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20 años de La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Calatrava: los expertos opinan

Autor: Cuántico Visual (colaborador de idealista news)

"Somos una sociedad muy pendular. Primero se divinizó y luego se demonizó. Cada vez que se ven noticias de corrupción en Valencia aparecen imágenes de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Ni era divino entonces, ni es maligno ahora". El decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, José María Ezquiaga nada a contracorriente y defiende el complejo cultural y arquitectónico que diseñó Santiago Calatrava. 

La Ciudad de las Artes y las Ciencias cumple 20 años y como cantaba Carlos Gardel hace décadas: ‘veinte años no es nada; febril la mirada, errante en las sombras’. 

Los claroscuros que acompañan a este complejo son muchos. “Lo más discutible es el exceso de inversión y sin tener contraste con la opinión pública”, asegura el decano del COAM. 

Iñaki Romero, socio fundador de la oficina de innovación urbana Paisaje Transversal, va más allá y cree que los sobrecostes fue una práctica habitual en España. “La Ciudad de las Artes y las Ciencias es hija de su tiempo. En la década de los 90 había una ley no escrita en la que se daba por hecho que el proyecto de ejecución básico tenía un tamaño y luego todo eso se iba complicando. La Ciudad de las Artes y las Ciencias quizás es de los que tiene mayor sobrecoste, pero no es el único. Era más que probable que los que comenzaron diciendo que este proyecto iba a costar 300 millones de euros sabían que iba a ser mucho más, pero, quizás, no le convenía electoralmente decirlo. Otra cosa es que tuviera sentido edificarlo”. 

“En esa época, España vivió un efecto Guggenheim y se creyó que los edificios podían ser lo que salvara la imagen, el turismo y la inversión de una ciudad. Se demostró luego que no y se instaló un gran fracaso en muchas urbes. Tenemos varios ejemplos de esto, como la Ciudad de la Cultura en Santiago de Compostela o la Ciudad del Medio Ambiente en Soria que son un despilfarro de dinero y no han llamado la atención de los turistas”, asegura el arquitecto.

El Hemisférico, el punto de partida

La vieja desembocadura del Turia inauguró este complejo arquitectónico a principios de verano de 1998 con la apertura del Hemisférico. Se instalaba en la ciudad el estilo Calatrava. Una imagen futurista, muy homogénea, sin apenas naturaleza alrededor con edificios muy llamativos y separados de su entorno. 

“Creo que es un proyecto muy de oficina, aterrizado sin tener en cuenta los barrios colindantes. Fue decidido por tres señores sin contar con el resto de fuerzas culturales de la ciudad. Una colaboración más colectiva hubiera creado edificios más adaptados a las necesidades de Valencia”, afirma Romero. El arquitecto cree que el proyecto debía de haberse adaptado más a un concepto fluvial con suelos permeables y no una enorme placa de hormigón. 
Para José María Ezquiaga, “la arquitectura es tanto mejor cuando responde a una necesidad, no cuando se la inventa.  Durante esta etapa del boom inmobiliario se le pidió al arquitecto que inventara la necesidad y es la sociedad la que se la tiene que inventar y el arquitecto dar una respuesta, óptima y austera. Seguramente cuando empezamos a ver dónde fallaron las cosas en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, faltó la idea de entender la necesidad. ¿Para qué lo queremos? ¿Es un artefacto educativo? ¿Lo queremos para formar los niños? ¿Cómo lo organizamos?”.

El decano del COAM cree que la historia de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia no está acabada. “Aparecerán nuevos edificios, se reutilizarán algunos otros y quedará como un legado referente. Eso sí tenemos que entender que no es algo congelado en el tiempo, no es una pirámide en el desierto de El Cairo. Es una parte viva de la ciudad que tendrá que reinventarse”, pronostica Ezquiaga.