En la provincia leonesa, varias localidades han quedado despobladas por unos motivos u otros. Descubre algunas de ellas.
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pueblos abandonados en leon
Los Montes de la Ermita / Hovallef, CC BY 4.0 Wikimedia commons

En la provincia de León, dispersos entre montañas, valles y antiguas rutas ganaderas, se encuentran numerosas localidades abandonadas que, por unos motivos u otros, se quedaron sin habitantes. Deshabitados por la emigración, la dureza del clima o la transformación económica del medio rural, conservan una identidad única y un legado que se resiste a desaparecer con el tiempo. Descubre 8 pueblos abandonados en León que puedes visitar.

Urdiales de Colinas

Encajado al final de un valle estrecho del Alto Bierzo, Urdiales de Colinas vivió siempre marcado por su aislamiento. El invierno podía alargarse durante meses y las comunicaciones eran muy complicadas. Por eso, durante décadas, el pueblo funcionó casi como una pequeña comunidad autosuficiente.

Aunque en 1971 se marcharon los últimos habitantes, Urdiales nunca desapareció del todo. Desde finales de los años 90, antiguos vecinos y descendientes comenzaron a recuperar viviendas y a mejorar el acceso, devolviéndole vida en verano y en las fiestas de julio. 

Albares de la Granja

Fundado en 1950 como parte de un plan para impulsar la actividad minera, Albares de la Granja fue un pueblo muy joven y de vida efímera. Construido con viviendas unifamiliares, escuela y espacios sociales, parecía destinado a consolidarse, pero la clausura de la estación ferroviaria en 1970 marcó su declive. 

La mayoría de los vecinos optaron por marcharse y el lugar quedó abandonado apenas dos décadas después de haber nacido. Pese a su corta historia, el pueblo guarda un pasado marcado por una tragedia ferroviaria: pocos años antes de su construcción, fue escenario de un grave accidente.

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Línea ferroviaria, a su paso por Albares de la Granja / JT Curses, CC BY-SA 4.0 Wikimedia commons

Albaredos

A más de 1.200 metros de altitud, Albaredos es otro ejemplo de la despoblación en León. En este apartado pueblo, la vida discurría entre los candiles de petróleo —la luz eléctrica no llegó hasta mediados de los años 80—, los duros inviernos con nevadas de hasta dos metros y los interminables desplazamientos.

A pesar de su aislamiento, Albaredos mantenía una intensa vida social: fiestas de San Cosme, bailes locales, pequeñas cantinas y visitas periódicas de vendedores ambulantes o del médico. La emigración de los años 60 y 70 acabó vaciándolo casi por completo, y en 2012 se cerró su última casa habitada.

Camposolillo

Asomado al embalse del Porma, Camposolillo es uno de los ejemplos más dolorosos de cómo la construcción de un pantano puede marcar el destino de un pueblo. Aunque no quedó sumergido bajo el agua, la pérdida de tierras y la expropiación obligó a sus habitantes a marchar a finales de los años 60.

En su día fue un pueblo vivo, con escuela, cantinas, romances de verano, romerías y una arquitectura típica de la montaña leonesa. La llamada Casona, una mansión indiana de gran porte, destacaba como emblema del lugar. 

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Embalse del Porma / Luis Rogelio HM, CC BY-SA 2.0 Wikimedia commons

Cruces

Situado a más de 1.200 metros y muy próximo a la provincia de Lugo, Cruces compartía estrechos vínculos con Albaredos y otras aldeas del Bierzo. Sus siete casas vivían del centeno, las patatas y una ganadería modesta, mientras las ferias gallegas y los caminos de montaña marcaban el ritmo de la vida cotidiana. 

La emigración de los años 60 y 70 vació el pueblo poco a poco, dejando como últimos moradores a los hermanos Barreiro, que resistieron hasta entrado el siglo XXI. 

Los Montes de la Ermita

A casi 1.300 metros de altitud, Los Montes de la Ermita se desarrolla en una ladera, con casas de pizarra que parecen colgar sobre el valle. El aislamiento y los inviernos durísimos marcaron siempre la vida del pueblo, cuyos vecinos se dedicaban a la ganadería y al cultivo del centeno. 

La despoblación llegó en 1981, cuando se marcharon sus últimos habitantes, pero Los Montes no quedó en el olvido. En los últimos años, una activa asociación ha impulsado la recuperación del caserío, restaurando la iglesia, la escuela y numerosas viviendas. 

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Los Montes de la Ermita / Hovallef, CC BY 4.0 Wikimedia commons

Quintana de la Peña

Arropado por la Peña Corada, Quintana de la Peña se organizaba alrededor de una calle ascendente salpicada de casas de piedra. La economía combinaba cultivos tradicionales con la ganadería, especialmente la de ovejas, cuya lana era muy apreciada en toda la comarca. 

Las fiestas de San Roque eran el gran acontecimiento anual, con procesión, dianas, baile y reuniones de gentes de los pueblos cercanos. Sin embargo, el aislamiento, el cierre de la escuela y la emigración progresiva vaciaron Quintana durante las décadas centrales del siglo XX. 

Becares

En la Tierra de La Bañeza, entre los ríos Eria y Órbigo, se encuentran los restos dispersos de Becares, uno de los sitios abandonados de León que quedó vacío ya en el siglo XVIII. Aunque no quedan viviendas en pie, sí perviven testimonios de su existencia, como la fuente abovedada o los vestigios del cementerio.

La iglesia de San Román, vinculada a la parroquia de Genestacio de la Vega, conserva todavía su torre del siglo XVII, recordando que Becares fue un día un pequeño núcleo vivo. 

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