El corazón de Madrid acoge, en una enorme caja fuerte bajo tierra, objetos que representan nuestra cultura. Allí, varias veces al año los artistas e intelectuales depositan algo que representa su trabajo, un legado. Puede ser un bombín como el que dejó el cantante Joaquín Sabina, unas maracas de Rubén Blades, un vestido de Ángela Molina, la letra de una canción o, incluso, un poco de tierra del pueblo que vio nacer a Gabriel García Márquez. Estamos hablando de la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, una especie de cápsula del tiempo cultural.