Los principales propietarios de las acciones de empresas españolas han ido cambiando a lo largo del tiempo. Según los datos del servicio de estudios de Bolsas y Mercados Españoles (BME), actualmente las familias y los inversores extranjeros son los dueños más destacados del parqué, mientras que el sector financiero y las Administraciones Públicas son los que menos peso tienen. Pero no siempre fue así.
A cierre de 2015, los bancos y las cajas de ahorros controlaban un 3,6% de los títulos de las cotizadas españolas, lejos del 15,6% que llegaron a tener en 1992, año en el que el gestor del mercado empezó a recopilar esta estadística. El punto de inflexión del sector financiero se produjo en el año 2000, cuando su peso se quedó en el 7,3%, frente al 12,8% que había alcanzado solo un ejercicio antes. Desde entonces ha ido alejándose cada vez más de los dos dígitos hasta marcar el año pasado sus mínimos históricos.
“La cuota actual del 3,6% es 12 puntos inferior a la de 1992 y 5,8 puntos inferior a la de 2007, al inicio de la crisis financiera mundial. Esta evolución es un reflejo de los profundos cambios estructurales experimentados en el ámbito empresarial de la economía española en los últimos 25 años y también del impacto de la crisis en los años más recientes”, asegura en un informe.
Todas estas desinversiones han ayudado a los bancos a reforzar sus balances en los momentos más críticos de la tormenta económica y a frenar una pérdida de valor como accionistas derivada de la tendencia bajista del mercado que se inició en 2010.
Las privatizaciones hunden el peso público
La Administración Pública es el otro dueño que ha perdido más peso a lo largo de los años y actualmente es el que cuenta con la participación más baja del ranking: solo controla el 2,9% de las acciones, una proporción que dista mucho del 16,6% de 1992. Al igual que en el caso de la banca, el sector público fue reduciendo su importancia hasta quedarse en un solo dígito desde 1997. En concreto, y como consecuencia de la etapa de privatizaciones de empresas como Repsol, Argentaria, Gas Natural, Telefónica o Endesa, en apenas 12 meses su peso se desplomó del 10,9% al 5,6%.
Ahora bien, a pesar de estar lejos de los niveles del siglo pasado, lo cierto es que las Administraciones han recuperado algo de terreno: tras una década representando menos de un 0,5% del mercado, en 2013 cambió de tendencia y empezó a repuntar hasta llegar al 3% actual. Se trata del porcentaje más elevado de los últimos 18 años, un dato que, según BME, “es consecuencia de la salida a bolsa y privatización parcial del operador aeroportuario AENA que se llevó a cabo a principios de 2015”.
Las empresas y los fondos se estabilizan
Mientras bancos y Administración han perdido posiciones en el ranking de mayores tenedores de acciones cotizadas tanto las empresas no financieras como las instituciones de inversión colectiva (fondos de inversión, pensiones, sicavs, seguros…) han ido escalando posiciones. Actualmente, las empresas son el tercer mayor propietario del parqué, mientras que en 1992 se situaban penúltimas en el ranking. Fue en 1999, coincidiendo con las privatizaciones, cuando su peso alcanzó el 10% para superar el 20% un año después y estabilizarse desde entonces alrededor de dicha barrera.
En diciembre eran propietarias del 18,9% de la bolsa española y firmaron la primera mejora tras cuatro años de descensos. "2015 representa un punto de inflexión apuntalado por la mejora de las condiciones financieras y la reducción del apalancamiento, por el mayor atractivo de mantener participaciones en empresas y el aumento de la autocartera de las compañías cotizadas”, señala el informe. Aun así, el dato actual sigue lejos de la horquilla 24%-26% alcanzada entre 2005 y 2010, cuando proliferaron las participaciones cruzadas entre las empresas del parqué.
Los fondos de inversión y pensiones, seguros y sicavs, por su parte, han ido ampliando su peso con el paso del tiempo. Han pasado de tener en cartera el 5% del valor de las acciones a representar el 7,9%, lo que les convierte en el cuarto propietario más destacado.
Hogares y extranjeros, a la cabeza
Los que se han mantenido firmes con el paso de los años son las familias y los inversores extranjeros, que ya eran los dueños de más de la mitad de las acciones cotizadas a principios de los 90 y con el tiempo han ampliado su participación conjunta: si en 1992 controlaban el 55% de los títulos del mercado doméstico, actualmente tienen en cartera el 66,7%.
La mayor parte de esa cifra corresponde a los no residentes (fondos de pensión, de inversión, aseguradoras, empresas…), que ostentan nada menos que el 42,3% del total, convirtiéndose así en los dueños de referencia del mercado. A excepción del año pasado, cuando la proporción se elevó al 43%, se trata de la cifra más alta de la serie histórica y supera en más de 10 puntos la que ostentaba el colectivo foráneo a principios de los 90: entonces rondaba el 31%.
Esta cifra, según el informe, “expresa con claridad el fuerte grado de apertura al exterior tanto del mercado bursátil español como de las cotizadas que han conseguido apoyarse en la visibilidad que proporciona la bolsa y en la financiación exterior para crecer. En siete años de intensa crisis financiera y económica mundial, la confianza de los inversores extranjeros en las empresas cotizadas en la bolsa española se ha mantenido y se ha convertido en un factor de estabilidad para el mercado y el sector financiero en su conjunto”.
Las familias se convierten en el segundo colectivo más importante en lo que a titularidad de acciones españolas se refiere. Actualmente tienen idéntico peso que en 1992, el 24,4%, lo que supone una cuarta parte del total. El pico máximo de los hogares se produjo en 1995, cuando su participación alcanzó el 35,1%, mientras que el mínimo se registró en 2007 con 20,1% del total, punto desde el que de nuevo empezó a repuntar.
¿La razón? Según el informe, el despunte de los hogares desde 2008 se debe a factores como el ajuste a la baja de las cotizaciones, la reducida rentabilidad de otras inversiones tradicionales o la pérdida de atractivo de los activos inmobiliarios tras la burbuja, tradicional refugio del ahorro en España. A esto se suma el gran interés que despierta la política de retribución al accionista de muchas de las empresas cotizadas españolas (los dividendos) entre los inversores minoristas.







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