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Belfer, el dueño del pequeño videoclub que ha visto derrumbarse a titanes del alquiler y sobrevive a Netflix

The Hustle
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Autor: Redacción

¿Qué, ya terminaste de ver las películas? Es la pregunta que Ira Belfer hace a cada uno de sus clientes. Belfer es el dueño desde 1985 de un pequeño vídeo club situado en San Mateo (California). A sus 65 años es el veterano canoso de una industria moribunda. Ha sido testigo del auge y la caída del alquiler de películas. Ha visto derrumbarse a titanes como Blockbuster. Y de momento está resistiendo el ataque de la era digital: Netflix, Amazon Prime o HBO.

A medida que la industria ha evolucionado, el videoclub Captain Video ha permanecido congelado en el tiempo. Y esto es exactamente lo que ha logrado mantenerlo vivo en el negocio.

A finales de 1985 había 15.000 videoclubs en todo Estados Unidos. A finales de los 90, había casi 30.000. hoy se estima que sólo quedan unos 2.000. Y grandes gigantes como Blockbuster entraron en concurso de acreedores. Pasó de tener 4.500 tiendas sólo en EEUU a contar hoy en día con una. Actualmente el sector está controlado por la era digital: Redbox, Netflix o Amazon Prime son los reyes del sector.

Pero 34 años después de abrir su tienda, Belfer sigue en pie con el negocio. "Todas estas nuevas compañías han tratado de echarme del negocio", dice Belfer. "Pero nunca puedes ahuyentar al pequeño comerciante si eres un empresario dedicado y quieres pelear". A la tienda de Belfer acuden clientes que se encuentran cómodos y que quieren tener una buena charla.

De hecho, los habituales describen al videoclub como un lugar donde las personas, en su mayoría hombres mayores, se reúnen para hablar de todo, desde política hasta la salud. Y para los leales a Captain Video es un vínculo que no puede ser reemplazado por ordenadores. Además, Belfer conoce los gustos de sus clientes: quién busca películas románticas, de sexo, acción o miedo.

En cuanto a ingresos, registra unos 150.000 dólares al año y tras quitar los gastos, considera que gana lo suficiente para vivir. Pero sus márgenes son tan bajos que una caída en las ventas del 10% podría tener consecuencias dramáticas. Y una parte considerable de los ingresos proceden del consumo de películas porno. De hecho, cuenta con un cliente que el año pasado se gastó cerca de 10.000 dólares en películas para adultos. 

Además, para mantener a flote el negocio trabaja 12 horas al día, losw 365 días del año. Desde 2010 sólo ha cerrado sus puertas dos veces y le ha costado su matrimonio. Su mujer le dijo: Ira, trabajas demasiado: o yo o la tienda. Y eligió la tienda.