Antes de Tolkien ya había comarcas 'hobbit' en España

Este municipio burgalés se ha convertido en un destino muy popular debido a su similitud con las aldeas y casas hobbit
adillo de Roa: una comarca 'hobbit 'a la española
Ruta del Vino Ribera del Duero

Quién le diría a Tolkien que gracias a sus obras algunos pueblos y negocios de la España rural iban a recibir una insuflación de vida. Uno de ellos es Moradillo de Roa, que en los últimos años ha saltado a la fama porque diversos medios de comunicación compararon el complejo etnográfico de la localidad con una aldea hobbit. 

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Aunque la relación de la localidad con el creador de ‘El señor de los anillos’ sea provechosa, Moradillo de Roa no depende de comparaciones para destacar y perdurar. La historia de este pueblo ubicado en la Ribera del Duero burgalesa parecía a punto de ser engullida por las arenas del tiempo, pero en 2015 todo cambió gracias al vino ‘El Cotarro’ y su peculiar complejo etnográfico de 157 bodegas y siete lagares. 

Bodegas en el cerro
Turismo de Burgos

Las bodegas de este pueblo son cuevas excavadas bajo el manto de un cerro y que, en este caso, componen una suerte de comarca hobbit ibérica. Actualmente, Moradillo de Roa cuenta con una población de 167 habitantes (INE 2025). 

Su origen se remonta a los tiempos de la repoblación medieval, bajo la influencia de la villa de Aza. Fue en este contexto cuando el conde Gonzalo Fernández, señor de Burgos, participó en la conquista de la zona frente a la morería, en una operación coordinada junto a Téllez, desde Cerezo, y Nuño Núñez, desde Castrojeriz. Su objetivo: fijar la frontera del condado castellano más allá del río Duero.

Bodegas de Moradilllo de Roa
Turismo de Burgos

Gonzalo Fernández avanzó por el centro, dividiendo su mesnada en Clunia (ciudad romana situada entre las localidades de Coruña del Conde y Peñalba de Castro): una parte marchó hacia Osma y otra hacia el cerro de Aza, mientras que Núñez conquistaba Roa y Téllez tomaba San Esteban de Gormaz. Bajo la protección de Aza, se logró frenar el avance árabe y abrir la puerta a la colonización del bajo Riaza y la margen derecha del Duero. En ese momento, comenzó a tomar forma el municipio.

Los primeros pobladores llegaron atraídos por un enclave posiblemente protegido por una cerca o por la amplitud y fertilidad de sus tierras. Traían consigo aperos, ganado, armas básicas y, sobre todo, el nombre de su lugar de origen: “Moradillo”.

Este pueblo parece una comarca hobbit
Turismo de Burgos

Los primeros 100 años no fueron fáciles. A las dificultades propias de asentarse en una tierra nueva se sumaba la amenaza constante de incursiones musulmanas. El episodio más devastador tuvo lugar en el año 939, cuando el propio califa de Córdoba irrumpió en la zona con un poderoso ejército que arrasó los asentamientos. Aquella primitiva defensa, quizá origen del nombre del pueblo, no resistió, obligando a empezar de nuevo.

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Con el paso de los siglos, ya en la Edad Moderna y Contemporánea, Moradillo de Roa consolidó una economía basada en la agricultura, siguiendo la estela de sus primeros habitantes. Los cereales y el viñedo se convirtieron en el motor de su actividad, una identidad que aún perdura.

Bodegas
Wikimedia commons

En 1840, la localidad contaba con 362 habitantes, cifra que llegó a duplicarse hasta alcanzar los 700 un siglo después. El pueblo crecía en torno a su iglesia (que hoy corona el cerro donde están las bodegas), con la emblemática olma presidiendo la plaza como símbolo de la vida comunitaria. Sin embargo, la industrialización de Aranda de Duero provocó que muchos vecinos emigraran hacia la ciudad.

Vista de la localidad
Wikimedia commons

Actualmente, Moradillo de Roa prospera gracias a iniciativas ligadas al enoturismo, entre las que destaca el ya citado vino El Cotarro, elaborado en un lagar tradicional de 1736, y la Cerveza de Vendimia, un proyecto que fusiona productos autóctonos. La cebada procede de Fuentenebro, mientras que las uvas reflejan un fuerte compromiso con la tierra: el Tempranillo se cultiva en el Páramo de Corcos, en el propio municipio, y el Albillo —variedad local— ha sido rescatado de la desaparición gracias a estas iniciativas.

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