Las narraciones orales de la costa oaxaqueña consideran la zona de Punta Cometa un epicentro de energía ancestral. Los antiguos pobladores indígenas visitaban estas montañas escarpadas con propósitos ceremoniales. Los chamanes observaban el tránsito de los astros sobre el horizonte inmenso del océano Pacífico.
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El nombre del poblado Mazunte proviene de vocablos náhuatl, relacionados con la fauna marina de la región. Las olas del mar erosionan las formaciones rocosas, y el agua salada y el viento huracanado esculpen la piedra. La firma arquitectónica Studio Font asume este proyecto en un acantilado costero y frondoso, superando las expectativas. La Casa Diez Pies surge entre la vegetación con una presencia imponente y respetuosa.
Protección de la flora silvestre
El terreno presenta una pendiente pronunciada orientada al mar embravecido. La arquitecto propone una solución ingeniosa para proteger el suelo natural elevando la vivienda de 250 m2 sobre 10 grandes pilares de hormigón armado, de aquí el nombre de la construcción. Esta estrategia elegida reduce el impacto estructural sobre la flora silvestre del terreno, debido a que queda reducido el contacto del edificio con la tierra a puntos de apoyo específicos.
Cada soporte trasciende la simple función de sustentación de cargas. El interior de los pilares guarda elementos de la vida doméstica cotidiana. Sus huecos interiores contienen cuartos de baño completos, duchas espaciosas, armarios y compartimentos de almacenamiento para la cocina.
La geometría curva de las columnas imita las masas lisas de Punta Cometa. Se utilizaron encofrados personalizados para moldear el material pétreo. Los trabajadores doblaron las barras de refuerzo mediante técnicas manuales tradicionales que permitió lograr esquinas redondeadas de gran fluidez visual. Esta decisión estructural moldea la experiencia espacial completa de la residencia mexicana.
Distribución escalonada
Las losas del suelo siguen el descenso de la ladera con naturalidad orgánica. Esta configuración escalonada genera una sucesión ininterrumpida de zonas habitables placenteras. Los espacios interiores conectan con terrazas exteriores y áreas cubiertas protectoras.
Esta distribución escalonada garantiza vistas continuas hacia la inmensidad azul del océano Pacífico. Entre los robustos soportes circulares, las habitaciones se asemejan a plataformas orientadas al mar. Contraventanas de madera plegables de altura entera cierran las estancias con elegancia. Las celosías móviles permiten abrir las habitaciones hacia balcones individuales privados.
La estructura de hormigón presenta un tono terracota claro. El color cálido del material integra la edificación con el entorno cromático de la tierra costera. Además, los revestimientos de madera de roble enriquecen las paredes, los techos y la carpintería artesanal. La combinación armónica de estas texturas naturales aporta calidez a la estética minimalista del proyecto.
El nivel superior de la residencia ofrece una serie de azoteas transitables panorámicas. El acceso a estos espacios elevados se realiza mediante escaleras exteriores de piedra sólida. Grandes marquesinas de listones de madera proporcionan sombra a dos de estas áreas de descanso. Una terraza incluye una piscina de poca profundidad para refrescarse.
Las partes altas de ciertas columnas tienen remates de cristal transparente. Estas adiciones forman claraboyas luminosas para bañar de sol los niveles inferiores. Otras columnas soportan pequeñas jardineras de obra. Las plantas tropicales de estas macetas complementan el paisaje verde de los tejados.
El trabajo del estudio en la costa de Oaxaca respeta la majestuosidad innegable del entorno natural. La Casa Diez Pies resuelve las complicaciones de un terreno inclinado con enorme creatividad estructural. Los pilares multifuncionales agrupan los servicios básicos para liberar las zonas de descanso y convivencia.
La transición fluida entre el interior y el exterior celebra la belleza del horizonte marino. El uso intencional de materiales con tonos terrosos mimetiza el volumen arquitectónico con la geografía circundante. La obra finaliza con un tributo evidente a las siluetas erosionadas de las leyendas indígenas, y permanecerá anclada a la roca milenaria para resistir el paso del tiempo.
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