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"Los amigos para la vida personal, en los negocios hay que ser realista"

mikel echavarren, consejero delegado de irea
Autor: mikel echavarren - irea

Artículo escrito por mikel echavarren, consejero delegado de
Irea

Es posible que nos hayamos convertido en unos descreídos, de tanto bregar con la crisis y con situaciones límite de nuestros clientes. La experiencia adquirida en la restructuración de 80 grupos empresariales nos permite anticipar situaciones problemáticas de nuestros clientes, pero también incrementa nuestro escepticismo ante situaciones en las que todavía esperan un trato preferente o una ayuda de determinadas entidades financieras

Muchos empresarios siguen considerando que las buenas relaciones con sus entidades financieras acreedoras son un valor estratégico que deben preservar a toda costa. Esta posición es comprensible tras muchos años de relación, de apoyo financiero y de convivencia con sus profesionales. Nosotros también estamos convencidos de la importancia de mantener esas buenas relaciones mientras se pueda, pero desgraciadamente no a toda costa

Nos hemos encontrado en numerosas ocasiones con empresarios que han tratado de mantener una relación no conflictiva con los mismos interlocutores de sus bancos y cajas de referencia, a costa de disminuir dramáticamente su liquidez, de dilapidar sus garantías reales y de incrementar sus costes financieros hasta niveles irracionales. Adicionalmente, se han otorgado garantías personales de los accionistas, se han refinanciado derivados cuyas condiciones y sentido económico clamaban al cielo, y se han cruzado deudas y activos entre sociedades, muchas veces con el objetivo de mantener una ficción, la buena relación con las entidades financieras en una situación de crisis

La triste conclusión que sacamos de estas experiencias es que cuanto mejor intencionado ha sido el empresario, cuanto más “cumplidor” ha sido con las entidades financieras, menos probabilidades tiene de salvar su empresa y su patrimonio personal. No abogamos por los beneficios de comportarse como “malas personas”, sino más bien por hacerlo de forma desapasionada y pragmática

Casi todas las promesas realizadas durante la crisis se las ha llevado el viento. Cuando los interlocutores de las entidades financieras cambian, cuando éstas se fusionan o desaparecen, sólo permanecen las hipotecas y las garantías personales

En Arthur Andersen trataron de inculcarnos un “escepticismo saludable” ante los negocios, las cuentas y los cuentos. Más que nunca este valor del escepticismo a ultranza debería aplicarse al confrontar sacrificios reales de los empresarios frente a promesas de apoyo futuras que se las suele llevar el viento. El valor de la amistad es un principio fundamental en nuestras vidas, pero desgraciadamente, en las relaciones financieras y en épocas como la actual, debe acompañarse por mayores dosis de realismo y de defensa a ultranza de la viabilidad de los negocios

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