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El encanto de la España Vacía: San Martín de Trevejo, el pueblo cacereño donde se habla una curiosa lengua

Autores: @Lucía Martín (colaborador de idealista news), @luis manzano

Al norte de Cáceres, enclavado en la Sierra de Gata, esta hermosa localidad, San Martín de Trevejo, sorprende por su arquitectura, su armonía con el entorno e incluso, por tener lengua propia. Cuando uno dice que España es grande y que no tiene nada que ver, por sus diferencias, alguien de Cataluña con un oriundo de Galicia, no va equivocado. Pero es que incluso, dentro de la misma Comunidad Autónoma o provincia, poco tienen en común los habitantes de un extremo al otro: es lo que descubrimos en San Martín de Trevejo, preciosa localidad del extremo norte de Cáceres. 

Sí se puede reconocer a un extremeño, por ejemplo, por su acento (más acusado cuanto más al sur de la comunidad), alguien de este pueblo le despistará por completo porque podría ser, de oídas, habitante de Salamanca. En este pueblo enclavado en la hermosa sierra de Gata en su vertiente sur (entre las Hurdes y la frontera con Portugal), no se oirán los acentos típicos cacereños, ni siquiera, el hurdano, del que quizás uno pueda encontrar alguna reminiscencia en La Fala.

¿Qué es esto de La Fala? Declarada Bien de Interés Cultural en 2001, es una lengua de transmisión oral que se habla en la zona, en los pueblos de San Martín (donde se denomina Mañegu), Eljas y Valverde del Fresno. Este curioso lenguaje, de origen incierto, se transmite de forma oral y se sigue hablando, de hecho es habitual escuchar conversaciones en ella: y no solo la practican los mayores, también, los más pequeños. “Su origen más probable es la repoblación, en 1184. Se dice que la trajeron los gallegos y los astur-leoneses: como curiosidad, antes solo la hablaba el pueblo llano, no las clases pudientes”, aclara Carlos María García Casillas Jiménez, alcalde de la localidad.

Y es importe chapurrear o intentar entender el Mañegu: porque así podrá tomarse algo bien rico en una boiga do viñu, que es una bodega con vino donde se puede comer. De hecho, hay una con este nombre, cerca de la plaza, totalmente recomendable, no solo por su oferta gastronómica sino por su decoración, ya que recrea con el más mínimo detalle, cómo eran las bodegas antaño. 

A Fala no será lo único que llamará su atención cuando llegue a este pueblo: también lo harán los regatos, un torrente de agua limpia y cristalina que recorre las calles. “Su función principal es para el riego de los huertos, tanto de las inmediaciones del pueblo como del interior de las viviendas”, aclara el alcalde. Hace años era común que los niños se refrescasen en el agua de la sierra de Jálama como un divertimento más.

Otro aspecto que no le dejará indiferente y que seguro, con los anteriores, tuvo que ver para que se incluyese en la lista de los Pueblos Más Bonitos de España: su arquitectura. El pueblo es Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico Artístico: a la altura del primer piso de las viviendas sobresalen vigas de madera cuyos bordes, denominados tozones, aparecen labrados con figuras, de las que tampoco se conoce su por qué. Cada planta de la vivienda tiene una función: abajo, hay dos partes, la bodega para aceite y vino, situada al fondo, y el primer espacio tras la puerta, para los animales domésticos. En la primera planta están los dormitorios y la sala de estar. Y la última planta acoge la cocina y la despensa. También llaman la atención los cierres de determinadas puertas, las trancas.

“El pueblo destaca por su tranquilidad, la armonía con el entorno, donde hay especies únicas, como el narciso”, aclara el alcalde. Indudablemente, la sierra de Gata es otro de sus atractivos, pues se ofrecen varias rutas senderistas para el visitante que viene sobre todo, del resto de Extremadura, aunque reciben a muchas personas de Galicia y de Madrid.

Los habitantes viven sobre todo de la agricultura (hay muchos olivos y castaños, con cuya madera antes se fabricaban cesta, oficio que ya se ha perdido), de la ganadería y algo del turismo. San Martiño es el patrón del pueblo, cuyas fiestas se celebran el 11 de noviembre: “Desde hace unos años, llenamos el pilón de la plaza, y allí es donde se pisa la uva”, nos comentan en la oficina de turismo.

La parroquia de San Martín de Tours, con su interesante retablo, el mirador de As Cancheiras, a las afueras de la localidad, y el antiguo convento Franciscano de San Miguel, hoy, reconvertido en hotel, son otros de sus elementos a destacar y que hacen de San Martín “un lugal cheu de encantu por mutas radós”. Hay que visitarlo para descubrirlas.

Artículo escrito por Lucía Martín, colaboradora de idealista/news