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Sobrevivir cerca de un narcopiso: casas okupadas, jeringuillas y suciedad

Los cuerpos policiales han detenido a 79 personas por tráfico de drogas en El Raval desde 2017
Los cuerpos policiales han detenido a 79 personas por tráfico de drogas en El Raval desde 2017

Si has paseado por La Rambla, una de las zonas más concurridas de Barcelona por turistas y barceloneses, quizá te haya pasado. Algún chico (suele ser un chico) se puede acercar para ofrecerte, susurrando, algo de hachís, cocaína, mdma o speed. Da igual que sea de noche o de día, si aceptas la propuesta te lleva hasta un local algo alejado de la principal arteria del centro de la ciudad para que lo puedas comprar y consumir. Algunos de esos locales son ‘coffee shop’ reconvertidos y otros, si quieres consumir otro tipo de estupefacientes como la heroína, se tratan de un piso. Esos lugares son los que comúnmente se han denominado narcopisos.

Los vecinos de calle d’en Roig, calle Robadors o calle de l'Om son solo algunos de los que han detectado numerosos pisos de este tipo y han visto perjudicada la convivencia del barrio. “Hemos llegado a contabilizar concienzudamente hasta 200 personas entrando y saliendo durante noventa minutos en alguno de esos pisos”, explica Carlos, portavoz de la Asociación de Vecinos RPR (que responde a las siglas de las calles Robadors, Picalquers y Roig) y vecino de la calle d’en Roig.

En este mapa de Acció Reina Amàlia, otra asociación vecinal, han ido dibujando la que han llamado “ruta decadente de la droga en El Raval”. Actualmente, acumula 30 puntos en activo distintos donde se distribuye y se consume droga, pero han llegado a contabilizar alrededor de 70.

La calle d’En Roig es una de esas angostas vías del viejo Raval. Un bloque de la calle donde vive Carlos llegó a concentrar cuatro pisos okupados donde se consumía y se vendía heroína: “Dos pisos eran propiedad de un fondo de inversión, y otros dos de entidades bancarias”, cuenta Carlos. Todos esos pisos fueron evacuados a finales del año pasado, después de que vecinos de diferentes calles recolectaran 75 firmas para hacer presión de la situación y presentarse ante la policía. “El 22 de junio se abrió el procedimiento y el juez ordenó la evacuación en Roig el 22 en octubre”, recuerda.

Carlos explica que algunas asociaciones acusan a las entidades de la dejadez de sus propiedades. “Una asociación se ha colado en la calle para empapelar contra varias entidades por la situación de los narcopisos”, explica. “En parte, tienen razón”, cuenta, “aunque es algo ingenua. No les causan ningún daño empapelando, estas entidades viven desatendiendo sus propiedades”.

El censo del Ayuntamiento de Barcelona a fecha de 13 de febrero, es de 269 pisos vacíos en la zona, aunque insisten en que se trata de “una lista dinámica y cambiante” constantemente. Según la información del Consistorio sobre la propiedad de estos pisos vacíos, un 33% del total recae en manos de particulares, un 32% en sociedades y un 29% en entidades financieras. El resto, o bien propiedad pública (2%) o desconocido (4%).

Carlos, que vive en esa calle desde 2008, cree que esto es un problema que se remonta diez años atrás. “En 2008 empezó a haber vecinos expulsados de sus casas por impagos que decidieron vivir como okupas de sus propias viviendas. Más tarde, hubo una segunda oleada de okupaciones, encabezada por mafias y gente dedicada al narco que expulsa a los okupas originales”. Eso sucede, según Carlos, entre 2013 y 2014. “Se adueñan de ciertos pisos y los usan para tráfico de drogas a pequeña escala”, detalla.

La tercera etapa de este proceso, según Carlos, viene con el punto más álgido de okupación de estas mafias, “entre diciembre de 2016 y mayo de 2017 la cosa se vuelve insoportable”, y fue cuando los vecinos constituyeron un eje vecinal para hacer frente a esta situación que denigraba el barrio. Desde principios de 2017 hasta la fecha, los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana han realizado 52 entradas a pisos donde se traficaba y se consumía droga y han detenido a 79 personas en El Raval.

