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Situada en Austin (Texas), la Stealth House se presenta como un volumen hermético revestido íntegramente de acero cortén, sin una sola ventana hacia el exterior.
Stealth House Leonid Furmansky

Las viviendas sin ventanas exteriores suelen asociarse a espacios oscuros, cerrados o incluso hostiles. Sin embargo, existen ejemplos a lo largo de la historia que nos demuestras que esto no siempre ha sido así. Hablamos de las domus romanas o los riads del norte de África, los cuales han demostrado que la ausencia de ventanas hacia la calle no implica renunciar a la luz y a la ventilación.

La razón de ser de estas viviendas sin ventanas es priorizar la intimidad y la seguridad, el control climático y la vida interior, por lo que en ambientes urbanos densos, esta tipología vuelve a cobrar sentido.

La entrada viene marcada por un mosaico de azulejos verdes protegido por un discreto toldo metálico.
Entrada Leonid Furmansky

Una casa sin ventanas

En Austin, Texas, se ha llevado a cabo la llamada Stealth House, una vivienda accesoria construida en una parcela estrecha y sin cualidades paisajísticas. Diseñada y habitada por el arquitecto Scott Specht, fundador del estudio Specht Novak, la casa ocupa casi por completo los 325 metros cuadrados del solar y se presenta como un volumen hermético revestido íntegramente de acero cortén, sin una sola ventana hacia el exterior.

El acceso se realiza a través de un callejón de grava, reforzando la sensación de aislamiento respecto a su entorno. Curiosamente, esta condición fue el punto de partida conceptual del proyecto. Al no existir vistas atractivas ni una relación directa con la calle, el arquitecto optó por orientar la vivienda completamente hacia el interior, recuperando el modelo de las casas con patio.

El interior de la casa se articula en torno al patio principal donde se encuentra un olivo, convirtiéndose en el centro emocional de la vivienda.
Olivo Leonid Furmansky

“Al orientarla hacia el interior, no solo podemos recuperar solares urbanos infrautilizados, sino también crear un santuario donde la luz natural, el paisaje y la autosuficiencia coexisten en armonía”, explicó el arquitecto, aludiendo a las demandas actuales de privacidad, seguridad y sostenibilidad en entornos urbanos consolidados.

La casa, de una sola planta y 120 metros cuadrados, se organiza como una caja compacta perforada por dos patios interiores. Estos vacíos introducen luz natural, ventilación cruzada y espacios exteriores privados que hacen que la vivienda se perciba más amplia de lo que realmente es.

Para el arquitecto, “la eliminación de las ventanas perimetrales fue una decisión deliberada para redefinir la forma en que una vivienda interactúa con su entorno. Este enfoque hacia el interior no solo garantiza una privacidad y una separación acústica totales, sino que también concentra la energía del diseño en la creación de esos patios como vibrantes salas de estar bajo el cielo”.

El interior de Stealth House se articula en torno al patio principal, al que se orientan la cocina y la sala de estar.
Orientación al patio central Leonid Furmansky

Patios como epicentro

El interior de Stealth House se articula en torno al patio principal, al que se orientan la cocina y la sala de estar. En este espacio exterior se ubica un olivo que proyecta sombras sobre las superficies de acero y vidrio, convirtiéndose en el centro emocional de la vivienda

La entrada viene marcada por un mosaico de azulejos verdes protegido por un discreto toldo metálico donde se percibe de inmediato la transición entre el exterior áspero y el interior contenido.

En el interior se combinan azulejos de vidrio Bisazza, revestimientos de fibra de madera y suelos de roble nudoso.
Cocina Leonid Furmansky

Los materiales refuerzan esta dualidad; por una parte, el acero cortén corrugado, envejecido de forma natural, que envuelve el conjunto con una imagen robusta y silenciosa, mientras que en el interior se combinan azulejos de vidrio Bisazza, revestimientos de fibra de madera y suelos de roble nudoso. Estos acabados dialogan con la vegetación de los patios y con el tono cálido del metal visible a través de los cerramientos acristalados.

Todas las estancias, incluidos los dos dormitorios situados en extremos opuestos y los dos baños, se abren a los patios mediante grandes paños de vidrio sin marco.
Dormitorios Leonid Furmansky

Todas las estancias, incluidos los dos dormitorios situados en extremos opuestos y los dos baños, se abren a los patios mediante grandes paños de vidrio sin marco. Esta disposición genera una secuencia continua entre espacios cerrados y abiertos, eliminando la sensación de encierro que podría asociarse a una casa sin ventanas exteriores.

Al hacerlo así, explica el arquitecto, “la planta de la vivienda se vuelve sencilla, pero rica en experiencias. Cada habitación pasa sin fisuras de la solidez cerrada al paisaje abierto, creando un flujo y reflujo dinámico que una fachada tradicional con ventanas nunca podría lograr”.

El baño juega con muros y cristales para eludir la necesidad de puertas.
Baño Leonid Furmansky

Más allá de lo espacial, la vivienda integra estrategias pasivas y activas para reducir su impacto ambiental. La ausencia de ventanas exteriores minimiza la ganancia térmica no deseada, mientras que los patios permiten iluminar y ventilar naturalmente todos los espacios. Un sistema fotovoltaico con batería de respaldo cubre el 84 % de la demanda eléctrica anual, y el agua de lluvia recogida en la cubierta se reutiliza para el riego de los patios.

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