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Un estudio señala que los emprendedores cada vez están más preparados para afrontar el autoempleo, que ven en él una oportunidad más que una necesidad y que el miedo ya no es un obstáculo para lanzarse a crear un negocio propio. Sin embargo, tienen escasas previsiones de crecimiento, no innovan y siguen siendo minoritarios respecto a Europa.

Éstas son algunas de las conclusiones del informe Global Entrepreneurship Monitor 2014 (GEM), elaborado por Banco Santander y la Fundación Rafael del Pino, que resume cómo está evolucionado el universo emprendedor en nuestro país.

Según el estudio, dos de cada tres encuestados aseguran que su principal motivación para crear un negocio es aprovechar una oportunidad, mientras que uno de cada tres confiesa que lo hace por necesidad (29%) u otros motivos (4%).

Por si fuera poco, en apenas dos años prácticamente se ha duplicado el porcentaje de población que detecta huecos en el mercado y posibles oportunidades de negocio: en 2014 se situó en el 22%, frente al 14% de hace dos años.

Otra de las buenas noticias es que el 43% ciudadanos está preparado para emprender, al considerar que tiene las habilidades y los conocimientos necesarios. Un porcentaje que escala hasta el 43% cuando hablamos de personas que están involucradas en nuevos negocios.

Ahora que los emprendedores se sienten preparados y confiados, el factor miedo pierde fuerza: casi la mitad de la población ya no lo considera un obstáculo para poner en marcha su propio negocio.

Las sombras del ecosistema

Sin embargo, no todo son buenas noticias: el universo emprendedor en España cuenta con pocas perspectivas de crecimiento, no innova y sigue un paso por detrás de sus homólogos europeos.

En concreto, el estudio refleja que tres de cada diez negocios emprendidos no espera emplear a nadie durante los próximos cinco años. Es decir, continuará siendo un autoempleado solitario.

Además, los nuevos negocios siguen sin innovar. “Desde 2008 ha aumentado el número de personas emprendedoras que no innovan, algo que sucede tanto en las empresas más jóvenes como en las consolidadas”, explica el GEM. Solo uno de cada cinco proyectos lo hacen.

Por último, dice el estudio, “los niveles de actividad emprendedora continúan estables, aunque son inferiores a los índices previos a la crisis y continúan por debajo de la media europea”. En 2014, la tasa de emprendimiento se situó en un 5,5%, frente al 5,8% que existía en 2011 y al 7,6% de 2007. Y es que los países del entorno, de media, valoran más el emprendimiento como un vehículo para conseguir un estatus social y económico y como una oportunidad de lo que lo hacemos en España.

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