Uno de los rascacielos más antiguos y fotografiados de Nueva York completa su transformación de oficinas a residencial de lujo. El proyecto liderado por la Organización Brodsky, convierte un monumento del ‘skyline’ neoyorquino en 37 apartamentos que ya se venden a un precio medio de 19 millones de dólares. La reforma se suma al movimiento en la mayor ciudad de EEUU para reaprovechar edificios de oficinas vacíos y reconvertirlos en viviendas, aunque la historia del Flatiron Building tiene pocos precedentes. Si no es rentable, de poco sirve intentar reformar un edificio antiguo.
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Diseñado por Daniel Burnham y construido en 1902, el Flatiron cautivó la imaginación popular casi desde sus inicios. Alfred Stieglitz lo fotografió entre la niebla; el artista impresionista Childe Hassam lo pintó en invierno. Durante 124 años fue sede de editoriales, consulados y revistas, pero nunca tuvo residentes. Tras años de abandono con andamios y con su terracota reconstruida pieza a pieza, el edificio salió a subasta en 2023 y se vendió por algo más de 160 millones de dólares, muy por encima de los precios de derribo que marcan la mayoría de las reconversiones de oficinas en Estados Unidos, donde algunos edificios han cambiado de manos por apenas unos pocos millones.
El diseñador de interiores Bill Sofield, conocido por sus trabajos para Tom Ford y Gucci, recibió el encargo de conservar tanto del edificio original como fuera posible. Lo que encontró al entrar fueron ruinas: escaleras de hierro fundido rotas, restos de calderas, equipos de aire acondicionado de otro siglo. Lejos de descartarlos, los convirtió en materia prima. Los balaustres de las antiguas escaleras se transformaron en patas de lavabos; los accesorios de las calderas, en elementos decorativos del gimnasio. Detrás de capas de contrachapado, Sofield descubrió un fragmento de espejo y moldura del antiguo restaurante Tavern on the Louie, desaparecido en los años 20, que sirvió de inspiración para las columnas espejadas de la nueva piscina en el sótano.
Los apartamentos, de estilo modernista con cocinas italianas Poliform y techos altos, saldrán al mercado este otoño. 16 de las 37 unidades ya tienen su venta cerrada. Los más económicos tienen aproximadamente el tamaño de una vivienda unifamiliar; el más caro supera los 50 millones de dólares. Varios compradores eligen el edificio más famoso del skyline neoyorquino como su última residencia, según el equipo comercial el Flatiron.
La reconversión del Flatiron se encuentra dentro de un debate más amplio sobre el futuro de las ciudades. Nueva York ha reconvertido más espacio de oficinas que ninguna otra ciudad del país, y en 2026 se prevé que alcance su cifra récord. Una reforma urbanística de 2024, conocida como 'City of Yes for Housing Opportunity', eliminó obstáculos como los requisitos de aparcamiento y amplió el catálogo de edificios susceptibles de ser reformados. Sin embargo, los especialistas en preservación advierten de que falta un incentivo claro para que los propietarios opten por la rehabilitación antes que por la demolición.
Frampton Tolbert, director del Consejo de Distritos Históricos, propone medidas concretas: una tasa a la demolición cuyos ingresos se destinen a la conservación y un fondo rotatorio para proyectos más pequeños, ya que una rehabilitación hoy solo resulta rentable a gran escala. El caso del Flatiron lo ilustra mejor que ningún otro: sin compradores dispuestos a pagar decenas de millones, el edificio habría seguido vacío.
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