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Tu dedo, el móvil, el flash de tu cámara... ¿Qué llave mantendrá a los ladrones lejos de tu hogar inteligente?

Flickr/Creative commons
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Autor: Hoja de Router (colaborador de idealista news)

La de casa, la del portal, la del buzón, la del coche, la del garaje, la de la oficina... llevar menos de seis llaves encima es casi una utopía. Pesan, se pierden, te las pueden robar y un maleante podría copiarlas con una impresora 3D en menos que canta un gallo. Ya está. Se acabó. Esos futuros hogares inteligentes llenos de electrodomésticos más listos que nosotros no pueden abrirse con algo tan vetusto y mundano como una llave física. 

Ha llegado la hora de plantear alternativas. Y no son pocas las vías por las que ya se avanza hacia el futuro del control de accesos: tecnologías basadas en radiofrecuencia (Bluetooth, NFC...), biometría (escáner de huella dactilar o de iris, reconocimiento facial, de voz, de firma...) y hasta fotónica: el flash de tu móvil mandando señales luminosas al cerrojo.

También son muchas, sin embargo, las preguntas del (negocio del) millón: ¿Cuál será la llave del futuro? ¿Los ladrones tendrán que picar código para desvalijar nuestras casas? ¿Podremos dormir tranquilos si no somos informáticos? Que no cunda el pánico. Está todo controlado.

Nuestro cuerpo, la llave más probable 

Es fundamentalmente una cuestión de comodidad: si algo llevamos siempre encima es nuestro cuerpo. Podrás olvidar las llaves, el móvil se podrá quedar sin batería, pero tu esqueleto y su envoltorio Irán contigo a todas partes. Por eso, entre otras cosas, los sistemas basados en biometría tienen muchas papeletas para convertirse en las cerraduras del futuro.

Y eso, ¿En qué consiste? “En el uso de algún rasgo corporal, físico o del comportamiento para identificarnos”. Así de sencillo. Quien contesta es Julián Fiérrez, profesor titular de la Universidad Autónoma de Madrid, experto en este tipo de tecnologías. Tal como nos cuenta este investigador, a día de hoy, “las que tienen mayor despliegue comercial son la huella, el iris y la cara”. 

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Hay otras, aún minoritarias de cara al mercado, “como el reconocimiento de locutor a través de la voz o el reconocimiento de firma”. También nuestra forma particular de teclear, los patrones de movimiento del ratón, el ritmo cardíaco, el nivel de sudoración... “muchas señales corporales se están investigando en este sentido”, afirma Fiérrez.

Evidentemente, no todos estos sistemas tienen potencial para ser 'llaves' de nuestra futura casa inteligente. De hecho, lo más probable es que varios acaben coexistiendo con distintos fines, incluso combinados con protocolos de comunicación ampliamente extendidos como el Bluetooth o el NFC. “Para acceder al hogar quizá pongamos nuestra huella dactilar o nuestro iris en un sistema que sea cómodo, que no requiera contacto con ningún sensor, y que eso se combine con NFC”.

En cualquier caso, y retomando la cuestión de la seguridad, Fiérrez admite que “la biometría tampoco es la panacea”. Sin ir más lejos, el lector de huella dactilar que incorporan los últimos modelos de iPhone, conocido como Touch ID, ya es vulnerable a ciertos ataques. “Si un impostor o un ladrón tiene los recursos necesarios y la motivación, puede hacer una réplica de tu dedo si encuentra una huella latente. Y si tu casa tiene un valor suficiente para que merezca la pena, podría generar una réplica y ciertos sensores de huella dactilar se ha demostrado que se pueden vulnerar”.

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Han visto la luz, pero nadie quiere andar hacia ella

Hay otra alternativa con tintes futuristas que, a priori, tiene todo lo que hay que tener para convertirse en el cerrojo de una casa. Es cómoda y sencilla para el usuario - solo necesita un móvil para utilizarla -, es barata y ofrece un nivel de seguridad mayor que otros sistemas. Hablamos de
Soluciones basadas en fotónica como la que ofrece la 'startup' española Lightbee
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La escena es la siguiente. Llegas a tu casa, sacas el móvil, lo acercas a la cerradura, apuntas con el flash de la cámara al receptor e introduces tu contraseña en una aplicación. El teléfono comienza entonces a emitir señales luminosas (es un protocolo de comunicación perfectamente reglado y la información puede viajar cifrada) y la puerta se abre. De cara al usuario, no hay mucho más.

Gloria Eisman, fundadora y CEO de Lightbee, desgrana las razones por las que, a su juicio, la fotónica es la tecnología más segura para reemplazar a las tradicionales llaves. “Hay una primera barrera en esta tecnología que es la física”, explica. “La frecuencia de modulación de los datos es tan alta que no existe ahora mismo dispositivo capaz de copiarlos”. 

Además, la unidad inteligente se sitúa en el interior de la vivienda. La cerradura tan solo es un receptor que envía los datos por un cable. Si un delincuente tratara de sustituir el equipo por uno concebido para robar las claves, tendría no solo que colocar un sensor en la cerradura, sino también una unidad inteligente capaz de procesar los datos para decidir si se abre o no la puerta. Altamente improbable a día de hoy. 

Poderoso caballero es Don Dinero

Si soluciones con tan buena pinta como estas suenan todavía un poco a ciencia ficción no es porque estén en pañales. Más bien se trata de un asunto de negocios. Los gigantes de la tecnología han invertido grandes sumas en tecnologías como Bluetooth y NFC, que todavía no están amortizadas, y por eso retrasan la inclusión en sus productos de tecnologías más cómodas y seguras como la biometría o la fotónica.

La creadora de Lightbee lo ha sufrido en sus propias carnes. “Nosotros hemos contactado con fabricantes americanos, canadienses... les encanta, pero uno me fue sincero, me dijo la verdad: 'mira, llevamos dos años y hemos invertido un dineral en meterle Bluetooth. El tuyo es muchísimo mejor que el mío, pero yo tengo que vender primero Bluetooth. Tengo que amortizar lo que me he gastado”. No serán palabras textuales, pero revelan las entrañas del sector tecnológico y nos recuerdan que, al final, las empresas tienen que ganar dinero.

¿Cuál será entonces la llave del futuro? Hay tantos factores a tener en cuenta que aventurarse a predecirlo resulta temerario. Parte de la decisión estará en manos del cliente, por supuesto, pero no siempre van a darle la razón. Los intereses comerciales de las tecnológicas tendrán mucho que decir en todo esto. 

¿Podrán los ladrones desvalijar mi casa? Probablemente sí. Puede que les cueste más esfuerzo si la 'llave' es más segura, pero la triste realidad es que lo acabarán logrando. El mañAna seguirá siendo una carrera entre los buenos y los malos. Tú y tus pertenencias seguiréis siendo los trofeos.