Malta es una de las islas más turísticas del Mediterráneo. Sobre todo en un turismo relacionado con estancias para alumnado que desea aprender el idioma y en un turismo de playas y fiestas. Como ha solido ocurrir en otros ejemplos con un turismo semejante, la arquitectura vernácula se ha visto considerablemente reducida y, en ciertos lugares, desaparecida, por la construcción de nuevas viviendas.
En consecuencia, profesionales y colectivos han querido recuperar la arquitectura característica y tradicional de la isla con unos toques minimalistas y con un lenguaje contemporáneo. Uno de estos ejemplos de viviendas modernas con estética histórica es la llamada casa Twentyfour.
Materiales terrosos y minimalistas
La vivienda minimalista entre medianeras Twentyfour se sitúa en la ciudad malteña de Rabat. Se trata de un proyecto realizado por el estudio local 3DM Architecture que combina volúmenes arqueados con una paleta de materiales sencilla, que recuerda a la estética de las casas tradicionales de la isla.
Maurizio Ascione, cofundador del estudio, lo explica de esta manera: “El punto de partida de este proyecto fue casi la autoconciencia de que teníamos un estudio, de que Malta ha perdido su identidad arquitectónica en las últimas décadas y de cómo se podría revivir”.
Bajo este concepto, 3DM Arquitecture buscó una paleta de materiales mínima para todo el diseño y con tonalidades terrosas, lo cual crea espacios monocromáticos con una clara influencia y homenaje a los colores naturales de las piedras locales. A ello se aplicaron los principios minimalistas, es decir, se eliminó todo lo necesario, incluido el color, creando un espacio sereno e íntimo. La esencia de la vivienda se encuentra en las formas, los materiales, las texturas, la luz y las sombras.
Arquitectura tradicional y estética moderna
La fachada de la casa cuenta con una serie de formas donde se ubican las distintas aberturas. Éstas también cuentan con una clara influencia de la arquitectura vernácula de Malta.
Por un lado, se encuentran las ventanas muy estrechas y verticales y, por otro, la portada principal situada bajo dos arcos de medio punto tradicionales de la zona con la puerta retranqueada de la pared, creando un pequeño atrio de entrada. “Esta síntesis entre arquitectura tradicional maltesa y estética moderna no se limita al exterior, sino que impregna todos los aspectos de la residencia”, explica el estudio.
Desde la entrada se accede al vestíbulo de la vivienda y, desde éste, se llega a un espacio abierto donde se sitúan la cocina, el salón y el comedor. Todo este gran espacio ocupa toda la planta baja. Sus acabados son de mármoles en el suelo y una textura rugosa en paredes y techos. El mobiliario es neutro, con armarios empotrados y una isla en la cocina.
Asimismo, el sofá ligeramente curvado y una mesa con tres soportes esféricos de mármol, recuerdan las formas tradicionales del diseño de la isla. Mención aparte merece la solución empleada en los techos, con ondulaciones y arcos rebajados que aparecen en buena parte de las estancias y que son una clara alusión a las conocidas como “casas de carácter”, típicas de la isla.
En un costado de este espacio diáfano y abierto, en el lado opuesto al vestíbulo, se encuentra la escalera principal. Cuenta con peldaños escalonados y una balaustrada suavemente curvada. El hueco de la escalera se corona mediante una claraboya circular. En las dos plantas superiores, se diseñaron unos espacios luminosos y oscuros con los que jugar con la luz natural. La paleta de materiales empleado en la planta inferior continúa en las siguientes, pero revocando las paredes con cal hidráulica y superficies de mármol travertino.
En la primera planta hay tres dormitorios y dos cuartos de baño. En la segunda, se encuentra un estudio de arte con tonos neutros que bordea una esbelta escalera que conduce a la terraza exterior. Desde la terraza, una escalera exterior da a la azotea de la casa. En la parte inferior de la casa, el sótano, se ubica una piscina cubierta tipo cueva y una sauna.
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