Un mercado local en el Yucatán sorprende por su cubierta ondulada

El Mercado Nicolás Bravo, en Quintana Roo (México), combina innovación estructural, sensibilidad ambiental y vocación comunitaria.
El Mercado Nicolás Bravo está ubicado en Quintana Roo (Yucatán, México) y su apertura ha creado un espacio capaz de articular la vida diaria de una población de menos de 5.000 habitantes.
Mercado Nicolás Bravo Andrés Cedillo

Los mercados han sido históricamente los espacios de intercambio comercial por excelencia. El lugar donde se concentraba la actividad económica de las localidades, y donde se reforzaba la identidad local y la comunidad.

En sus inicios, estos mercados estaban ubicados en las plazas más relevantes de las ciudades y pueblos, pero a finales del siglo XIX y, sobre todo, en las primeras décadas del siglo XX empezaron a construirse grandes edificios para albergar los puestos de alimentos y otros productos.

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Con esta transformación, los mercados se convirtieron todavía más, si cabe, en espacios para generar cohesión social, pero desde el confort climático, y las arquitecturas formaron parte de la pertenencia colectiva. Esa es la premisa que buscó el Mercado Nicolás Bravo, en Quintana Roo (México), el cual combina innovación estructural, sensibilidad ambiental y vocación comunitaria.

El techo está formado por una serie de paraguas invertidos construidos mediante paraboloides hiperbólicos.
Cubierta ondulante Andrés Cedillo

El mercado como motor social

El Mercado Nicolás Bravo ocupa una superficie de 7.700 m2 sobre un terreno de 13.000 m2 en Quinatan Roo, una localidad situada en la península de Yucatán (México). Fue finalizado en 2024 bajo diseño del estudio Aidia Studio y su construcción formó parte de un programa gubernamental destinado a mejorar infraestructuras en municipios mexicanos con menos recursos.

En este caso, se buscó crear un espacio capaz de articular la vida diaria de una población de menos de 5.000 habitantes y, al mismo tiempo, atender a los turistas que visitan los cercanos yacimientos arqueológicos mayas. Por ello, más allá de la venta de productos frescos, el mercado se concibe como un lugar para el intercambio cultural, la artesanía y la educación comunitaria.

Los materiales elegidos combinan la estructura ligera de acero, losas y parapetos reforzados, con los bloques de hormigón y ladrillos de arcilla.
Materiales combinados Andrés Cedillo

“El proyecto es una prueba de nuestro compromiso con un enfoque arquitectónico resiliente, que da prioridad a las técnicas y materiales de construcción que garantizan un mantenimiento mínimo a lo largo de la vida útil del edificio”, afirma es estudio.

Los 50 puestos del mercado se organizaron en 14 bloques cerrados, dispuestos en una retícula regular de ocho por ocho metros. Esta clara organización facilita la orientación, permite una distribución equitativa de los espacios y deja margen para usos flexibles, desde talleres educativos hasta eventos culturales.

Los 50 puestos del mercado se organizaron en 14 bloques cerrados, dispuestos en una retícula regular de ocho por ocho metros, que ofrecen un lugar de intercambio.
Lugar de intercambio Andrés Cedillo

Los materiales elegidos combinan la estructura ligera de acero, losas y parapetos reforzados, con los bloques de hormigón y ladrillos de arcilla. La mampostería y el hormigón están pigmentados en un tono arena que dialoga con el paisaje, mientras que los acabados en verde oliva claro evocan las palmeras circundantes, integrando visualmente el conjunto en su contexto natural.

Techo parabólico

El elemento más reconocible del Mercado Nicolás Bravo es su cubierta ondulante, elevada sobre los puestos como una gran copa vegetal. El techo está formado por una serie de paraguas invertidos construidos mediante paraboloides hiperbólicos, una solución estructural que combina ligereza, resistencia y expresividad formal. Solo dos patios ajardinados interrumpen esta superficie continua, permitiendo la entrada controlada de luz y ventilación natural.

Los ladrillos de arcilla se colocaron directamente sobre la estructura metálica, adaptándose a la curvatura multidireccional del techo.
Ladrillos sobre estructura Andrés Cedillo

“Esto no solo refleja nuestra dedicación a la búsqueda de formas para la estética arquitectónica y la integridad estructural, sino que también integra una filosofía de diseño biofílico, que combina a la perfección la estructura con su entorno natural”, explica el estudio.

Los ladrillos de arcilla se colocaron directamente sobre la estructura metálica, adaptándose a la curvatura multidireccional del techo. Las hiladas de ladrillo van alternando su dirección, lo que generan una textura rica que refuerza visualmente las líneas diagonales de la estructura. Este trabajo artesanal aporta carácter al conjunto y demuestra que las técnicas tradicionales pueden convivir con soluciones geométricas complejas.

Las hiladas de ladrillo van alternando su dirección, lo que generan una textura rica que refuerza visualmente las líneas diagonales de la estructura.
Hiladas alternadas Andrés Cedillo

El sistema de drenaje también forma parte del diseño integrado. Al elevarse en las esquinas, el techo conduce el agua de lluvia hacia bajantes ocultos en el interior de las columnas, evitando canalones perimetrales y protegiendo las zonas de circulación. Estas columnas están compuestas por cuatro perfiles metálicos cuadrados unidos entre sí que mantienen una presencia ligera pese a su función estructural.

Bajo esta gran cubierta, los bloques de puestos se dividen diagonalmente en cuatro triángulos simétricos, que albergan áreas de exposición, cocinas o servicios. Entre ellos, unas pasarelas de ladrillo marcan recorridos claros y delimitan jardines cuadrados que siguen el ritmo modular del mercado. El resultado es un espacio abierto, sombreado y ventilado, donde arquitectura y vida cotidiana se entrelazan de forma natural.

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