¿Dónde se esconden los veranos que vuelven cada año? En el caso de Ramón García, el presentador que marcó la memoria estival de varias generaciones, el punto en el mapa tiene nombre propio: Laredo. Se trata de una villa cántabra con una playa de más de cuatro kilómetros, un casco medieval que conserva murallas y casas nobles, y un calendario festivo que estalla en flores a finales de agosto.
El refugio veraniego de Ramón García
El presentador asocia sus veranos de la infancia a esta villa de la costa oriental cántabra. Durante años ha contado cómo, al terminar el colegio, ponía rumbo a Laredo para pasar allí prácticamente todo el verano junto a su familia.
Ese vínculo personal ayuda a entender el imán del lugar: un municipio donde se combinan paseos largos por la arena, tardes de puerto y un casco antiguo que invita a perderse. El relato de esos veranos, con amigos que han perdurado en el tiempo, encaja con lo que se encuentra hoy: un entorno que sigue ofreciendo ocio tranquilo, contacto directo con el mar y una escena urbana con sabor histórico.
Una villa con historia: de Alfonso VIII a Carlos V
Laredo hunde sus raíces en un asentamiento de pescadores del que hay constancia documental desde el siglo X. Su situación privilegiada en la costa oriental de Cantabria marcó pronto su crecimiento, con el mar como motor económico y social. El gran salto llegó en 1200, cuando Alfonso VIII le otorgó el título de villa real y su propio fuero, una concesión que impulsó su papel en las rutas del Cantábrico.
Desde entonces formó parte de las históricas Cuatro Villas de la Costa, junto con Santander, Castro Urdiales y San Vicente de la Barquera, compartiendo protagonismo portuario y comercial. La importancia del enclave quedó sellada con dos hitos: en 1496 zarpó desde su puerto Juana de Castilla rumbo a Flandes y, ya en el siglo XVI, desembarcó allí el emperador Carlos V camino del monasterio de Yuste. Pocas localidades del litoral pueden presumir de un currículum tan ligado a la historia europea.
Puebla Vieja: paseo por el corazón medieval
El casco histórico de Laredo, la Puebla Vieja, está declarado Conjunto Histórico-Artístico y conserva la trama medieval que explica el carácter de la villa. Entre sus calles empedradas asoman restos de murallas, casonas de los siglos XVI al XVIII y rincones que recuerdan el poder comercial de otros tiempos. La visita encuentra un punto culminante en la Iglesia de Santa María de la Asunción, referente del gótico cántabro, que guarda un destacado retablo flamenco. La experiencia se completa al asomarse al puerto pesquero -testigo del día a día marinero- y al moderno puerto deportivo, donde se entiende el giro actual hacia la náutica de recreo. Todo queda a distancia de paseo, con el paseo marítimo de La Salvé como respiradero.
Playas para todos: La Salvé y El Regatón
El gran icono es la Playa de La Salvé, un arenal continuo de más de cuatro kilómetros que figura entre los más extensos del Cantábrico. Su arena fina y las aguas relativamente tranquilas permiten jornadas largas sin complicaciones, y el paseo marítimo facilita ese plan de verano clásico de caminar, tumbarse y volver a caminar. En el extremo opuesto, la Playa del Regatón ofrece un ambiente mucho más sosegado, con menos tránsito y el valor añadido de un entorno natural singular. Este frente de costa linda con las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, uno de los espacios protegidos más importantes del país para observar aves migratorias. Esa dualidad -playa abierta y refugio natural- convierte a Laredo en un destino con dos caras complementarias, ideal para alternar toalla y prismáticos sin salir del municipio.
Qué ver en una primera visita
Para exprimir una escapada breve sin perder lo esencial, conviene priorizar puntos que combinan historia, mar y paisaje. A continuación se sugiere una ruta muy directa que encaja en un día completo o en un fin de semana tranquilo, con margen para paseos sin prisa.
- Puebla Vieja: recorrido por las calles empedradas y miradas a casas nobles y murallas.
- Iglesia de Santa María de la Asunción: parada clave para ver su arquitectura gótica y el retablo flamenco.
- Paseo marítimo de La Salvé: caminata a pie llano con acceso cómodo al arenal principal.
- Playa de La Salvé: jornada de playa en su tramo central para apreciar la amplitud del arenal.
- Playa del Regatón: tarde tranquila en contacto con el entorno de marismas.
- Puerto pesquero y deportivo: contraste entre la tradición marinera y la náutica actual.
Batalla de Flores: la cita que llena las calles
La fiesta más reconocible del calendario local es la Batalla de Flores, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. El último viernes de agosto, enormes carrozas decoradas con miles de flores naturales recorren el centro de la villa, en un desfile que concentra trabajo artesanal, competencia amistosa y una importante asistencia de público. Es la jornada en la que mejor se entiende el espíritu colectivo del municipio, con calles tomadas por el color y un ambiente que se prolonga durante todo el día.
Cuándo ir y qué esperar
En la estación cálida, Laredo multiplica su número de vecinos con la llegada de veraneantes y segundas residencias, lo que aporta más oferta diaria y ambiente continuo en el paseo marítimo. Aun así, la villa mantiene atractivo en otras épocas, cuando se disfruta de la Puebla Vieja con más calma y de las marismas con menos tránsito. Se trata de un destino que permite ajustar el plan a cada momento del año: baños en temporada alta, paseos y observación de aves en los meses suaves, y turismo patrimonial cuando se busca tranquilidad.
El clima cantábrico invita a equiparse con calzado cómodo y capas, de forma que el paseo no dependa de una hora concreta. El resultado es un lugar que se entiende al ritmo que marca el mar: sin prisas, con recorridos a pie y con paradas que se alargan sin mirar el reloj.
Artículo visto en (vanitatis.elconfidencial.com) Así es el pueblo de Ramón García, su refugio familiar: un paraíso cántabro de playas infinitas, encanto medieval y recuerdos de infancia
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1 Comentarios:
Laredo: el fin de un paraíso por decisiones políticas.
No me extraña que Ramón García ya no veranee allí. yo también dejé de hacerlo hace unos años tras haber veraneado allí desde niño, hace + de 50 años.
La política tiene la culpa. Se han cargado la Playa con sus decisiones ecologistas (no tocar las dunas para proteger al lagarto autóctono, lagarto que lleva perdurando toda la vida ahí sin necesidad de lesas medidas).
Un desaste se han cargado el Paseo Marítimo, ya no ves el mar.
Y el nuevo Puerto Deportivo (de Revilla) destrozó la playa al cambiar corrientes y mareas. Se lo han cargado todo. Es tremendo.
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