Un joven arquitecto transforma la cocina de su abuelo y conserva 85 años de recuerdos

Pablo Riaño prefirió mantener las proporciones y la historia de la cocina de los años 60. Lo que cambió fue la forma de vivirla.
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La cocina del abuelo de Pablo Riaño se había mantenido prácticamente igual desde los años 60. Los mismos armarios, la misma encimera desgastada en el lugar donde se habían apoyado miles de comidas, todo en el sitio de siempre. Su abuelo, que acaba de cumplir 85 años, «nunca había hecho nada» para adaptar aquel espacio a las necesidades actuales, según cuenta su propio nieto.

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Pablo decidió transformar la cocina de toda la vida en un vídeo que rápidamente se hizo viral en TikTok. Un proyecto que merece la pena observar con atención porque dice mucho sobre la manera en que hoy se plantea la reforma de una casa con historia.

Pablo Riaño es arquitecto y creador de contenidos digitales. En su día a día recrea y transforma viviendas en 3D, un trabajo que comparte en la cuenta @riaestudio. A partir de esa experiencia, decidió intervenir en un espacio muy real para darle una nueva vida.

En arquitectura de interiores se habla cada vez más de habitar espacios con historia: no tratar las casas antiguas como problemas que hay que resolver, sino como puntos de partida con personalidad. La reforma de Pablo Riaño es un ejemplo práctico y emotivo de esta filosofía.

Cuando reformar es una forma de continuar

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Ante una cocina antigua, la tentación suele ser radical: arrancarlo todo, alisar las paredes y empezar desde cero, como si la historia anterior fuese un estorbo. Pablo siguió el camino contrario.

En lugar de dar por hecho que lo viejo tenía que desaparecer, partió de aquello que le gustaba a su abuelo: una estética rústica, materiales cálidos y una forma de habitar que llevaba décadas presente en aquel lugar. El objetivo no era romper con el pasado, sino prolongarlo en una versión más cómoda y funcional.

Este enfoque tiene nombre en el mundo de la arquitectura de interiores y ha ganado peso en los últimos años: intervenciones ligeras, pensadas para mejorar sin desfigurar. Actualizar en vez de demoler. El resultado es una cocina que sigue siendo reconocible y conserva sus proporciones y su carácter, pero que ahora respira de otra manera.

Antes de tocar nada, Pablo hizo algo esencial: medir rigurosamente el espacio y trasladar esas medidas a un plano técnico. Solo con las dimensiones correctas y la planta delante es posible entender la organización real de la estancia y evitar decisiones tomadas a ojo que después pueden salir caras.

El método de Pablo, paso a paso:

  1. Medir y dibujar: realizar un levantamiento preciso de la cocina existente y trasladarlo a un plano técnico para trabajar con exactitud y no sobre suposiciones.
  2. Escuchar al espacio y a quien lo habita: definir el concepto a partir de los gustos del abuelo —en este caso, un lenguaje rústico—, sin imponer un estilo ajeno.
  3. Decidir el grado de intervención: optar por una reforma ligera, sin cambios estructurales importantes, dando prioridad a la reorganización y a la actualización de los materiales.
  4. Actualizar con criterio: introducir elementos contemporáneos que mejoren la comodidad y la funcionalidad sin borrar la identidad de la estancia.

Las vigas de madera como hilo conductor

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Si hay un elemento que define esta reforma, son las vigas de madera. Aquí adquieren un papel casi simbólico que va más allá de su función estructural y decorativa. Son las encargadas de aportar calidez, textura y esa sensación acogedora que conecta inmediatamente la cocina con el imaginario tradicional y con el estilo rústico que el abuelo siempre había apreciado.

Al mismo tiempo —y aquí reside el acierto—, enmarcan el espacio desde una perspectiva más actual y crean un diálogo sutil entre lo que ya existía y los nuevos elementos.

Junto con las vigas, la intervención apostó por textiles coordinados, estanterías abiertas y una iluminación más cálida. Son elecciones aparentemente pequeñas que, al combinarse, cambian por completo el ambiente.

La luz cálida suaviza el espacio, aporta confort al final del día y realza los tonos de la madera. Las estanterías abiertas hacen que la cocina resulte más ligera e invitan a mostrar la vajilla de uso diario, la cerámica de siempre y esas piezas que cuentan quién vive allí. Los textiles terminan de arropar el ambiente y le dan unidad.

Qué cambió exactamente en esta cocina

  1. Vigas de madera: refuerzan el carácter rústico y estructuran visualmente el espacio.
  2. Reorganización de la distribución: permite aprovechar mejor la superficie disponible sin modificar la estructura.
  3. Estanterías abiertas: aligeran el conjunto y ofrecen espacio para la vajilla y la cerámica de uso cotidiano.
  4. Textiles coordinados: armonizan los colores y las texturas.
  5. Iluminación más cálida: pensada para aumentar el confort y realzar los materiales naturales.

Cómo aplicar esta idea a una cocina antigua

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Si tienes en casa una estancia como esta, detenida en el tiempo pero llena de recuerdos, quizá la pregunta adecuada no sea cuánto cuesta ponerlo todo nuevo. Tal vez convenga preguntarse qué merece realmente la pena conservar antes de decidir qué cambiar.

Para quienes estén pensando en hacer algo similar en una vivienda familiar, este proyecto plantea una serie de principios fáciles de trasladar a otros espacios. La cocina de los abuelos, con sus azulejos originales, sus armarios de madera maciza y una distribución a veces poco práctica, es quizá la mejor candidata para este tipo de intervención.

  • Valora primero qué merece la pena conservar: los armarios de madera maciza, los azulejos originales y las encimeras de piedra suelen tener más calidad que muchos de los productos que se venden actualmente. Restaurarlos puede resultar más barato y ofrecer un resultado más bonito que sustituirlos.
  • Cambia la luz antes que las paredes: reemplazar una iluminación fría por focos y lámparas de luz cálida transforma la percepción del espacio por una fracción de lo que costaría una obra.
  • Apuesta por materiales naturales: la madera, el corcho y la piedra envejecen bien y conectan lo antiguo con lo nuevo de manera natural.
  • Libera las paredes con estanterías abiertas: ganarás ligereza y crearás un lugar donde mostrar la vajilla y la cerámica que aportan alma a la cocina.
  • Piensa en la distribución antes que en la estética: la circulación y la organización se resuelven sobre el plano, y es ahí donde se consigue comodidad a largo plazo.

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