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Oficios en peligro de extinción - <p>¿Por qué una serie de reportajes sobre oficios artesanos relacionados con la construcción, la arquitectura y la decoración? No solo porque algunos de ellos estén en vías de extinción, sino, sobre todo, porque a veces hay que escapar del mundanal ruido. Parar, huir del clickbait y de titulares virales y deleitarse con historias bonitas. Con detalles simples. Con el trabajo bien hecho. Con profesionales cuyas aspiraciones no son las ventas y la rentabilidad, sino saber que ese estuco, ese artesonado de madera o aquella vidriera están perfectos.  Por todo eso y por estos artesanos, que no saben de ritmos vertiginosos ni tampoco quieren saber, lanzamos esta serie de reportajes.</p>

Oficios en peligro de extinción: visitamos a Pepe, el herrero en activo con más años de España

Autores: Lucía Martín (colaborador de idealista news), @luis manzano

Iniciamos un serial sobre oficios relacionados con la construcción que están, muchos de ellos, casi abocados a la extinción: carpinteros, herreros, encofradores, artesanos de la teja, canteros... Y comenzamos esta serie por la puerta grande, con la historia de Pepe, El Herrero de Valdespino de Somoza, en León, quien a sus 94 años sigue activo en su fragua, en la que comenzó con apenas 18 años.

La fragua tiene unos 20/22 metros cuadrados, así, a ojo de buen cubero. Las paredes teñidas de negro pez, la ventana deja pasar la luz aunque suele estar entornada porque la luz molesta bastante a nuestro protagonista y no es de extrañar: tantos años alimentando el fuego de la fragua han acabado dañando su mácula ocular. “Tiene los ojos perdidos”, nos dice su mujer. Trozos de hierro, maderas, un rincón donde se apila el carbón, que van a buscar cerca de La Bañeza, un yunque y unas antiguas botellas rellenas de agua, que le sirven a José Ares Blas, más conocido como “Pepe el Herrero”, para refrescarse del calor de la fragua.

Porque siempre hace calor dentro y el aire se nos hace a nosotros, urbanitas acostumbrados a otro tipo de contaminación, bastante irrespirable. Y eso a pesar del pequeño ventilador… Pero Pepe ni lo nota y ahora se apoya en un rústico banco de madera (de cojín le sirven unas gastadas hojas de revista) para limar a mano el mango de la navaja en la que está entretenido esta mañana. Tallando la madera puede pasarse horas, las manecillas del reloj parece detenidas en este pequeño pueblo de León.

Pepe, 94 años y al pie del cañón con una energía que haría palidecer a cualquier triatleta: se levanta a las 7 de la mañana, a las 8 sale a dar un paseo de una hora, en ayunas. A las 9 desayuna y después, a trabajar a la fragua: todos los días salvo el domingo. Al mediodía, un pequeño tentempié y sigue la labor hasta las 14 horas, que vuelve a casa para comer. Por la tarde, retoma hasta las 20 horas. Después cena, un cuarto de hora de bicicleta estática y a dormir. Sí, habéis leído bien, 15 minutos de bici estática tras esta jornada y con 94 años.

Pepe aprendió el oficio de herrero con su tío, El Chispo, y luego se puso por su cuenta. También fue esquilador de ovejas cuando el oficio de herrero empezó a flaquear (básicamente, cuando se dejó de tener ganaderías extensivas y la maquinaria empezó a sustituir azadas y otras herramientas): “Esquilaba unas 130 ovejas diarias”, confiesa con orgullo. Y añade que nunca le dolieron los riñones.

Pepe fabricó muchas herraduras en su día. También, cerraduras de hierro (que podemos ver en casas antiguas), llaves para esas cerraduras (que hoy muchos se llevan como elemento decorativo), llamadores de puertas, clavos para las puertas de las iglesias cuando éstas se han renovado en la región, rejas… A día de hoy hace alguno de estos encargos, pero sobre todo confecciona navajas, de todos los tamaños y formas. Dice que es su hobby y para ello enciende todos los días el fuego de la fragua.

Lo primero que hace, pala en mano sin que le tiemble el pulso, es echar carbón a la fragua. Con el fuelle, que mueve manualmente, va calentando la lama del cuchillo, lo que le permitirá moldearlo, martillo en mano, encima del yunque. Esta operación se repite (el hierro se va enfriando) tantas veces como lo necesite la lama. Una vez que se ha forjado la pieza que sea, Pepe le pone su sello, también utilizando el martillo: Valdespino, el nombre del pueblo que le vio nacer en 1924, queda impreso para siempre en el hierro. Posteriormente, deja que se enfríe y después, lo mete unos minutos en la pila de agua contigua al fuego.

Para evitar la monotonía, un día Pepe fabrica hojas de navajas y al día siguiente, los mangos. Hoy, y de forma extraordinaria, hará el proceso completo para que podamos grabarlo. Llega el turno de la madera: Pepe quizás no tenga la palabra reciclaje en su vocabulario, pero desde siempre ha reciclado maderas para elaborar los mangos de los cuchillos, que puede hacer también con patas de animales o con cualquier otro elemento. Va serrando un trozo de madera hasta obtener el tamaño apropiado para la lama que dejó hecha: y eso sí, son 94 años de meticuloso trabajo, tras usar la herramienta que sea, la vuelve a colocar en su sitio. Todo colocado y ordenado.

Tras haber serrado la madera, labrará el futuro mango de la navaja con una zuela. El siguiente paso es poner la cinta a la navaja (es la parte que sujeta la lama del cuchillo al mango de madera). El tallaje de la madera lleva su tiempo, pero Pepe no tiene prisa: sigue con su labor con el cuerpo curvado sobre la pieza. “Luego dicen que una navaja es cara si la vendes a 15 euros, pero es que una navaja lleva mucho tiempo”, explica mientras su mujer, Visita, nos dice que los últimos detalles de los cuchillos (pintarlos, por ejemplo), los hace en casa: “No quiere dejarlo, no hay quien lo saque de aquí. Qué energía tiene este hombre y lo que come”, explica la esposa riendo. Y añade: “Solo toma una pastilla, para la tensión”.

Llegamos al último paso de la navaja: afilarla en la piedra. Todo manual, desde el primer hasta el último paso. Y Pepe nos confirma que en su caso no es cierto aquello de “en casa de herrero, cuchillo de palo”: “Los cuchillos que usamos en casa todos los ha hecho él. Hay que secarlos bien cuando se usan, eso sí, porque si no, se oxidan”, nos explica Visita.

Si una navaja es elaborada, ahora que hemos visto el proceso completo, imaginemos una cerradura de hierro, con todo su engranaje. O una llave antigua, con sus dientes… Pepe y Visita ya cumplieron 65 años de casados. Han tenido tres hijos y el pequeño está arreglando una casa cerca de la fragua. Ninguno de ellos ha seguido con el oficio de su padre aunque todos son unos enamorados de las piezas que salen de sus manos. Lógico, las manos de este herrero, el último de La Maragatería y a buen seguro, uno de los más veteranos en activo en España, son manos que atesoran sabiduría.

Próximo episodio: Luciano el carpintero

Artículo escrito por Lucía Martín, periodista y colaboradora de idealista/news