Pocos sabrán que cuando se inauguró, allá por 1926, Valle-Inclán propuso bombardearlo. Era un edificio entonces inusualmente alto y que sobresalía en el skyline madrileño… De hecho, su genial arquitecto, Antonio Palacios, fue quien lo quiso más alto incumpliendo así las nombras del concurso, lo que provocó que fuese excluido del mismo. Pero los socios de la institución protestaron porque querían que fuese él, arquitecto muy de moda en ese momento, quien lo construyese… Quizás también desconozcan que antes de disponer de esta sede transitó por otras y que el proyecto se financiaba entonces con juegos de azar: ruletas y juegos de carta. Otro detalle: el edificio es habitado por fantasmas, una pareja de amantes originarios del palacio primigenio que ocupaba el solar..
Este año se celebra el centenario del Círculo de Bellas Artes, una de las instituciones culturales más emblemáticas de la capital que se engalana con toda una serie de actos para celebrarlo por todo lo alto. Hablamos con su director, Valerio Rocco, quien recibe a idealista/news en su despacho desde el que disfruta de unas fantásticas vistas de las principales arterias madrileñas.
Este año están de celebración…
En 2026 cumplimos 100 años de este emblemático edificio diseñado por Antonio Palacios y evidentemente nuestra programación va a girar en gran medida alrededor de esta efeméride. Vamos a tener varias exposiciones recordando, la historia del edificio, el concurso, el diseño, los detalles formales ornamentales, las polémicas también que hubo alrededor de este edificio tan imponente en ese momento en Madrid.
"Nuestra programación va a girar en gran medida alrededor de esta efeméride"
Sin embargo la fecha de creación del Circulo de Bellas Artes es anterior a la inauguración del edificio..
La reunión fundacional del Círculo de Bellas Artes no tuvo lugar en este edificio porque no existía en 1880. Tuvo lugar en el Café Suizo. Siempre recuerda nuestro presidente, Juan Miguel Hernández León, que al Café Suizo debemos dos de las mejores cosas de Madrid, el Círculo de Bellas Artes y el bollo suizo. A partir de ahí tuvo varias sedes, muchas de ellas en la calle Barquillo, cada vez más grandes porque se iban sumando socios a este nuevo proyecto cultural muy internacional, muy transgresor ya desde esos momentos. Y la última sede que tuvo antes de trasladarse aquí fue en lo que es hoy el complejo Canalejas, un lugar donde, por cierto, el juego de azar tenía un papel muy importante porque en esa época el círculo se financiaba sobre todo con ruletas y juegos de cartas.
"La reunión fundacional del Círculo de Bellas Artes no tuvo lugar en este edificio porque no existía en 1880"
Ha dicho transgresor refiriéndose a la institución, ¿cuál cree que son las señas de identidad del proyecto?
El Círculo de Bellas Artes ha tenido desde su fundación como principal seña de identidad la independencia. Todavía hoy somos una de las pocas grandes instituciones culturales de Madrid que no son públicas, no dependen de una administración pública. Solo tenemos un 7% de financiación pública y siendo privada, como es sin ánimo de lucro, no depende de un banco, de una fundación, de una aseguradora. Esta independencia ha permitido a lo largo de los años, incluso en las épocas más duras, por ejemplo la del franquismo, que el Círculo gozara de una cierta libertad que le permitiera entrar en contacto con los movimientos más abiertos o transgresores del momento. Creo que ese espíritu sigue estando presente hoy y es también una de las razones por la que los ciudadanos de Madrid y del resto de España quieren tanto a esta institución.
"Todavía hoy somos una de las pocas grandes instituciones culturales de Madrid que no son públicas"
El concurso lo ganó el arquitecto Antonio Palacios pero su proyecto no estuvo exento de polémica.
