En el paisaje de Caldes de Malavella, en Girona, dentro del entorno natural de Camiral Golf & Wellness, se levanta una vivienda que plantea una reflexión cada vez más recurrente en la arquitectura contemporánea: ¿puede una casa mejorar directamente la salud de quienes la habitan?
Diseñada por Fran Silvestre Arquitectos, Casa Camiral es la primera vivienda unifamiliar en Europa certificada con el estándar WELL, un sistema internacional que evalúa cómo los edificios influyen en el bienestar físico y mental de las personas.
Para el estudio valenciano, el proyecto ha supuesto una experiencia singular. “Supone un logro importante. No somos especialistas en certificaciones WELL y, en ese sentido, el trabajo conjunto con Evalore -consultoría estratégica - ha sido fundamental para poder implementar correctamente todos los requisitos del estándar”, explica Silvestre.
Más allá de la obtención del certificado, el proceso ha servido para profundizar en cuestiones que, según reconoce este arquitecto, ya forman parte del ADN de la arquitectura: “Lo interesante ha sido comprobar cómo muchos de estos criterios se alinean con preocupaciones que ya forman parte de la arquitectura: la luz, el aire, el confort o la relación con el entorno”.
Podríamos decir que la casa nace directamente del lugar. La parcela, estrecha y alargada, condiciona una implantación longitudinal que organiza el proyecto como una secuencia de espacios orientados hacia el paisaje abierto. “El lugar fue absolutamente determinante. La geometría del proyecto surge prácticamente de la propia parcela, que tiene una condición longitudinal muy clara”, explica Silvestre, para quien esa dirección “marca tanto la proporción de la vivienda como la orientación de las estancias principales, especialmente la zona de día, que se orienta hacia el campo de golf”.
Diseño biofílico
La relación con el entorno es uno de los elementos que definen Casa Camiral. Grandes aperturas permiten que el paisaje entre visualmente en la casa. “Los espacios se conciben como prolongaciones del paisaje, generando una relación continua entre interior y exterior que refuerza esa dimensión biofílica del proyecto”, señala el arquitecto. La biofilia, un concepto cada vez más presente en el diseño contemporáneo, defiende que la conexión con la naturaleza tiene efectos positivos en la salud y el bienestar.
La vivienda se organiza en tres niveles. En la planta baja se sitúa la zona de día, con el salón orientado hacia el paisaje, mientras que la cocina y una habitación se disponen hacia el este. La planta superior alberga dos dormitorios y un estudio que mira hacia el acceso de la parcela.
Una de las particularidades más características del proyecto es el desplazamiento del volumen superior respecto al cuerpo principal. Ese movimiento genera una amplia terraza cubierta y al mismo tiempo define la imagen de la casa. “Necesitábamos generar una zona de sombra en la fachada principal y, al mismo tiempo, queríamos evitar la presencia de pilares que interrumpieran las vistas hacia el campo de golf”, explica Fran Silvestre. La solución fue utilizar la planta superior como un gran voladizo que protege el espacio exterior sin obstaculizar la relación visual con el paisaje.
La vivienda se completa con un nivel semienterrado que alberga el garaje, las instalaciones y un espacio polivalente. El núcleo de comunicaciones articula los tres niveles mediante una escalera iluminada cenitalmente por una apertura orientada al norte. Ese vacío vertical conecta visualmente toda la casa y se prolonga en la planta superior hacia el estudio, convirtiéndose en el centro espacial del proyecto.
Si bien la arquitectura de Casa Camiral envuelve todo el espacio, este proyecto se define sobre todo por su enfoque hacia el bienestar. El estándar WELL se basa en siete pilares: aire, agua, nutrición, luz, actividad física, confort y mente.
Entre las estrategias incorporadas en la vivienda se incluyen sistemas avanzados de ventilación con purificación mediante radiación ultravioleta y oxidación fotocatalítica, pinturas capaces de neutralizar contaminantes y superficies con propiedades antimicrobianas. El agua de consumo pasa por un sistema de filtrado por ósmosis inversa que garantiza una mineralización controlada.
