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Autores: @Lucía Martín (colaborador de idealista news), @Jone

Una de las cosas que más llama la atención al visitante de la catedral de León son sus vidrieras, simplemente, espectaculares. Y este es solo un ejemplo porque todos conocemos alguna iglesia o catedral con ventanales adornados que cortan la respiración. Y es que el oficio de vidriero es todo un arte, con letras mayúsculas.

No quedan muchos vidrieros en España, al igual que sucede con muchos otros oficios artesanos, aunque haberlos haylos. Encontramos unos en Salamanca que, curiosamente, se formaron en una escuela taller con artesanos de León: hablamos de Opal Vidrieras, un pequeño taller de la ciudad estudiantil que lleva funcionando desde 1992.

Su primer encargo fueron las vidrieras de la iglesia de La Purísima en Salamanca y es que el clero es su principal cliente aunque, como ellos defienden, no se trata de un arte religioso ya que tiene cabida en todo tipo de edificios y también han hecho proyectos para particulares, hoteles, cafeterías, restaurantes…

“Si se trata de un proyecto nuevo hay dos posibilidades, que el cliente traiga dibujado lo que quiere o que lo dibujemos nosotros. Se pinta primero a ordenador y luego a mano, se suele hacer una plantilla o cartón en tamaño natural”, explica Puri Vicente. “Los particulares piden sobre todo motivos florales, pero hay de todo”, añade. El dibujo del cartón nos servirá como plantilla para ir cortando los cristales posteriormente.

El paso siguiente es ir haciendo ese dibujo con los cristales, es simplemente un mosaico de cristales, como un puzle: los vidrios de la calidad que estos artesanos requiere, llegan de Alemania o de Francia, no hay en nuestro país.

Puede que la pieza vaya pintada o no: si es el caso, se pone todo encima de una mesa de luz, similar a los que usan los directores de arte en las revistas y periódicos, y allí se va pintando. Después, se pasan al horno tras lo cual se les vuelve a dar otra mano de pincel. “Después, pasarán otra vez al horno, las veces que sean necesarias”, comenta otro de los socios del taller, Juanmi García.

Para unir todas las piezas de la vidriera, hay dos técnicas: la denominada Tiffany o el plomo. La técnica Tiffany fue ideada por el diseñador Louis Comfort Tiffany y se utiliza cinta de cobre para unir las piezas en vez del plomo. En la técnica Tiffany, el cordón de cobre se pone en el canto de la pieza y se añade el estaño.

En el emplomado, por su parte, se engarzan las piezas (todos estos procesos son manuales) con plomo: “Al ser un material muy blando, te permite adaptarte a las curvas de las piezas. Al final, se sueldan con estaño por ambos lados. Una vez hecho esto, se les pone masilla para fijar la pieza de cristal al plomo”, explica Vicente.

Tras la aplicación de la masilla ya estaría terminada la vidriera: simplemente habría que dejarla enfriar y, finalmente, limpiarla.

¿Cuánto cuesta una vidriera? Evidentemente, depende del dibujo que se requiera y de la superficie. “Una vidriera geométrica, que es de las más sencillas, cuesta unos 300 euros el m2. Hemos notado mucho el bajón de la crisis, estamos cobrando precios de 1997 sin embargo, el precio de los materiales sigue subiendo”, añade Vicente.

Ella está actualmente trabajando en un apóstol, que le llevará unos 15/20 días de trabajo y cuyo precio rondará los 1.200/1.500 euros. Nos cuenta que las vidrieras empiezan a hacerse en el Medievo y que ellos se metieron en este oficio porque les pareció muy novedoso: “Se le dedican muchas horas, no me gustaría que mis hijos se dedicasen a esto, quizás como hobby”, añade.

A pesar de que no le gustaría que sus hijos siguiesen con el oficio, se la ve una enamorada de su trabajo y reconoce que la magia de una vidriera es que consigue transformar la luz que la atraviesa, creando ambientes únicos, difíciles de conseguir de otro modo.

Próximo episodio: Luciano el carpintero

Artículo escrito por Lucía Martín, periodista y colaboradora de idealista/news