Quién hay detrás de esos pisos es un enigma, aunque los vecinos “que hemos hecho una red entre nosotros” tienen sus sospechas. “Hemos detectado entre cuatro y cinco grupos de traficantes de drogas”. Desconocen quiénes son los que realmente mueven todo el entramado, pues no es la misma persona la que entra la droga, la que está dentro del piso, ni la que controla los accesos desde el portal, pero sí saben que hay pakistaníes, rumanos, colombianos o dominicanos entre los “trabajadores” relacionados con los narcopisos. Y entre los consumidores “hay mucho italiano”. Calculan que para verano vuelva a haber un repunte con la llegada de más turistas “aunque no es el principal consumidor”, explican los vecinos. A otra vecina, Laura de calle Robadors (como ha preferido salir mencionada por seguridad), por ejemplo, le preocupa que ahora ve “mucho chico joven, de entre veinte y veinticinco años pinchándose”.

¿Ha aumentado el consumo de droga?

Si se hace una búsqueda avanzada en Google de la palabra narcopisos y se filtra por fechas, coincide con lo que explica Carlos. Cuesta dar con alguna mención en España previa a 2014, a excepción de un caso en Extremadura en 2012, sobre un piso reconvertido a cultivo de marihuana, y otro caso en el mismo Raval en 2013, donde unos vecinos denuncian ver jeringuillas y papeletas en la escalera de su edificio.

Es en 2015 que cobra protagonismo este fenómeno en España, relacionado con el consumo de heroína, algo que parecía haber quedado enterrado en la década de los noventa y solo quedaban reductos. Si bien es cierto que la percepción mediática hace creer que el consumo de la heroína ha vuelto a despertar, los datos de  la encuesta sobre alcohol y drogas del Ministerio de Sanidad no dicen lo mismo: en los últimos veinte años, el porcentaje de población que ha consumido esta sustancia pasó del 0,8% en 1995 al 0,6% en 2015, con su punto más crítico en 2003 (0,9%). Pero siempre se habla de cifras muy bajas.

Las principales causas de intervenciones policiales en los últimos siete años, por su parte, destacan los actos contra la propiedad y convivencia vecinal, y en menor grado vandalismo y molestias en espacios públicos. Las intervenciones de la Guardia Urbana por drogas y ocupaciones ilegales, sin embargo, se han mantenido en unos niveles muy bajos hasta octubre de 2017.

Laura vive con su marido y sus dos hijos, uno de 4 años y otro 9 meses, en esa calle, en un edificio nuevo justo enfrente de la Filmoteca de Cataluña, uno de esos edificios que renuevan el barrio. Decidió venir a vivir a El Raval “que la tiene enamorada” en 2009. “Los anteriores dueños se fueron porque entraron a robarles estando ella embarazada”, explica. Y cuenta que, pese a ello, cuando vino “no veía con tanta frecuencia jeringuillas y esta decadencia”.

Su lucha contra los narcopisos surge cuando en su misma calle, en los números 40 y 23 de Robadors, descubre que hay pisos donde consumen drogas. “Son pisos que compró el Ayuntamiento, en la época de Trias (2011-2015)”, relata “y nunca se ha hecho nada con ellos”. Desde Pdecat (antiguo CiU), el partido de Trias, explican que compraron esos inmuebles dentro del Pla Buits, con la intención de incrementar el parque público de vivienda y dar salida a pisos vacíos. Ahora, en esos números se ven andamios y están en proceso de reforma.

Detectado el problema, hay divergencia de opiniones para la solución

Laura, que no se había involucrado antes en temas de activismo, desmiente la mala fama que tiene el barrio: “lo tiene todo, estoy al lado del trabajo y de cualquier servicio, vas a todos lados caminando y lo regeneraron gracias a la gentrificación”. Y realza la “gentrificación” porque no entiende que “se desprestigie la transformación del barrio, cuando lo que hacen es renovarlo y llenarlo de vida”. Sin embargo, no es una opinión compartida con Ángel de la asociación Acció Raval. Él lo ve como una forma de “expulsar a los vecinos de siempre”. "Hacen que sea invivible, cuando algunos llevamos 30 años aquí y antes no nos habíamos sentido así", lamenta Ángel.

Los chicos de Acció Raval no comulgan con la idea de que los pisos evacuados sean tapiados. “Deberían permitir vivir allí a las familias que expulsaron”. Laura, por su parte, opina que “si hay que ser estrictos con la ley para los narcopisos, también hay que serlo con los que ocupan por una emergencia social, porque hay otras familias en la misma situación en cola de espera”. Por el momento, el plan de choque que tiene activo el Ayuntamiento de Barcelona se enfoca en movilizar esos pisos “ocupándolos con familias”, como la mejor forma de aislar el consumo y venta de drogas y se viva de forma normalizada, siempre con la “máxima coordinación posible con intervenciones policiales en marcha”, cuyas patrullas se han incrementado como acción de prevención y disuasión.