La iluminación también se diseña teniendo en cuenta los ritmos biológicos del cuerpo. Para conseguirlo, la casa incorpora un sistema de iluminación circadiana que acompaña las variaciones naturales de la luz a lo largo del día, “en donde lo importante es entender que no todas las luces cálidas funcionan igual. Aunque tengan una temperatura de color baja, algunas pueden contener frecuencias de onda que alteran nuestro ritmo circadiano. Por eso es importante seleccionar cuidadosamente las luminarias para que realmente contribuyan al bienestar en un espacio doméstico”, explica Silvestre.
Otro de los aspectos más interesantes del proyecto es la atención a la salud mental. En este caso, las decisiones arquitectónicas se apoyan en investigaciones sobre cómo percibimos el entorno. “Existen decisiones muy concretas que pueden influir en nuestro estado emocional. Por ejemplo, determinados rangos cromáticos o ciertas formas de integrar los elementos en el espacio pueden reducir los niveles de cortisol, favoreciendo estados de mayor relajación”, descubre el arquitecto. “Incluso hay estudios que indican que poder ver elementos naturales a distintas escalas, por ejemplo a unos tres metros, a 30 metros y a 300 metros, genera una sensación de calma mental”, añade. Incorporar esas relaciones visuales con la naturaleza forma parte de las estrategias del proyecto.
El cuidado por el bienestar llega incluso a detalles que normalmente pasan desapercibidos en una vivienda. Y es que, como señala este estudio de arquitectura, en muchas casas puede haber más contaminación interior que en el exterior debido a barnices, adhesivos o determinados componentes utilizados en la construcción. También se tienen en cuenta factores como posibles alergias a determinadas especies vegetales a la hora de diseñar el paisajismo.
La arquitectura, “música congelada”
En la memoria del proyecto, Fran Silvestre Arquitectos cita una idea del filósofo Arthur Schopenhauer, que describía la arquitectura como “música congelada”. Para el arquitecto, esa metáfora ayuda a explicar la sensación que produce la vivienda: “Nos gusta pensar en la arquitectura como un movimiento detenido en el tiempo”. En Casa Camiral, ese movimiento aparece en el desplazamiento entre los volúmenes que generan la terraza y configuran la casa, un gesto que parece capturar un instante de tensión y convertirlo en forma construida.
El estudio también establece un paralelismo con la escultura “Figura a punto de volar”, de Andreu Alfaro, una pieza que transmite la sensación de estar a punto de elevarse, aunque permanezca completamente inmóvil. Algo parecido sucede en esta casa, donde la arquitectura parece contener un dinamismo interno pese a la quietud de sus líneas.
Fran Silvestre trabaja actualmente con el Laboratorio de Neuroarquitectura de la Universidad Politécnica de Valencia para trasladar parte de estas estrategias a proyectos de mayor escala. Por ejemplo, en algunos proyectos han llegado a desarrollar viviendas que desde el punto de vista hídrico no necesitan conectarse a la red, porque producen su propia agua mediante distintos sistemas, entre ellos la condensación. “A partir de ahí te das cuenta de que en muchas promociones residenciales se desperdicia, por ejemplo, el agua de condensación de los sistemas de aire acondicionado, cuando podría utilizarse perfectamente para llenar las cisternas de los inodoros. Miles de pequeños detalles como este pueden generar ahorros importantes de recursos y mejorar el funcionamiento de la vivienda”, reflexiona Silvestre. Este tipo de investigación es la que cree que puede generar una transferencia tecnológica interesante hacia la vivienda colectiva.
Por el momento, Casa Camiral se ha convertido en una especie de laboratorio que explora cómo la arquitectura puede ir más allá de la forma para convertirse en una herramienta activa de bienestar.






