde se distribuían las habitaciones, el salón y la cocina a cada lado.
¿Cuál es el rincón de la casa que más le gusta?
No hay muchos rincones para elegir, pero disfruto mucho mucho de la cocina. Muchas veces me pongo mi música, estoy cocinando y casi me evado. Tenemos la cristalera así que constantemente, con esa condición visual de salón-cocina. Cuando llegamos, el piso tenía cuatro habitaciones y quitamos una y parte de ese espacio ganado se lo dimos a la cocina. Tanto mi mujer como yo quisimos desde el principio dignificar la cocina que es justamente lo contrario de lo que se ha hecho en la planificación original de la vivienda en España, que respondía seguramente a esa división casi sexista de tener la cocina en un punto de la casa, el salón en otro, la mujer en la cocina, el hombre esperando que le sirvan la cena. Nosotros quisimos democratizar también las labores de la casa, donde todos nos sintamos partícipes y responsables.
También tienen un balconcito, pero no hay toldo verde…
No, no tengo toldo verde, pero esta vivienda es un edificio de toldo verde, si yo tuviera que poner un toldo tendría que ser de ese color. No lo hemos instalado porque la gran parte del periodo del año donde hace más calor, que es el verano, estamos fuera de Madrid.
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