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Cuando los aparatos de tu vivienda se estropean, ¿los tiras o los reparas?

En los últimos años escuchamos de forma recurrente mensajes dirigidos a concienciar a la sociedad sobre el uso razonable de los recursos de nuestro planeta. Muchos debates se centran en la necesidad de no producir tantos residuos, con el fin de frenar la contaminación de los mares, la degradación de nuestros bosques o el calentamiento global.

Sin embargo, esta realidad, que a todos nos debe preocupar, no parece ir en línea con la durabilidad de muchos de los productos que usamos a diario en nuestros hogares, que nos obliga a tirar muchos de ellos y sustituirlos por otros. La mayoría de los productos se quedan obsoletos, o sin piezas de repuesto, en menos tiempo del esperado, mientras escuchas la frase: “Le va a costar más repararlo que comprar uno nuevo”.

Desde que tengo uso de razón, todo lo que compro se estropea, se rompe, o deja de funcionar antes de lo que debería. Por mucho que me empeñe en cuidarlo y mantenerlo conforme se especifica en las hojas de instrucciones adjuntas, lo que escuchaba de pequeña parece que ya no funciona: “Si compras buenos productos, y los cuidas bien, te durarán toda la vida”.

Fabricantes

La realidad es que no se fabrica como antes, y al parecer muchos productos tienen desde su origen una vida útil definida, más corta de lo que debería, en favor de la producción y ventas de otras unidades nuevas o mejoradas. Se llama obsolescencia técnica o programada, y está pensada y orientada para producir y vender, o lo que es lo mismo, para consumir sin parar.

Esta realidad es tan evidente que la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) realizó en 2018 una encuesta a más de 15.000 hogares españoles, para detectar diferencias significativas en la vida útil de los electrodomésticos del hogar. Se revela que una nevera puede tener una diferencia de duración de hasta 10 años en función de la marca que se elija (Miele la más duradera y Hair la menos, según la OCU), y también que las lavadoras son las que tienen mayores divergencias de durabilidad en base al fabricante.

Pero al margen de que algunas marcas y fabricantes son mejores y más responsables que otros, es obvio que todos estos aparatos (lavavajillas, secadoras, planchas de vapor, microondas...) y muchos otros que utilizamos (móviles, impresoras, etc) tienen muchos materiales peligrosos en sus componentes, nocivos para el planeta y difíciles de reciclar.

Por tanto, parece contradictorio que este mensaje de reducir consumos y energía en favor del medio ambiente no vaya de la mano de una normativa más responsable para estas empresas fabricantes, no sólo respecto a la vida útil de sus productos, sino también a la obligación de mantener y fabricar las piezas o repuestos durante el número de años que se entiendan razonables.

Usuarios

Pero también es cierto que tenemos menos tiempo y nos hemos vuelto en general más cómodos, y no invertirnos el tiempo necesario en el mantenimiento de los aparatos que utilizamos. Las buenas prácticas que veía en mi casa de pequeña, como la de barnizar las ventanas de madera, poner aceite a los mecanismos de las persianas antes de verano, o limpiar los filtros de los grifos, son cada vez menos habituales, y lógicamente no favorece la vida útil de todos estos aparatos y mecanismos.

Además, en algunos casos lo que deja de funcionar, o lo que está dañado, puede tener una reparación más fácil de lo que pensamos, pero requiere de tiempo y esfuerzo. Buscar una pieza de repuesto en establecimientos dedicados al reciclaje, pintar un mueble, o cepillar una alfombra a mano son sin duda actividades más difíciles que ir a la tienda y sacar la tarjeta de crédito.

Nuestra generación se ha acostumbrado a usar y tirar, frente a las generaciones anteriores que reparaban y buscaban alternativas para no desechar de forma automática los enseres y máquinas domésticas. Aún recuerdo cómo en los barrios se conocía al vecino que era el “manitas” y casi de forma milagrosa arreglaba la puerta de la nevera poniendo un simple mecanismo para retenerla. Hoy poner una lámpara, o colocar un cuadro con taladro, nos parece casi cosa de expertos.

Por fortuna, y como contrapartida, se aprecia en las nuevas generaciones una tendencia a compartir productos o servicios que favorece el camino hacia la sostenibilidad. Parece que ha surgido una nueva forma de consumir más consciente con el uso de los recursos, abarcando ámbitos antes impensables (motos, patinetes e incluso espacios de trabajo o coworking).

También en los últimos tiempos, y quizás motivado por la crisis económica, han surgido nuevos lugares donde se reparan aparatos eléctricos, o prendas de ropa, así como numerosas tiendas y portales web de segunda mano que permiten alargar la vida de muchos bienes que de otra forma estarían depositados hoy en cualquier parte de África.

En resumen, ¿en qué momento de nuestra existencia olvidamos que reparar es mucho mejor y más positivo que tirar y comprar un producto nuevo?, ¿hay algo más sostenible que reutilizar? A los consumidores nos facilitaría la vida poder hacerlo, a la sociedad le ayudaría a disminuir de forma drástica toneladas de desechos que acaban en los basureros mundiales que todos conocemos, y nuestro planeta sería finalmente el gran beneficiado.

En ocasiones hasta resulta ridículo escuchar las charlas de algunas empresas sobre estos temas, porque sus departamentos de marketing están en contradicción constante con los departamentos de ventas, y su propia cultura. Al igual que en el ámbito público donde todavía existe una gran distancia entre los discursos políticos y la normativa que luego se aprueba y se hace cumplir de forma efectiva.

Es cierto que se van implementando medidas dirigidas a reducir los consumos de energía, potenciando el uso de nuevas tecnologías, fomentando el reciclaje de materiales nocivos, e incluso premiando fiscalmente a los hogares que utilizan energías limpias como la solar o la eólica, pero son simples anécdotas en un global muy amplio.

Está claro que la actual cultura de usar y tirar, de consumir continuamente, tiene beneficios a corto plazo para algunos, pero no resulta viable para nadie a largo plazo. Todos hemos entrado en un bucle difícil de entender, integrado en una cultura por el placer de lo nuevo, frente al disfrute de mantener lo existente, que evidencia ya graves consecuencias.

Esto como muchas otras cosas, es un tema de todos y cada uno de nosotros, en la medida que nos corresponde poder opinar y a veces poder elegir.

Mónica es actualmente la directora de la proptech www.elworking.com, portal de búsqueda de Espacios de Trabajo. Licenciada en Económicas y con un máster en el IE, ha desarrollado su trayectoria profesional en empresas como PwC, Broseta Abogados o CBRE.