¿Por qué el concurso que ganó Antonio Palacios fue polémico? Porque a pesar de su enorme fama, en ese momento era el arquitecto estrella en Madrid, incumplió las normas del concurso porque diseñó un edificio más alto de lo solicitado. Entonces fue excluido y eso generó una rebelión por parte de los socios que querían que el proyecto de Palacios ganara. Así que el Círculo de algún modo incumplió sus propias normas y al final acabó adjudicando la obra a Palacios que hizo en este edificio algo extraordinario. Un pequeño rascacielos inspirado en Chicago, en Nueva York, ecléctico, con unos detalles ornamentales únicos.
¿Cuáles fueron las primeras impresiones cuando se inauguró?
Generó opiniones contrastantes, este edificio tan inmenso, esta mole en pleno centro de Madrid, parece que no casaba bien con el resto de la ciudad. Por ejemplo, Valle-Inclán lo criticó, de hecho, hasta propuso bombardearlo o demolerlo. Otros se reían de algunos detalles ornamentales como la pequeña columna que está en la esquina del edificio, que es ridículamente pequeña para el tamaño que tiene en su conjunto, pero por lo general fue saludado como una increíble obra arquitectónica. Conservamos, por ejemplo, declaraciones del rey Alfonso XIII que vino a la inauguración y que lo consideró uno de los edificios más emblemáticos de Madrid ya desde ese momento fundacional.
"Valle-Inclán propuso bombardearlo o demolerlo"
¿El edificio es Bien de Interés Cultural?
El edificio es BIC, igual que la institución, aún siendo privada sin ánimo de lucro fue declarada hace ya más de un siglo de utilidad pública. Somos una institución privada pero que defiende el bien común. Al ser el edificio BIC cualquier intervención arquitectónica tiene que pasar por la Comisión de Patrimonio. Contar con todos los permisos. Recientemente, justo cuando entré como director, el Círculo acometió por primera vez en su historia una enorme obra de restauración de la fachada y también una gran obra interior, sobre todo de cara a vías de emergencia y plan antiincendios. No solo fue muy costosa desde el punto de vista económico sino que evidentemente también fue trabajosa porque se nos exigió una absoluta fidelidad al proyecto de Palacios hasta en los más mínimos detalles. Y estuvo muy bien que se hiciera así.
Comentaba que sois institución privada, el Ministerio de Cultura aportó 300.000 euros para este año, 50.000 más que el año pasado pero la Comunidad de Madrid cada vez aporta menos. ¿De qué se nutre principalmente la entidad?
El Círculo de Bellas Artes solo recibe un 7% de financiación pública. El Ministerio y la Comunidad de Madrid son los principales miembros de nuestro consorcio, los que aportan cantidades más importantes. La Comunidad de Madrid también forma parte de él aunque ha reducido significativamente su aportación últimamente. Y luego contamos con toda una serie de empresas privadas que colaboran y aportan al conjunto de nuestra programación. Otras empresas apoyan proyectos específicos. Un ejemplo es Allianz, el gran patrocinador de nuestro Festival de las Ideas. Las cuotas de los socios son importantes para la institución, representan un 10% aproximadamente de nuestro presupuesto. Pero el grueso de nuestra financiación viene de las entradas de los visitantes. Ese millón de personas que vienen cada año a la programación y también a nuestra maravillosa azotea. Y otro tercio del presupuesto viene del alquiler de nuestros espacios para eventos privados.
¿Hay injerencia de estas instituciones públicas en su programación o son libres en ese sentido?
El Círculo tiene un grado de libertad muy grande porque las instituciones públicas y las empresas privadas no tienen ningún tipo de control sobre nuestra programación. Somos absolutamente independientes. Habrá cosas que gusten más, que gusten menos pero gozamos de esa autonomía. Eso nos ha permitido posicionarnos en cuestiones como por ejemplo, el drama migratorio o la crisis climática a la que dedicamos una temporada entera o recientemente la inaceptable masacre en Gaza. El Círculo se caracteriza por esta independencia y seguirá haciéndolo caiga quien caiga.
