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Latinoamérica quiere descolapsar sus ciudades a golpe de teleférico

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Autor: Gorka Ramos (colaborador de idealista news)

Pensar en construir una línea de metro en según qué ciudades de América Latina puede ser una utopía. El crecimiento desordenado –y en ocasiones desmedido– de las capitales latinas ha añadido el adjetivo 'inviable' a cualquier intento de planificación urbanística. Así que hacer lo que se puede con lo que se tiene es la única alternativa.

En algunos países los definen como 'cables aéreos' y empieza a ser una tendencia en la región. Aunque en su origen ha tenido aplicaciones mayormente turísticas o deportivas, la ciudad colombiana de Medellín fue la primera en inaugurar una línea de teleférico integrada en su sistema de transporte público. El medio fue el perfecto cuando las autoridades quisieron conectar zonas urbanas de mucha densidad y en altura.

Por su puesto, la primera idea era construir una línea de metro, pero la inminente necesidad de nuevas redes y la falta de espacio para desarrollar cualquier proyecto se tradujeron en el 'metrocable'. Sin embargo, a Medellín no solo le valió con invertir 24 millones de dólares en el 'cable aéreo'. Otras obras, principalmente en las vías peatonales, ayudaron a mejorar la movilidad dentro de la ciudad.

La primera línea (línea 'k') que se instaló en 2004, tiene dos kilómetros de largo y conecta dos municipios de la periferia con la red de metro. Su capacidad es de 3.000 pasajeros en cada sentido a la hora y al formar parte de la infraestructura pública, el servicio no supone un coste añadido para los usuarios.

Otras dos líneas de la red del 'metrocable' (la 'j' y la 'l') miden 2,9 y 4,6 kilómetros respectivamente y se inauguraron en los siguientes años (2008 y 2010). Desde entonces, otras ciudades latinoamericanas han replicado el sistema.

La Paz, Caracas, Río de Janeiro, Cali o Bogotá ya tienen o están desarrollando su propio metrocable. De hecho, la experiencia también está cogiendo fuerza en todo el mundo y capitales de la talla de Londres o Nueva York también están barajando la opción. 

Sin embargo, la solución parece mejor para aquellas economías que no se pueden permitir líneas de metro sin sentido. De hecho, es el punto más fuerte para los expertos, que aseguran que con una inversión controlada se aumentan las posibilidades laborales de los vecinos de las zonas periféricas más aisladas.