Información sobre vivienda y economía

Cómo organizarse para que una reforma doméstica no se convierta en un infierno

en una reforma hay que tenerlo todo planificado para evitar que te suceda como a los protagonistas de 'esta casa es una ruina'
Autor: Redacción

Si estás pensado en hacer una pequeña remodelación en casa, antes de nada desempolva de la estantería el DVD de la película ‘esta casa es una ruina’ y prepárate para que durante 90 minutos pasen por delante de tus ojos todo tipo de cosas que pueden ir mal durante una reforma doméstica

Una vez que hayas reído –o llorado– con lo que te puede suceder, ya estás listo para empezar a preparar la obra. En primer lugar es fundamental que te armes de paciencia porque, por muy pequeña que sea la reforma, vas a pasar unas semanas rodeado de polvo, ruido y desorden

Para evitar males mayores es importante tener planeado al milímetro qué se hará y en qué plazos, además de detallar todo en el presupuesto. Por eso te contamos las siete cosas que tienes que tener en cuenta para que tu reforma no se convierta en una pesadilla:

1.- pensar muy bien en todos los detalles

¿Reformo solo el baño o, ya que hago una obra en casa, aprovecho para hacer más cambios? ¿pinto también? es importante que tengas claro el alcance de la reforma, los colores y los materiales. Tomar decisiones sobre la marcha no suele terminar bien

2.- pedir presupuesto

Es una cantinela que siempre aparece pero que casi nadie hace caso: pide más de un presupuesto, evita profesionales no acreditados –aunque sean muy baratos– y cuando te den un presupuesto definitivo, que sea por escrito y sellado, esa es la única manera de evitar que la obra se encarezca

3.- personal

Hay que saber con todo detalle qué profesionales estarán en nuestra obra, cuántos y de qué gremios. También hay que estar al tanto de sus horarios, si se trabajará el fin de semana, etc. conviene no molestar a los profesionales durante su trabajo, pero sí vigilar qué y cómo se hace

4.- el papeleo

Antes de hacer una reforma hay que solicitar diversos permisos y licencias al ayuntamiento. Los permisos varían según el tipo de obra. Hay que acudir al ayuntamiento para informarse sobre cuál solicitar y cuánto hay que pagar por él

Otra cuestión importante es conocer si hay subvenciones o ayudas para reformar la casa. A veces está en una zona histórica, o bien se trata de adaptar el piso a una persona con discapacidad. En estos casos hay ayudas, que casi siempre dependen de las comunidades autónomas o los ayuntamientos

5.- puesta a punto

Antes de que lleguen los operarios hay que guardar objetos y muebles que se puedan dañar. A veces, un trastero de alquiler puede ser la mejor solución para guardar estos objetos mientras duren las obras

Una vez están los trabajadores en casa, los Marcos de las puertas se cubren con cartón, otras áreas con plástico, y suelos y escaleras con papel. Si alguna habitación no se tocará, se puede sellar

6. El momento de pagar

Hay una máxima que nunca debe dejar de observarse: hasta que la obra no haya acabado y todo haya quedado perfecto y conforme a lo pactado, no hay que pagar. Si el resultado no es el acordado, se puede retener a la empresa un 10% del importe de la factura hasta que la reforma quede perfecta

Se aconseja adelantar un 30% del total al empezar y exigir que el cobro incluya siempre el iva. Si su renta es de menos de 50.000 euros anuales, se puede desgravar el coste de las obras

Como es habitual que estos trabajos sean largos, y a veces hay imprevistos, es muy importante haber incluido una cláusula de penalización. Tiene que estar contemplada en el presupuesto, con los tiempos de finalización de la obra. Una recomendación es penalizar cada día de retraso, por ejemplo, con 60 euros

7.- molestar lo menos posible a los vecinos

No hay que olvidar poner la obra en conocimiento de la comunidad de propietarios. Además, si la reforma afecta a zonas comunes o terrazas, puede que sea necesaria una aprobación unánime por parte de los vecinos

Respecto a la fecha idónea para acometer la obra, conviene saber que en Otoño e invierno se producen menos molestias a los vecinos, al estar más tiempo cerradas las ventanas, que amortiguan los ruidos y el polvo