Hace dos veranos lanzaron una iniciativa bastante rompedora: destinaron uno de sus salones a refugio climático gratuito para todo aquel que se acercase.
El refugio climático es una de las iniciativas más emblemáticas de esta última época, con esta voluntad de apertura a la ciudadanía en un contexto en el que cada vez más la ciudadanía en el centro de las ciudades está obligada a consumir, ya no puede reunirse en plazas, en espacios colectivos donde pueda surgir el diálogo, la convivencia o simplemente un estar tranquilo. Decidimos hacer esta gran plaza pública verde con muchísimas plantas donadas por los Viveros de Madrid. También una guardería de plantas. Y la verdad es que desde la primera edición tuvo un eco mediático y un éxito de público increíble. La segunda edición, la del año pasado, contaba, entre otras cosas, con un siestódromo, contó con 60.000 visitantes y tuvimos televisiones de 14 países del mundo que vinieron a interesarse por este proyecto de participación ciudadana. Absolutamente único.
Entendemos que este verano se repite…
Este verano repetimos el refugio climático. El lema que hemos escogido para el verano 2026 es jugar. Creemos que es importante volver a jugar en todos los amplios sentidos de este término, así que seguirá siendo un espacio de descanso, de participación, de encuentro, pero también de juego.
"Creemos que es importante volver a jugar en todos los sentidos"
¿Cuál es la parte del edificio que más le gusta?
La parte del edificio que más me gusta, además de mi despacho que tiene unas vistas estupendas sobre la confluencia de la calle Alcalá y Gran Vía y el edificio Metrópolis, es quizá la azotea. La azotea no estaba inicialmente en el proyecto de Palacios, pensada para ser un espacio que se pudiera ocupar y vivir. En ese momento nadie entendería el beneficio de subirse a lo alto de un edificio expuesto al sol o al frío. Pero ahora, sin duda, es uno de los espacios más acogedores y más visitados. Yo, personalmente también como usuario, no solo como director, me encuentro muy a gusto allí.
¿Hay alguna anécdota, alguna curiosidad del edificio?
Hay muchas anécdotas relacionadas con el edificio. De todo tipo, pero quizá las más interesantes son las que tienen que ver con los fantasmas. Como todo edificio histórico ha habido a lo largo de las décadas diferentes fantasmas que, según los vigilantes nocturnos y muchos trabajadores, habitan nuestras salas y pasillos. Hace unos años, un historiador del arte y comisario Fernando Castro hizo justamente una intervención performativa sobre las psicofonías que en teoría existen en el Círculo. Como todo lugar fascinante y bello, también tiene su parte de misterio. Y los fantasmas tampoco podían faltar.
¿Sabemos quiénes son esos fantasmas?
Tienen que ver sobre todo con la trágica historia que tuvo lugar en el palacio en cuyo solar nos encontramos. El palacio del Marqués de Casa Riera, un noble que descubrió una infidelidad de su mujer con su amante y los mató a los dos y decidió no volver nunca más a ese palacio. Por eso vendió el edificio y su jardín a un precio bastante bajo, razón por la cual el Círculo pudo comprar ese solar. Parece que las almas de estos dos enamorados pululan por estos lugares y quién sabe si también son espectadores de nuestra programación cultural.
Bonustrack
Hasta el próximo mayo, el Círculo presenta tres exposiciones que abordan su arquitectura, su historia reciente y su potencia como institución independiente: La Casa de las Artes. Abierta desde 1926; La lechuza de Minerva y Eclosión. El Círculo de Bellas artes en los 80 y 90. La primera de ellas reúne documentación y materiales históricos del concurso convocado en 1919, así como planos originales, fotografías de época y piezas inéditas que permiten reconstruir el proceso de diseño y ejecución de las obras. Entre las peculiaridades más destacadas del edificio se encuentra su desarrollo en altura -inusual para la época-, la superposición de volúmenes y lenguajes arquitectónicos, y la cuidada integración de artes y oficios.
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